lunes, 13/02/2012 - 06:44 h
El escritor Miguel Delibes ha fallecido a los 89 años de edad.
El fallecimiento de Miguel Delibes deja un gran vacío en las letras hispanas, pero también en la Real Academia Española de la Lengua (RAE). El escritor vallisoletano ocupaba el sillón “e” de la institución, letra que, de manera simbólica, enunciaba el compromiso ecológico que recorrería gran parte de su literatura.
Cuando el 1 de febrero de 1973, Delibes pronunció el discurso de aceptación a la RAE titulado “El sentido del progreso desde mi obra”, instaba con sus palabras a que la Humanidad pusiera coto al desarrollo industrial desaforado. El escritor no estaba en contra del progreso, sino de los desmanes que en el nombre de la tecnología se estaban realizando.
“Mi oposición al sentido moderno del progreso y las relaciones Hombre-Naturaleza se ha ido haciendo más acre y radical (…) El poder del dinero y la organización -quinta esencia de este progreso- termina por convertir en borrego a un hombre sensible, mientras la Naturaleza mancillada, harta de servir de campo de experiencias a la química y la mecánica, se alza contra el hombre en abierta hostilidad”, explicaba Delibes en un discurso que luego se publicaría como ensayo.
En unos meses en que sendos terremotos han asolado Haití y Chile, las lluvias torrenciales han anegado media Europa, rememorar esta sentencia de Delibes es casi como rescatar una premonición.
La 'cultura campesina'
La obra de Delibes siempre mostró entornos rurales, cinegéticos, castellanos. Como él mismo decía, “hemos matado la cultura campesina” pero sin sustituirla por nada, “al menos por nada noble”. Apuntaba que al deterioro natural, se le unía una especie de amputación del lenguaje y del paisaje, que conllevaba una nueva sociedad más impersonal.
El autor vallisoletano defendía, en cambio, una propuesta más sostenible. Deberíamos, decía, regresar a principios más básicos. Conformar la vida en comunidades pequeñas, autosuficientes y más ecológicas. No se trataba, según el autor, de renunciar a la técnica, sino de “embridarla”, acotar el desarrollo industrial capitalista al bienestar comunitario.
Así, con esta sentencia, Delibes ocuparía el sillón vacante que había dejado Julio Guillén, el sillón “e”. ¿”E” de ecológico? Presumiblemente sí; nada es casual.
Un año después de que pronunciara estas palabras, Delibes era golpeado por la fatalidad. Ángeles de Castro, su esposa, fallecía a los 50 años, tragedia que hizo mella en el escritor. La muerte -otro de sus temas literarios- le tocaba de lleno. Ahora, esa muerte, que le asechaba de cerca en estos días, también se lo ha llevado a él. Aunque siempre nos quedarán “Cinco horas con Mario”, “Los santos inocentes”, “El hereje”, … En definitiva, nos quedará Delibes, aunque el sillón e de la RAE siga vacío.
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