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viernes, 01/08/14 - 11: 59 h

literatura

Irene Zoe Alameda quería mantener “viva” a Amy Martin durante décadas como experimento literario

David González | aviondepapel.tv

domingo, 27/01/13 - 00:00

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  • La autora de los artículos de la Fundación Ideas usó el alias para demostrar la tesis de su próxima novela: una escritora puede inventar a otra inexistente.
  • Alameda quería comparar su propia literatura con la de Amy Martin, como sucede en `Los últimos días de Warla Alkman´, su novela de próxima publicación.
Irene Zoe Alameda confiesa que era la autora de los artículos de Amy Martin  -Foto: Agencias

En 2009, Irene Zoe Alameda creó su propio monstruo de Frankenstein y lo llamó Amy Martin. Era un experimento literario para una novela que llevaba escribiendo durante siete años y que la editorial Edhasa publicará en los próximos meses bajo el título Los últimos días de Warla Alkman.

La idea de Alameda era que el monstruo Amy conviviera con ella durante décadas, o, mejor aún, durante toda su vida. Aquel año, la escritora madrileña ya se había separado del director de la Fundación Ideas, Carlos Mulas, y entraba como directora del Instituto Cervantes de Estocolmo, ciudad y capital de los premios Nobel.

En su trayectoria literaria, contaba con una aclamada novela –Sueños itinerantes-, en la que la crítica valoraba la inexistencia de narrador. Mientras tanto, Amy, el monstruo, había logrado colarse como colaboradora de la fundación del PSOE como articulista –en inglés y castellano - de temas sobre pobreza, cambio climático, igualdad de género y política económica internacional.

A través de su agencia literaria Casanovas & Lynch, la misma que representa a la escritora real, Amy recibió hasta 50.000 euros, a menudo, 3.000 euros por pieza.

El experimento literario continuaba su curso. Entretanto, Alameda, novelista, ensayista, música y cineasta, se adentraba en otros proyectos artísticos, como cortometrajes subvencionados por el Ministerio de Cultura (Buen viaje; Uniformadas) o su grupo musical Reber.

Amy, además, esa supuesta activista, que colaboraba con la Fundación Ideas, le servía como posible inspiración para el personaje de Adda Weinstein, protagonista de la mencionada novela Los últimos días de Warla Alkman.

Weinstein es una escritora de la que nadie sabe nada. Su agencia literaria también ampara su anonimato. Un espía, Fracques, a las órdenes de un hombre poderoso, quiere desvelar la verdadera identidad de Adda. Éste es el argumento.

“Mi pretensión era mantener a Amy Martin activa a lo largo de toda mi vida, de mantener una doble. Para ella, por ejemplo, estaba escribiendo un libro de investigación política en Senegal. La idea era comparar, al cabo de las décadas, los rastros dejados por una autora real (yo) y una ficticia. Como he dicho, en gran parte sobre esta premisa se erige la novela Warla Alkman”, explicó Alameda en el comunicado remitido a los medios tras el escándalo.

Es bastante insual encontrar a una autora como Alameda. Todo escritor siempre quiere lograr estos tres objetivos: que le publiquen, que le lean y que le reconozcan sus méritos. Sin embargo, a menudo, se dan justo cuatro excepciones que interrumpen la norma. Amy Martin estuvo a punto de cumplirlas, una por una, si no se hubiese desvelado el escándalo.

Existen autores ágrafos, aquellos que se niegan a escribir, como J. D. Salinger. Están, además, los que escriben bajo la máscara de un seudónimo. La autora danesa Karen Blixen (Memorias de África) publicaba como Isak Dinesen.

También los hay que buscan fortuna como negros literarios. Finalmente, existe el autor que narra bajo la seducción de un heterónimo (Fernando Pessoa era uno de ellos): juegan hasta inventarse un nuevo nombre, una biografía y una obra literaria ajena a sí mismos.

Hoy, sabemos que Amy Martin es el heterónimo de Irene Zoe Alameda, un alias que incluso escaló hasta ejercer de “negra literaria” de muchos de los expertos que escribían para Fundación Ideas, según explica ella misma en su comunicado de confesión.

Heterónimo, negro literario, seudónimo desvelado… ¿Se convertirá Amy Martin ahora en escritora ágrafa, aquella que se niegue a escribir? Seguro.

“Llegada de un largo viaje con varios tramos, he podido ser consciente de las consecuencias que el experimento literario Amy Martin han traído a Carlos Mulas, he decidido poner fin a semejante injusticia y crueldad”, reza el comunicado.

Con ello, Alameda entierra al monstruo Amy. Concluye así su experimento metaliterario, aquel en que un escritor crea a otro escritor inexistente.

Muerta Amy, quedará la próxima novela que Irene Zoe Alameda publicará con la editorial Edhasa en los próximos meses. Está previsto que se lance primero en formato e-book, con códigos QR, vídeos, reportajes, música y… realidad aumentada, según confirman desde la editorial.

Muchas voces que hoy escriben sobre Alameda puede que vean en el título de dicha novela una metáfora, o bien una profecía. Recuerden: Los últimos días de Warla Alkman.

La realidad ha superado al experimento metaliterario. Fin del juego que Irene Zoe Alameda quería que se prolongase durante décadas, o toda una vida.

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