Aunque desde marzo pesa una orden de arresto contra el presidente sudanés Omar al-Bashir por crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra en Darfur, lo cierto es que Bashir campa a sus anchas en su país. De hecho, muchos países hacen oídos sordos a la orden del Tribunal Penal Internacional y la mayoría musulmana del país defiende a su líder.