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Qué hacer si el horno no funciona y otros avatares de vivir en un piso compartido

5/02/2012 07:00 | Alessia Cisternino
‘El horno no funciona’ de Camille Vannier es una novela gráfica ambientada en un piso compartido de Barcelona que explica cómo un insospechable electrodoméstico de la cocina puede convertirse en una metáfora de la imperfección humana.
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Sins Entido publica 'El horno no funciona' de Camille Vannier. Imagen: detalle de una de las ilustraciones.

Calle Aulestia i Pijoan, barrio de Gràcia, Barcelona. Un piso compartido donde se suceden quince compañeros a lo largo de seis años. Hay quien es desordenado, quien se pasa el tiempo mirando las Olimpiadas en la tele, quien habla un montón y quien fuma tabaco de liar. Porque, se sabe, nadie es perfecto y cuando se comparte piso lo mejor que se puede hacer es aceptar los defectos de los demás.

El horno no funciona es una novela gráfica de la ilustradora parisina Camille Vannier publicada por Sins Entido que retrata uno por uno a los quince compañeros con los que estuvo compartiendo piso entre 2004 y 2010, durante su estancia en la capital catalana. A cada uno de ellos, antes de entrar en el piso, Camille explica dónde está el baño, dónde está el dormitorio y dónde está la cocina. Pero sobre todo les explica que el horno no funciona, un simple hecho que poco a poco se convierte en una metáfora muy eficaz.

“El horno era el único electrodoméstico que no funcionaba, el punto débil del piso” afirma Camille Vannier. “Cuando avisaba 'El horno no funciona' al principio era sólo para que supieran que si el futuro potencial compañero de piso era fan del pollo a l'ast no estaba en el piso correcto. Al cabo de un tiempo era como avisar que, igual que nosotros, el piso no era perfecto. Que cada uno en ese piso tenía “un horno que no funcionaba por dentro”. El defecto del piso era el horno, el mío era de ser muy desordenada, a cada uno lo suyo”.

Dejarlo o arreglarlo

Algo que todos los compañeros, al parecer, aceptaban de buen grado. Todos menos uno, James, el más tiquismiquis, que además de exigir un tenedor sólo para él intentó durante años arreglar el horno.

Gabi me abrió la puerta el primero. Yo había venido a Barcelona una semana para encontrar piso, era una misión contra reloj. No paraba de ver habitaciones minúsculas y gente rara, hasta que Gabi abrió la puerta. Me acuerdo que llegué sobre las 15 y que Gabi se acababa de despertar. Me hizo un par de preguntas, me dijo lo del horno y me preguntó si quería ir con él a desayunar en el bar de abajo porque no tenía nada en la nevera” cuenta Vannier. 

“La verdad es que me dio igual porque no soy muy chef cuisine, así que no me lo tomé como algo grave, no como James del cual hablo en el libro. Él se lo tomó como algo personal: lo intentó arreglar, hizo venir gente a mirarlo, compró piezas de recambio... Era una verdadera obsesión, pero no hubo manera, el horno se resistió a funcionar”.

“Cuando James se mudó, me mandó un mail para fardar del nuevo horno de su piso. Al poco tiempo me mandó otro diciéndome que cada vez que lo encendía saltaba la luz de toda la planta, así que no lo podía usar”.

Dar la vuelta a la tortilla

El horno no funciona es una divertida y a la vez escalofriante galería de los compañeros de piso que todo el mundo ha tenido y de esos peculiares conflictos que pueden originarse a partir de un yogur caducado o un estropajo.

“Es totalmente imposible que a todo el mundo le caiga bien todo el mundo a la vez" afirma Camille Vannier. "Siempre hay una manía de uno que le vuelve loco al otro, porque la convivencia es algo muy difícil. Cuando escribí el libro había vivido con quince personas, así que os dejo imaginar la de crisis que hubo. En el libro quería contar anécdotas sobre cada uno de los quince, pero, claro, no me llevé bien con todos, creo que se nota un poco, pero he intentado “dar la vuelta a la tortilla” y contarlo como algo gracioso”.

“De la misma manera, mi propósito no era contar los problemas de un piso, no quería arreglar cuentas. El horno no funciona es mi manera de agradecerles a todas estas personas el haber estado presentes estos seis años y de recordar lo bueno de esta experiencia, a pesar de malos rollos y otras historias”.

Judith, Marco, Gabi, James, Rochelle, Rohan, Jake, Marta, Diana protagonizan algunas de las historias que giran alrededor de un horno que ha dejado de hacer su deber. Pero no todos tienen el mismo hueco en el corazón de Camille.

“Vives con alguien que no conoces de nada, compartes primero la sal y la pimienta, después compartes cervezas y luego hablas de tus problemas y dudas existenciales. Sin darte cuenta, se convierte en algo que llamo el family-tunning, es igual que en una familia pero muy muy recompuesta. Igual que no podría elegir entre mis hermanas, no podría elegir entre Rohan y Jake, por ejemplo. Sería más fácil contestar a la pregunta de con quién no me quedaría, pero esto se quedará entre las paredes del piso de la Calle Aulestia i Pijoan”.

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