sábado, 11/02/2012 - 04:23 h
Antonio Altarriba y Kim se han llevado los máximos premios del Salón del Cómic de Barcelona con 'El arte de volar'.
“Que hable él que es profesor” dijo Kim, el dibujante al que muchos recordarán por su personaje Martínez el Facha, cuando subió al escenario en el que se entregaban los premios del Salón del Cómic de Barcelona. Era la segunda vez que Kim subía esa noche, acababa de recoger el premio al Mejor Dibujo y lo mismo le pasaba a “él”, que ya había formulado sus agradecimientos al recoger el premio al Mejor Guión.
Pero además del reconocimiento al dibujo y al guión, El arte de volar tenía reservado el premio gordo, a la Mejor Obra. Kim le cedió la palabra porque, aunque los lápices son suyos, la historia, el ajuste de cuentas, el legado familiar, pertenecen a ese hombre que viste de negro y tiene hablar pausado y claro, quizá porque es profesor, y se llama Antonio Altarriba, como su padre, a quien dedicó este premio.
Han pasado cuatro días desde la gala y Altarriba se ha quedado estancado en Barcelona por culpa de la nube de ceniza, por lo que vuelve, tarde, lento y en tren a Vitoria, donde vive. Dijo Manuel Rivas que mucho hablamos de lo que la nube del volcán nos quita –vuelos, celeridad, puntualidad- pero no de lo que nos da –trenes, calma, tiempo para hablar, pensar y leer- y es precisamente gracias al Eyjafjalla que Antonio tiene una mañana por delante para conversar sobre el arte de volar.
Al Salón los autores van a vender, o a venderse, a quedar con los viejos amigos, o a hacer amigos nuevos. La repetición de stands, firmas, presentaciones y premios lo convierten en un evento aburrido, cuadriculado, sin lugar para la sorpresa, sólo para el reencuentro.
Altarriba, que tiene 58 años, llevaba más de quince sin pisar el Salón, “no te exagero”, me dice al teléfono, desde el tren, entre túnel y túnel. Los diez primeros años, entre 1981 y 91, no se perdió ni uno, representando Altarriba un papel “entre el fanzineroso y el autor que intenta encontrar un lugar para sus historias”.
Esos rollos tan pesados
El autor, que además de guionista de cómic y divulgador también es novelista, lleva en esto del tebeo más de 30 años, enganchándose en Francia a principios de los 70, gracias a la renovación que se vive allí con autores como Moebius o Tardi –ambos presentes en el Salón de este año- y da su primer paso académico con una tesis leída en 1981. Pero se acaba alejando del entorno del Salón porque “quizás era muy exigente para la época, desde un punto de vista cultural, porque yo provenía de la universidad e intentaba aportar un sustento académico, que me parecía muy necesario para establecer un discurso teórico en un medio muy rico en posibilidades expresivas y esto, quizá, en aquellos años 80, no calaba ni en los medios, que veían el cómic como un lugar para los chistes, ni en el propio medio, que se preguntaba quién es este tío que viene con esos rollos tan pesados y académicos y por eso no acabé de encontrar mi sitio”.
Aún hoy, a pesar de tanto premio nacional y tanto auge de la novela gráfica, sigue sin existir un sustrato crítico en el mundo de la historieta. “Los esfuerzos son escasos, descoordinados y con tendencia a caer en el olvido”, remarca el escritor.
A pesar de ello, la inusitada relevancia que están alcanzado cómics serios, importantes, que reflexionan sobre nuestro papel en la familia, en la memoria y en la sociedad reciente y actual como son El arte de volar, Arrugas o María y yo, nos reclaman una crítica crítica, y no una crítica reseñista.
Para Altarriba, esta novela gráfica que se realiza ahora en España es coherente con “el origen fuertemente social del cómic a finales del XVIII y principios del XIX, un precedente del cómic arraigado a la crítica social y política muy comprometida”. Es poco conocido que, “en la redacción de los periódicos satíricos franceses existía una sala donde los periodistas caricaturistas se entrenaban con un maestro de armas para los duelos” que irremediablemente traían consigo “las denuncias de la época, que dejaban a la altura del barro a las de hoy”.
