domingo, 12/02/2012 - 04:16 h
En Santiago de Compostela se reflexiona sobre los herederos contemporáneos del dandismo
El dandi es "el hombre rico, ocioso y que, incluso hastiado, no tiene más ocupación que seguir la pista de la felicidad", dijo Baudelaire. Y añadió que "el hombre educado en el lujo" y "el que no tiene otra profesión que la elegancia" gozará de una "fisonomía distinta, totalmente aparte".
A pesar de las exposiciones, los libros, los reportajes en televisión, las conferencias y artículos como este, el resurgimiento del dandismo tal y como se vivió en el siglo XIX es imposible. Es más, siguiendo a Barbey d'Aurevilly, Sergio Rubira, co-comisario de la exposición Sur le dandysme aujourd'hui. Del maniquí en el escaparate a la estrella mediática, "sólo hubo y habrá un dandi en la historia": George Bryan Brummell, el bello Brummell. "El más grande dandi de su tiempo y de todos los tiempos", escribió Barbey.
Entre el 16 y el 18 de marzo se celebran en Santiago de Compostela unas jornadas, abiertas al público, sobre el dandismo. Estas charlas ayudan a entender la exposición que se puede visitar en el Centro Galego de Arte Contemporánea de la capital gallega.
Rubira, quien participa también en el encuentro, señala que hay "cinco hitos" en el dandismo. Uno es Brummell, tal y como lo conocimos por los escritos de Barbey d'Aurevilly; otro es Thomas Carlyle con su libro Filosofía del traje; tenemos a Charles Baudelaire, quien acuñó el mandamiento de "ser sublime sin interrupción", al escritor francés Huysmans que esculpió al decadente personaje Des Esseintes en su novela A contrapelo; y, por último e indudablemente, Oscar Wilde.
De todos estos, Brummell, Baudelaire y Wilde son los puntos de inspiración, la base teórica, para la selección de las obras contemporáneas -posteriores a 1980- que conforman esta exposición.
"Heavies, punks, mods, el glam o los emos son algunas de las subculturas urbanas que han heredado las estrategias del dandismo del XIX", dice el comisario, que ve que "las subculturas se apropian de objetos y les dan un nuevo significado", que abordan una "rebelión de las apariencias y unos crímenes y revueltas del estilo", exactamente lo mismo que hizo el dandismo. También el "movimiento gótico" que, al igual que "el romanticismo vuelve y vuelve", reinterpreta el dandismo "a través del mito vampírico", entre otras fijaciones estéticas.
El dandismo del siglo XX y el XXI bebe del dandi que construyó Oscar Wilde, el del artista como obra de arte. Wilde fue un estrella mediática de su tiempo, que firmaba autógrafos y representaba su propia biografía como una obra de teatro sin fin. "Ese concepto vinculado a Oscar Wilde es el que adapta Madonna, Prince u otros cantantes de rock".
La mujer, abominable pero dandi también
Si Madonna, a juicio de Sergio Rubira, es un dandi moderno, Baudelaire debe estar revolviéndose en su tumba. "La mujer es lo contrario al dandi -escribió el poeta-, así pues le detesta. La mujer es natural, es decir, abominable. Por eso es siempre vulgar, es decir, lo contrario del dandi". "La mujer puede ser un dandi a pesar de lo que diga Baudelaire", afirma con el aire arrogante del dandismo Sergio Rubira. "La Condesa de Catiglione, del siglo XIX, se fotografió disfrazada durante años", pone Rubira como ejemplo, así como las amazonas del París de los años 20 o algunas de las características del dandismo que son propiamente femeninas.
Esta exposición no pretende definir qué es el dandismo, "no se puede", afirma su comisario. No es posible porque en la propia esencia de esta actitud vital está "la obligación de incertidumbre". Y una actitud, además, "es algo muy difícil de definir".
"El dandi prefiere a la espontaneidad, la originalidad; a la naturaleza, el artificio; al abandono romántico, el dominio de sí" escribe Giuseppe Scaraffia en el Diccionario del dandi.
De los llamativos guantes amarillos que usaba Francisco Umbral en su adolescencia de capital de provincia del dolor a los guantes que modelaban las manos del propio Brummell "como una muselina mojada". De los pendientes de zafiro que cuelgan del traje del Conde de Savigny (personaje de Las diabólicas de Barbey d'Aurevilly) al nudo de la corbata que a un contemporáneo anónimo de Beau Brummell le costaba "varias horas de trabajo hacer que parezca anudada a toda prisa", todo en el dandi es elegancia que no es posible sin artificio. A pesar de que, como dice afirma tajante Rubira, "el dandi nace, no se hace".

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