jueves, 23/02/2012 - 14:32 h
'Arrugas' es una historia sobre la vejez. Un cómic de Paco Roca que da el salto al cine con una historia centrada en el respeto, la realidad tal y como es y que evita los juicios morales. Una película de animación tradicional que llega hoy a los cines avalada por la crítica y con dos nominaciones a los Goya bajo el brazo.
Hace ya cuatro años, en 2008, Paco Roca se alzó con el Premio Nacional del Cómic gracias a su novela gráfica Arrugas. Desde entonces ha entrado en una espiral de publicidad y reconocimiento vertiginosa que se acentuó con la puesta en marcha de la adaptación de su historia al cine. La vejez, como él mismo reconoce, no es un tema que se trate mucho en el mundo del cómic, la literatura y el cine y ahí es donde reside el gran atractivo de Arrugas. En eso y en el buen gusto con el que se cuenta la historia de un anciano enfermo de Alzheimer. Sin sensiblerías y con mucho respeto. Así son en el cómic y la película, nominada a dos Goya (Mejor Película de Animación y Mejor Guión Adaptado) y que hoy llega a los cines.
La sensación leyendo el cómic y viendo la película es que te están dando una bofetada de realidad.
En cierta forma es de lo que se trataba, de hacer una historia que fuese real y que no cayese en los tópicos que muchas veces vemos en otras historias sobre la vejez. Sobre todo porque los ancianos suelen ser personajes secundarios. Casi que nunca se habla realmente de la vejez. Lo que quería hacer con Arrugas precisamente era hablar de la vejez como único tema, no hay personajes jóvenes. Hay infinidad de vejeces, tantas como personas, y aquí hablamos de una en concreto, que es la de las residencias de ancianos. Si no un bofetón, sí es la realidad de lo que pasa.
Llama la atención la forma de acercarse a un tema tan poco común. Sin juicios morales y sin caer en el maniqueísmo.
Lo que no quería hacer e Ignacio [el director] tampoco lo ha hecho con la película es juzgar. Era fácil caer en la sensiblería. Había que encontrarle un optimismo al tema. Las cosas eran duras, de hecho hay muchas que dejé fuera porque no venían al caso y hubiesen sido excesivamente duras. Entonces, consistía en mantener las justas para mostrar como era la realidad pero al mismo tiempo que tuviera ese punto optimista con el humor. La vejez es un tema del que no queremos saber nada, hay muy pocas historias que traten la vejez como tema principal en el cine, el cómic o la literatura. Dentro de que vamos a tratar un tema que el lector no quiere leer, vamos a hacerlo que sea más o menos agradable. El humor es importante, la fantasía es importante y sobre todo ese punto optimista.
Por mucho que sea un tema que a priori no interese, lo cierto es que si el cómic cae en tus manos lo lees del tirón.
Es que al final es lo que tiene la ficción. Tienes que lograr empatía, da igual que sea una novela, un libro, un cómic o una película sobre un niño en un barrio marginal de la India, un soldado en Irak o un romano en la legión del César. Sientes empatía hacia ese personaje. Entonces, ¿por qué no con una persona mayor que es alguien más cercano? El tema era eso, buscar la empatía con esos personajes. Una vez que lo consigues y te metes en su piel, todo es mucho más sencillo.
Quizá el hecho de que la película sea de animación ayude también a sentir cierta empatía hacia los personajes, ¿os planteasteis hacerla en acción real?
Hubo algunas propuestas antes de esta para hacerla con imagen real, pero la verdad es que nunca lo vi porque yo vengo del dibujo y creo que la animación está bien. Y también por lo que tú dices, porque con un actor hubiese sido más duro. Además, al ver la cara de una persona nos hubiésemos estado fijando más en su fisonomía, en sus arrugas, en determinadas cosas… Sin embargo, con el dibujo vas a la síntesis. Es un anciano y punto. No es tal actor haciendo este papel, sino que es un anciano que puede ser nuestro padre, nuestro abuelo o un conocido. El dibujo cubre la función de ser un anciano y además te permite contar las cosas como si fuese un actor.
Arrugas está tan anclada a la realidad que es fácil reconocer situaciones y frases, como la de “estoy aquí porque no quiero molestar a mi familia”.
Sí, es una frase que mi madre dice mucho. Son tópicos, pero que pasan en todas las etapas de la vida. Cuando eres crío hay frases que se repiten, cuando eres adolescente también. Digamos que cada edad tiene una forma. La vejez, también. Una vez que lo ves te das cuenta de que hay muchas cosas que se repiten. Ese no querer molestar a la familia, la soledad, ciertas poses como las manos detrás, determinados tics… No es que todas las personas mayores sean iguales, pero sí te das cuenta de que hay determinados patrones que se repiten.