Fin de la evasión
La facilidad de la imagen dibujada no solo para “fidelizar la realidad” sino también para distorsionarla como “reflejo ácido de lo que nos rodea” conlleva el auge de la caricatura. Pero, a finales del XIX, la expansión del moralismo burgués en toda Europa “hace que los relatos gráficos se incorporen como instrumento didáctico para los niños”, por lo que se establece una vinculación entre moral y tebeo que nos ha ocupado 70 años. 70 años de los casi 200 que tiene el cómic, en el que éste se limitaba a lo infantil, la aventura, la evasión. Ese uso de la historieta llega hasta los años 70, a partir de ahí, “el cómic recupera la conciencia autoral y, con ella, la voluntad de expresión personal”. “La riqueza de esos recursos expresivos –subraya Altarriba- para contar los propios avatares personales se ha redescubierto hoy en día”.
Y, así, llegamos a El arte de volar, Premio Nacional de Cómic de Cataluña, ganadora de tres premios del Salón y escogida por Santiago García en este reportaje como una de las cinco obras que hay que leer para entender la novela gráfica. En ella, Altarriba se personifica en su padre, que se crió en la dureza del campo, vivió la República y peleó con los anarquistas franceses –la Centuria Francia, compuesta por emigrantes españoles- en el bando republicano. “Yo siempre miré las experiencias autobiográficas de una manera escéptica, eso de contarse uno mismo, pues no sé, o tienes algo muy importante que decir o se vuelve una parodia de un exceso ombliguista y aburrida, una épica de lo banal que no aporta mucho”, explica. “En El arte de volar lo autobiográfico se matiza porque cuento la vida de mi padre, que es también la mía porque me la apropio y porque he entendido, sobre todo escribiendo este libro, que muchas de las cosas que yo soy han sido consecuencia de las decisiones que mi padre tomó incluso cuando yo no existía: estoy convencido de que si yo doy clases de literatura francesa en una universidad del País Vasco es porque en un día frío del 37 mi padre tomó la decisión a vida o muerte de pasarse del bando nacional al bando republicano”.
Detrás del suicidio
“Lo que tiene más de autobiográfico esta historia –revela Antonio Altarriba- es algo que no aparece en ella y es lo que supuso para mí como exorcismo de una serie de fantasmas y de angustias de las que no lograba salir desde que en 2001 se suicidara mi padre”. “Si mi padre, a la edad de 90 años, toma la decisión de tirarse por la ventana de la cuarta planta de la residencia de ancianos, toda una vida de ilusiones frustradas, tentativas que no llegan a cumplirse, han de estar detrás de esa decisión y eso es lo que yo me puse a explorar”.
Al comenzar a escribirla Antonio estaba convencido de que aquello era “un ejercicio de terapia personal porque nadie dibujaría ni publicaría una historia tan larga, personal y compleja como la que estaba haciendo”, pero la buena suerte, “en la que me da la impresión de que mi padre ha tenido algo que ver” le llevó no sólo a que Edicions de Ponent la publicara, cinco años después de haberla escrito, sino que además tuviera un gran éxito.
“Mi padre de alguna manera sigue vivo –concluye Altarriba- pero esa presencia paterna que yo notaba de manera muy intensa y dolorosa cuando empecé el guión, se ha hecho una compañía mucho más agradable, sigo viajando con papá, sigo llevándolo porque hablo de él en las presentaciones, hablo de él en las entrevistas pero me da la impresión de que él está más contento, que esta notoriedad, que para él hubiera sido insólita porque era un hombre muy discreto, le devuelve la dignidad de su trayectoria y pone en evidencia lo que vivieron muchas generaciones en España y fuera de ella”.
Desglose del presupuesto otorgado a la Casa Real.
Un rinoceronte de cartón intenta escapar del zoo.
El equipo del presidente lanza una lista en Spotify.
Los conductores empiezan a prescindir del coche
Han dejado al menos 70 muertos y 300 heridos
Vídeotest sobre legalidad en redes sociales.
Las palabras más dichas sobre #urdangarin en la red social.
Florian "Venom" Kohler ha reinventado el billar artístico
Existió el 'director de paja' para asumir sentencias.
Siguenos también en: Facebook Twitter Flickr Google News Youtube iPhone iPad Android
Copyright © la información Todos los derechos reservados