martes, 9 de febrero de 2010 - 22:46 h
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No hago más que recordar las palabras –¿o era más bien una advertencia?– de la asesora creativa de H&M, Margareta van den Bosch: «Creo que esta colección es ideal para cualquier persona a la que le guste la moda y los tacones altos». Altos, no; altísimos. Los «stilettos» que llevo (79,75 euros), especie de muros de carga de unas maravillosas sandalias de tiras con plataforma y en piel de charol negro (puedo confirmarlo por su olor: son de piel, piel), no me resultan para nada cómodos. Pero me encantan. No puedo parar de caminar con ellos. Esta incongruencia no sólo no me preocupa, sino que reconozco que me produce cierto morbo. Tengo el privilegio de calzar un par de sandalias de la esperadísima colección que Jimmy Choo ha creado para H&M. Envidiado privilegio El día «D», el de su llegada a 200 tiendas seleccionadas en todo el mundo, es hoy, sábado 14 de noviembre; pero si de algo podemos presumir quienes trabajamos «en esto» es de gozar de estos envidiados privilegios. En este caso, poder lucir antes que nadie –es un préstamo, que conste– un par de estos prematuros objetos de deseo. Confieso que antes de calzarme las fabulosas sandalias mis expectativas, como las de la mayoría de mis compañeros de profesión, eran poco favorables. Y llegó entonces el día en el que el departamento de prensa de H&M envió a los medios el link con las imágenes de la colección, formada no sólo por los adorados accesorios de mujer, sino también, y por primera vez, por una serie de prendas de ropa femenina, así como una mini-colección de ropa y accesorios para hombre. Recuerdo cómo, tras ver las fotos de las prendas y accesorios una a una, busqué nerviosa el listado de precios. Y no me lo podía creer. Las sandalias y botines abiertos cuestan entre 80 y 130 euros (los modelos similares de Jimmy Choo cuestan entre 580 y 750). Y sus diseños, con animal prints (estampados animales), tachuelas y hebillas parecían, al menos en las imágenes, «primos hermanos» de los Jimmy Choo auténticos. Sigo caminando, encantada con esta especie de «experimento 11 cm de separación» (del suelo), con mis pies desnudos cubiertos tan sólo por las tiras de charol. De repente aprovecho una curiosa situación para pararme y «descansar» (sí; un ligero dolor en los pies comienza a hacer su aparición). En la acera de los números impares, centro neurálgico de la Milla de Oro, unas adolescentes paradas frente a uno de los anuncios del lanzamiento de la colección hablan emocionadas señalando el cartel. Nerviosas, puedo escuchar que planean su estrategia para ser «de las primeras», dicen –¿lo conseguirán?–, a las puertas de la tienda H&M de Velázquez, 36, en la ansiada mañana de sábado. Me planteo si sería capaz de esperar a las puertas de una tienda repleta de gente hasta que abran, de rezar porque me toque una de las 160 pulseras que repartirán a los primeros de la fila para que puedan acceder a la zona de accesorios, acotada durante las dos primeras horas, sólo para los afortunados poseedores de dichas pulseras… Dudo que me merezca la pena. Me siento guapa, estupenda, atractiva, sofisticada. Además de alta, altísima, y con la espalda bien recta. Es la misma sensación que tengo cada vez que llevo tacones; nada nuevo. Pero mi objetivo es acercarme a la boutique de Jimmy Choo en Madrid, exhibiendo mis sandalias sample (muestras para prensa) y comprobar si estos diseños para H&M merecen tal expectación o si son un bluff. Y aunque el dolor va aumentando, me siento fabulosa y «fashion». Suena absurdo, lo sé, pero no hay nada como un buen par de tacones –estos tienen 11 centímetros, más plataforma– para elevar la autoestima de cualquier mujer. Del mismo modo que no hay nada como un mal par de tacones para «destrozar» la vida a cualquier fémina. He experimentado ambas sensaciones y, de momento, me veo reflejada en los lujosos escaparates por los que paso con una imagen imponente. Mi look es normal, el habitual para un día cualquiera –vaqueros pitillo, camiseta y abrigo–, pero mis sandalias tienen algo que, de verdad, transforma mi imagen de forma radical. Me siento, cómo decirlo, «poderosa». Me viene a la cabeza Tamara Melon, la dueña de Jimmy Choo, que, además, es toda una «celebrity» en su país, Reino Unido, así como en EE UU. Ha logrado hacerse un nombre (que ni siquiera es el suyo, sino el del zapatero al que compró la marca y nombre hace unos años ) en el mundo de la moda gracias a su dinero (más bien al de su padre, un influyente empresario británico). Pero he ahí una nueva incongruencia: me apasiona Tamara Melon. Comencé a seguirle el rastro hace cuatro años, cuando, con motivo de la inauguración de la primera boutique Jimmy Choo en España se ausentó de su propia fiesta por encontrarse «indispuesta». Meses después se auto-ingresó en un centro de «rehab» (rehabilitación), se divorció de su marido, el banquero Matthew Melon, y comenzó un sonado romance con el actor Christian Slater. Satisfacción Pero hay algo en este personaje que me apasiona. Creo que es también que sus zapatos, al contrario que los de Manolo Blahnik o los Louboutin, cuya célebre suela roja se desgasta en un día, están hechos de mujer a mujer. Quizá ahí resida uno de sus secretos. Unos tacones imposibles creados por una mujer sientan mejor a los diseñados por un hombre. Reconforta. Y justo en ese momento de satisfacción, entro en la tienda. No hay nadie, dos dependientes miran mis pies. Un simple vistazo me basta para alcanzar mi objetivo: salvo la etiqueta que reza «Jimmy Choo London» en el interior, y la marca «made in Italy» en la suela exterior, mis sandalias poco tienen que envidiar a las de esta casa. Conclusión, merece la pena. Y repito una y otra vez: hazlo (H)oy & no (M)añana. Las colas, quiero decir. 11 cm. por encima Primos hermanos de los modelos londinenses auténticos - Las sandalias y botines abiertos cuestan entre 80 y 130 euros, mientras que los modelos similares de Jimmy Choo verdaderos, entre 580 y 750. - Salvo la etiqueta, que reza «Jimmy Choo London» en el interior y la marca «made in Italy» en la suela exterior, las sandalias poco tienen que envidiar a las reales, que se venden en el número 15 de la calle Ortega y Gasset de Madrid. - Son de piel, los pespuntes parecen perfectos e, incluso, los tacos son gruesos y resistentes. - La diferencia? Los 400 euros (aprox.) que existe entre el precio de las que venden desde hoy en H&M y las creadas por la casa de lujo. - Conclusión: merecen la pena.
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