¿Te inspiraste en personajes reales, verdad?
Me ayudó mucho el tener personajes reales en los que inspirarme. Para todo. Para la forma de moverse, de actuar… Por ejemplo, el personaje de Antonia es mi madre, que se llama también así. Mientras lo estaba haciendo pensaba en ella. Mi madre es de esas personas a las que no les gusta molestar y que ya puede estar muy mal que no se va a atrever a decir nada. El personaje de Miguel es físicamente mi padre. Aunque también tenía en mente a otros. Miguel es una persona que odia la vejez, que odia hacerse mayor y odia a los otros ancianos. Por eso se aprovecha de ellos.
¿Por qué Miguel es argentino en la película?
Es idea de Ignacio y a mi me gustó. Me pareció que encajaba muy bien. Según Ignacio, exageraba aún más el desarraigo de Miguel. En el cómic es una persona solitaria, pero no entramos en más detalles. En la película, que sea argentino le da ese punto de que no tiene nada, ningún familiar y está solo en la vida. Es más efectivo.
¿Cómo es eso de trabajar en equipo para alguien que está acostumbrado a hacerlo en solitario?
A la hora del guión está bien, porque ves otras posibilidades de contar la historia que a mí no se me habían ocurrido. Hay aportaciones de Ignacio que son muy buenas. Por otro lado te das cuenta de cómo se adapta. La complicidad que tiene un lector con un cómic o con un libro es diferente a la que tiene un espectador con una película, en la que es más fácil que te pierdas, todo es más acelerado… Me ha parecido curioso ver este tipo de cosas.
También estás acostumbrado a trabajar tú solo y piensas que el que se te ocurre a ti es el único camino para contar las cosas y dibujarlas. Trabajar con más gente te enriquece mucho. Y luego ver el trabajo de la gente que ha hecho el diseño de color… Es lo bueno del cine, que puedes contar con personas determinadas dentro del presupuesto y cada uno sabiendo muy bien lo que sabe hacer está contando tu historia desde su parcela. Los de color, con el color. El compositor, con la música. Los actores, con su voz. Todo va sumando. En un cómic lo tienes que hacer todo tú solo.
¿Qué sensaciones tuviste al ver cobrar vida a tus personajes?
La verdad es que es muy curioso. Cuando los ves animados, que primero van sin voz, nunca te los imaginas así, porque en tu cabeza todo es muy ambiguo. Aunque como vengo también de la animación eso [el movimiento] me ha sorprendido menos. Pero la parte en la que vi a los actores dar voz a los personajes, eso sí que fue un cambio. De repente sí que tenían vida. Y me pareció muy bonito.
Con tanta publicidad como estás teniendo ahora, tanta entrevista, premios… ¿tienes miedo a quedarte con la etiqueta de ‘el autor de Arrugas’?
En ningún caso es malo. Es cansado, porque te gustaría también hablar de otras cosas y acabas hablando de Arrugas. Pero creo que es bueno porque ha hecho que gente normalmente no lee cómics los haya leído. También ha contribuido a que a partir de esto se haya vendido mucho más lo que he hecho. Incluso se han reeditado cosas mías anteriores. Quizás la única parte mala es que no me gusta encasillarme y no tengo ningún otro cómic parecido a Arrugas. Aunque todos se parezcan en algo porque los he hecho yo. Las calles de arena, por ejemplo, para mucha gente es mejor que Arrugas. Para otros, sobre todo los que normalmente no leen cómics, les decepcionó. Pero esta publicidad tiene más cosas buenas que malas.
¿Estás nervioso por las nominaciones a los Goya? ¿Ya sabes qué te vas a poner?
Los viernes hago una tertulia radiofónica en Valencia y de broma hice un llamamiento a ver si alguien me vestía. Apareció un modisto, Miquel Suay, que me dijo que él se encargaba. Así que en lugar de ir con pijama, al final iré con traje [durante un año y medio publicó una página dominical en Las provincias que recopiló en Memorias de un hombre en pijama]. Pero los Goya no es un tema que me preocupe. Es más competencia del productor y del director. Yo voy más como comparsa. Aunque he estado presente en la película y directamente estoy nominado por el guión, me lo tomo más como verlo desde fuera que estar sufriendo por si nos lo dan o no.
¿Te ha decepcionado quedar fuera de los Oscar?
Hombre, siempre te haces ilusiones, no vamos a decir que no, pero creo que era muy difícil de partida. Arrugas tienen un presupuesto muy ajustado. Pero toda la publicidad que nos ha hecho estar predominados nos ha servido de mucho.
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