No quedan lejos en España, al parecer, los tiempos en que al varón fino y sensible se le tildaba de "marica". Ya en la escuela, los niños renuentes al pasatiempo de matar pajarillos a pedradas eran escarnecidos hasta el tormento por los valentones de la clase, y en la calle el atildado y el pulcro dejaban un sospechoso rastro afeminado.