domingo, 12/02/2012 - 04:20 h
Una editorial reúne los poemas que escribió Bonnie Parker y las cartas que se intercambió con Clyde Barrow mientras éste estaba en la cárcel | Fotogalería: El álbum de fotos de Bonnie & Clyde.
No fueron los más peligrosos ni los más audaces pero Bonnie & Clyde se convirtieron en estrellas del rock de los años treinta; entendiendo rock como la vida salvaje y glamurosa de unos gánsteres influidos por el cine.
Bonnie Parker nació en una familia muy pobre de Texas. Era rubia, atractiva y con talento para la escritura. Antes de cumplir los 16 se casó con un maleante que pronto daría con sus huesos en la cárcel. Mientras él estaba en chirona Bonnie conoció en la casa de una amiga común a Clyde Barrow. Se enamoraron al instante.
A Clyde también le gustaba meterse en líos. Tenía 21 años cuando le enchironaron por vez primera, un mes después de haber conocido a Bonnie. Había robado un camión lleno de pavos junto a su hermano Buck.
Durante esa primera estancia de Clyde en la cárcel, Bonnie y él se escribieron las cartas que la editorial Alphay Decay ha publicado bajo el título de Wanted lovers. La editora del libro, Ana S. Pareja, investigó "en ediciones americanas de biografías y libros con mucho material, algunos de ellos bastante difíciles de conseguir". Esta es la primera vez que se publican en castellano las cartas y los poemas escritos por Bonnie Parker. Es más, ni tan siquiera existe un libro como este en inglés. "Muy pocos libros reproducían algunas de las cartas o de los poemas, así que ha sido un trabajo de ir buscando aquí y allá y reunirlo todo en este volumen".
El libro contiene cuatro largas cartas escritas por Bonnie y tres misivas más concisas de Clyde. "Cielo, te escribo libros y tú sólo me envías notitas, pero, ¡Dios!, cómo me gusta recibirlas. Me encantaría tener un millón de tus notitas, porque las que tengo, de tanto leerlas, se me han gastado", escribe Bonnie a su amante en una carta enviada a la cárcel del condado de Dallas.
Junto a los poemas y las cartas, como si el libro fuera la cajita de recuerdos de unos antiguos amantes, unas viejas fotografías en blanco y negro. La cuñada de Clyde, Blanche, era aficionada a la fotografía. La banda de los Barrow posaba con sus pistolas y escopetas como si fueran actores del cine negro; para Ana S. Pareja, "Bonnie y Clyde pertenecieron a la primera generación de ladrones que creció con el cine". Durante una redada en Missouri el grupo se vio obligado a salir corriendo, dejando atrás la cámara de Blanche Barrow con un carrete lleno de fotografías. La policía lo incautó y el diario Joplin Globe las publicó en marzo de 1933. Esas glamurosas imágenes, que contribuyeron a forjar la leyenda de la joven pareja, aparecen recogidas en este volumen.
"Las fotografías las saqué de varias ediciones americanas -desvela Pareja- y también de la página web del FBI, donde se publicó todo el material desclasificado de la investigación hace algo menos de un año, coincidiendo con el 75 aniversario de la muerte de Bonnie y Clyde".
Un Texas Ranger, llamado Frank Hamer, tenía la misión de acabar con Parker y Barrow vivos o muertos, motivado por una sustancial recompensa. La opinión pública, fascinada en un principio con nuestros héroes, les dio la espalda tras una serie de asesinatos en 1934. Los hombres de Hamer les tendieron una emboscada en una solitaria carretera de Louisiana. Los seis policías abrieron fuego simultáneamente y cosieron a tiros a la pareja. Se contaron 167 agujeros de bala en el Ford que conducían los gánsteres. Cada uno de los cuerpos recibió más de cincuenta balazos. "A su entierro acudieron más de veinte mil personas" afirma Ana S. Pareja en el prólogo del libro, dando fe de la popularidad de estos muchachos de 23 años, ella, y 25, él.

De Bonnie a Clyde:
1406 de Cockrell Street
14 de febrero de 1930
Cielo, cómo me gustaría pasar la noche contigo. Te echo tanto de menos, amor mío. ¿No te gustaría que pudiéramos estar juntos? Cielo, no me di cuenta de lo mucho que me importabas hasta que te metieron en la cárcel. Y si consigues salir pronto, cielo, por favor no les des ningún motivo para que te enchironen de nuevo. Si lo haces, no me va a quedar otro remedio que sa carme un billete de tren enorme, tan grande como una sábana, y si viene el revisor no le voy a dejar que toque el billete hasta que hayan pasado mil millas. ¿Sabes? Nunca se me pasó por la cabeza quererte. Tú solito me engatusaste. Y ahora no sé cómo arreglármelas sin ti.
Y escúchame, nene, tú empezaste esta historia y seguro que alguien va a tener que decir basta. Niño… no, no quería llamarte niño porque ya no lo eres. Puesbien, cariño, voy a tener que ir terminando la carta, porque no parece que me esté saliendo muy interesante. Acabo de releerla, y no veo que tenga ni una pizca de interés. Lo siento mucho, pero no se me ocurre nada, sólo decirte que te quiero más que a nada en el mundo, y no sé si esto puede interesarte. Cuando esté segura de que me quieres, quizá pueda escribirte una carta más sensata.
De Clyde a Bonnie:
19 de abril de 1930
Waco, Texas
Niña querida:
Acabo de leer tu dulce carta y no sabes lo contento que me he puesto al recibirla, pues me siento terriblemente solo y triste. ¿Por qué me dices que no sabías si la iba a aceptar o no? Cielo, sabes de sobra que no sentía lo que te dije en mi última carta. Lo único que me pasa es que tengo celos y no puedo evitarlo. Y además, ¿por qué no debería estar celoso? Si fuera tan tierno contigo como tú lo eres conmigo, tú también estarías celosa.
Oye, cielo, estos tarados meten tanto ruido que no puedo escribir, así que mejor termino la carta mañana. Después de una noche larga, solitaria y triste, voy a tratar de terminarla. Hoy es domingo de Pascua y ojalá pudiera pasarlo contigo fuera de aquí. Por dios, cari ño, estoy seguro de que podríamos pasarlo en grande hoy juntos. ¿En qué andabas tú la Pascua pasada, cielo? ¿Con quién estabas?
(...)
Cielo, no sé por qué no te dejé un coche para que pudieras venir a verme este domingo. Hace un día precioso pero seguro que para mí será un día largo, solitario y triste. Bueno, niña, ¿qué tal te va en el trabajo? ¿Alguno de esos borrachuzos se ha pasado de listo contigo? Si se pasan, apúntate los nombres, porque no me voy a quedar toda la vida en este tugurio.
(...)
Cielo, me decías que harías cualquier cosa que te pida. Bueno, te diré qué quiero que hagas por mí: Sé buena y no dejes de quererme. Si haces las dos cosas, no necesito nada más, salvo que vengas a verme, no hay nada que me importe más ahora.
Oye, cielo, tienes que venir a verme. Me he puesto los tirantes de Frank y parezco el galán del año, en serio. Cariño, ojalá pudiera pasar una semana contigo, sólo una semana y me podría morir tranquilo, porque te quiero y no me imagino cómo podría vivir sin ti. Escúchame, cuando me vengo abajo y empiezo a pensar en ti, saltaría el muro y me pondría de camino a Dallas. Puede que no llegue muy lejos, aunque seguro que me cogen si lo intento.
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