sábado, 11/02/2012 - 23:18 h
Laurence Bonvin fotografía las ciudades vacías de Seseña y Valdeluz
para reflejar la desolación que provoca la especulación inmobiliaria. A través de su obra abre el debate sobre las ciudades producto del boom inmobiliario. En una entrevista explica su proyecto ‘Ghostowns’ y
su preocupación por los efectos en el medio ambiente y en las personas.
Fotogalería: Fantasmas de ladrillo
Durante tres semanas, Laurence Bonvin paseó y retrató con su cámara varias ciudades desiertas a las afueras de Madrid. Los especuladores han conseguido vender muchas casas, aunque ahora la mayoría están vacías, esperando compradores que paguen más.
Los comercios son muy escasos y la vida social es casi nula en estas urbanizaciones. La experiencia que nos propone Bonvin conlleva replantearnos la sostenibilidad de estas ciudades fantasma surgidas de la especulación y víctimas de una crisis económica y de principios.
Bonvin es un fotógrafo suizo que vive entre Berlín (Alemania) y Ginebra (Suiza). El autor intenta hacernos reflexionar sobre el tratamiento medio ambiental y social de las ‘mega-ciudades’ nacidas en medio de ‘la nada’ a través de uno de sus últimos trabajos titulado 'Ghostowns’ (Ciudades Fantasma). La serie fotográfica se refiere a los complejos de Valdeluz (Guadalajara) y Seseña (Toledo). A través de la serie quiere “sacar a la luz cuestiones relativas al futuro de las ciudades” y es que el fenómeno de la especulación inmobiliaria “está muy presente en Madrid, dónde la brutalidad del desarrollo urbano es visible”.
El día a día en las ciudades fantasma
Durante el tiempo que pasó realizando este trabajo, conoció a poca gente, “hablé con algunos de ellos sobre su experiencia y vivencias sobre el lugar”. Bonvin resuelve que simplemente, “la gente no ha elegido vivir en una ciudad vacía, pero se tienen que adaptar a ella”, los precios son menores que cerca del centro de Madrid, pero otro precio se paga por vivir casi incomunicado.
El desarrollo de "la vida social es muy reducida” en estas ciudades fantasma, confirma el fotógrafo suizo. Las comunicaciones y “los accesos al transporte público son muy reducidos”, al igual que otros servicios que casi no llegan a las urbanizaciones, "la sensación de soledad es real" en esos lugares dice Bonvin.
El problema de origen es la pura “especulación inmobiliaria”, pero a efectos prácticos y ambientales el problema de este tipo de “vecindarios” es que “el número de apartamentos es mucho mayor que la necesidad real”. La construcción de grandes bloques de viviendas en lugares dónde no existía demanda produce un choque en el entorno enorme, la artificialidad es absoluta.
La oportunidad de la crisis
En palabras de Bonvin “la crisis es un momento crucial, un momento de reflexión pero también una extraordinaria posibilidad de mirar con honestidad a los fallos del sistema” y corregirlos. Un llamamiento a la autocrítica, para reconstruir el concepto de hogar, de naturaleza y de vivir, para que no todo se quede en "el beneficio económico" de los constructores.
El fotógrafo suizo concluye que “las ciudades fantasma necesitan, como muchos otros temas vinculados a la crisis, ser criticados y cuestionados abiertamente” y “no solo en términos de desarrollo sino también a nivel humano”.
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