13/02/2011 05:20 Leer artículo completo en
El País
Lo que más llama la atención de la escalera de Palladio, observada desde el último piso, es que la caracola parece zambullirse en el fondo marino: la alfombra roja, bastante gastada, desciende en una espiral vertiginosa, como arrastrando a los eventuales huéspedes del castillo hacia el pozo sin fondo. Pese a la suntuosidad palladiana el efecto es inquietante, adecuado a la atmósfera turbadora del entero castillo de Duino, una fortaleza volcada sobre el Adriático a una treintena de kilómetros de Trieste.