El año pasado a estas alturas nadie dudaba: Alexander Rybak tenía tatuado en su violín medio noruego medio bielorruso el título de ganador y horas más tarde batía el récord de puntos conseguidos (387) en la historia del Festival de Eurovisión. Sin embargo, este año las cábalas son mucho más complicadas. Quizá no hay una canción tan buena o quizá son muchas las que podrían engrosar la lista de clásicos de este género de canción ligera y pegadiza.