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Domingo, 07/02/16 - 18:37 h

Fotografía

Las caras de la guerra, antes y después de Afganistán

Viernes, 23 de noviembre del 2012 - 19:41

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  • La fotógrafa Lalage Snow retrató a los soldados británicos antes y después de su despliegue en Afganistán.
     
  • Su serie `We are not the dead´ subtitula los sentimientos de aquellos jóvenes bajo el deterioro de sus rostros. 
  • Steven Gibson, 29 años
    Steven Gibson, 29 años
    11/03/ Edimburgo.- Tengo miedo de no volver a casa. Tengo dos hijos y un tercero en camino, en agosto. Ellos y mi esposa son lo que más quiero en el mundo. Lo peor sería no volver a verlos.  10/07 Nad Ali.- Muchos de los chicos tienen biblias. (..) Nunca había leído la Biblia antes. (...) Escuchas que en algún lugar un soldado ha sido gravemente herido o algo peor y piensas en la familia. Entonces lees la Biblia (...).  15/10 Edimburgo.- (...) Tres horas más tarde, boom. No sé cómo describirlo. Nunca oí la explosión (...). Era como si alguien hubiera pegado algo a mi espalda. Yo no quería que me enviaran a casa, pero no tuve opción. (...) Cuando salgo a fumar un cigarrillo, constantemente, estoy pensando en Afganistán.

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  • Matthew Hodgson, 18 años.
    Matthew Hodgson, 18 años.
    11/03 Edimburgo.- Sí, estoy deseando que llegue la hora de ir, aunque tengo más miedo de perder a mis mejores compañeros que mi propia vida. 19/07 Nad Ali.- Fue realmente aterrador. Ves la explosión de IED y te preguntas quién está herido. (...) Te das cuenta de lo real que es todo e intentas no pensar en ello. (...) Esa patrulla era inútil y, ahora, le faltan las piernas a un soldado afgano. ¿Para qué? 12/10 Edimburgo.- Tratas de explicar dónde estuviste, lo que era, pero la gente no tiene ni idea. No conseguías ni buena comida ni conciliar el sueño. Acabas agotado después de una patrulla. Absolutamente agotado. Sentía bastante miedo, a veces. (...) Ahora, estoy en casa y me frustro con las cosas más nímias. (...)

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  • Steven Anderson, 31 años.
    Steven Anderson, 31 años.
    Marzo, Edimburgo.- Para ser honesto, creo que va a ser horrible. (...) No me asusta morir, pero sí el perder las piernas, que sería lo peor. Junio, Nad Ali.- Es difícil explicar las condiciones, lo sucio que es. A menudo, cuando llamas por teléfono a tu novia te  pregunta por qué no hablas con normalidad (...)  Estás cansado, sucio, no has comido bien durante días. La falta de agua... (...) Tenía miedo de la primera patrulla, pero piensas en la formación y recuerdas todos los ejercicios. No he estado en ningún tiroteo y te sientes feliz de que sea así, de poder regresar a casa con todos los dedos de las manos y los pies intactos. Octubre, Edimburgo.- Intentamos ir allí para ganar sus corazones y cambiar su mentalidad, pero aquellas personas viven hasta los 45 y mueren entre tanta pobreza, sin medicamentos. Y ponen un valor diferente a la vida. Un niño murió, no tenía nada que ver con el ejército, sino que cayó enfermo. Trajeron el cuerpo de ese niño a un campamento del ejército, con un disparo, diciendo que había quedado atrapado en un tiroteo, por lo que exigían dinero. ¿Cómo puede cambiar la mente de alguien así? 

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"Creo que va a ser horrible. No tengo miedo a morir, pero sí a perder las piernas". La frase testimonio está bajo el rostro de uno de los militares destinados en la guerra de Afganistán. Se llama Steven Anderson y tiene 31 años.

Su retrato forma parte de la serie We are not the dead, un trabajo realizado por la fotógrafa Lalage Snow sobre un grupo de jóvenes escoceses, de 18 a 31 años, desplegados como soldados del ejército británico en territorio afgano.

We are not the dead no solo nos enseña los rostros de aquellos soldados, antes, durante y después de la guerra. Bajo los semblantes demacrados, Snow subtitula cada foto con los sentimientos de cada uno de ellos, su experiencia en el frente, sus miedos, su pérdida y su vida de vuelta a casa.

Lalage Snow quería indagar qué motivaba a aquellos jóvenes a alistarse al ejercito, qué pensaban de Afganistán o qué les gustaba hacer en su tiempo libre antes de su nuevo destino militar.

Acudió al Ministerio de Defensa y logró la autorización para ir de reportera gráfica “empotrada” con las tropas británicas destinadas en las bases afganas. Algunos de los soldados con los que compartió experiencias ya habían participado en la guerra de Irak.

“Conviví con ellos en los ejercicios de entrenamiento en el Reino Unido. Tres meses después de llegar a la provincia de Helmand, los chicos ya me conocían, confiaban en mí y estaban dispuestos confesarme sus intimidades”, explica la fotógrafa.

Sin embargo, tres meses después de aquella cobertura, Snow recondujo su serie. De vuelta a casa, se reencontró con aquellos mismos soldados. Descubrió en ellos un franco deterioro, caras enjutas o quemadas por el sol, rostros apenas reconocibles.

“Me di cuenta de que la verdadera historia era la forma en que las caras cambian [tras la guerra]. Además, cuando un montón de cadáveres de chicos muertos regresaban en bolsas de plástico o con extremidades amputadas, en las noticias solo escuchábamos: `Era un soldado excepcional´. Sin embargo, yo quería conocer a la persona”, añade la fotógrafa.

El resultado es We are not the dead un conjunto de retratos a los que la fotógrafa añade un testimonio sentimental en primera persona. Bajo cada una de las fotos de cada soldado –antes, durante y después- un texto subtitula su rostro.

"Uno se acostumbra rápido al sonido de los disparos y a no pensar en el miedo”, reza bajo el retrato de Pairman Fraiser, de 21 años.

Cuando Snow terminó esta serie, comenzó su periplo por revistas y galerías de arte. Nadie se interesó en sus fotografías. Los editores y los comisarios daban las mismas excusas: “Demasiado deprimente”.

Hoy, sus fotos se exponen en la Herbert Art Gallery de Coventry (Reino Unido), y el año que viene también viajarán a Amberes. Además, Snow espera que su nuevo proyecto se emita en una televisión británica.

Esta vez se trata de una película sobre las mujeres afganas que se alistan en el ejército y se forman en la escuela de oficiales de Kabul.

Mientras tanto, Lalage Snow continúa con su misma filosofía de trabajo, bajo el lema que el fotoperiodista Tom Stoddart le dio cuando colaboraba con él: “Los fotógrafos deben tener las rodillas sucias y disparar, disparar, hasta que alguien les diga que no”.

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