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fotografía

El bestiario de Cecilia De Val

7/01/2012 06:00 | Texto Mónica Moyano | aviondepapel.tv | Fotos cortesía Celia de Val
La visita fortuita de la fotógrafa Cecilia de Val a un zoo le inspiró su serie `El Otro Reino´. Una obra surrealista, onírica, en la que se confunden animales con humanos. Las fotos plantean la eterna pregunta: ¿qué separa a ambas especies? 
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Humanos junto a bestias

Humanos junto a bestias

Fotos de Celia de Val | 7/01/2012 06:00

Foto #4

“Deberíamos preguntarnos al visitar un zoológico, si acaso lo que hay entre los barrotes son animales o si no se les ha robado, al enjaularlos, su lado animal”, dice la fotógrafa Cecilia de Val, autora de la serie El Otro Reino

En este trabajo, la artista se inspira en el surrealismo tardío y mantiene constantes referencias literarias. Sus fotografías son pequeños cuentos, con un trasfondo oscuro que refleja sus inquietudes, y que ubican a personas y animales en el mismo encuadre.

Desde que de pequeña cogió la cámara Pentax de su padre no ha cesado de crear mundos imaginarios, inspirados en la obra de Edgar Allan Poe, Franz Kafka o Jorge Luis Borges. 

En El Otro Reino, la fotógrafa juega con la figura animal para reflexionar sobre la dualidad hombre-animal. Esta serie es una evolución de su anterior obra Nunca te prometí un jardín de rosas, si bien en este caso el hilo conductor del trabajo era la multiplicidad, como metáfora a las facetas que conviven en el ser humano. 

La obra de De Val posee el hilo conductor de la identidad y la relación del individuo con su entorno. Hay poco margen para la casualidad, pues son imágenes muy meditadas. Lo más complicado, cuenta la artista, es trabajar la idea. Después, la realización de la fotografía es más fácil, según explica. 

Apasionada de la fotografía desde su niñez, la llegada de la foto digital le abrió las puertas para recrear con más facilidad universos imaginarios. 

Tras unas primeras series más oníricas, su último proyecto Tiempo y Ruinas da un paso hacia localizaciones reales, como naves abandonadas, que la artista ha ido fotografiando para reflejar el irreductible paso del tiempo y la fragilidad de la memoria.  

Pequeñas historias, cuentos que, una vez más, protagoniza la propia Cecilia, artista que se convierte en espectadora y protagonista.

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