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domingo, 12/02/2012 - 04:20 h

Literatura

Josan Hatero y sus radiografías del querer

11/03/2010 | Elena Cabrera

El escritor barcelonés fabrica un bestiario de 151 tipos de amantes.

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Josan Hatero es un escritor lento que, en catorce años, ha publicado cuatro libros. Esa cadencia tranquiliza a los estresados lectores que desean estar al tanto de la joven narrativa española, que parece escupir obras en lugar de imprimirlas; por la velocidad, no por la composición.

La pequeña obra de Hatero le permite seguir siendo una joven apuesta, a pesar de sus 40 años a cumplir en el año 2010. Tener 40 en estos días no es como tenerlos en el siglo pasado. Ahora la juventud abandona a los escritores a una edad que aún desconocemos. Recordemos que el renovador Agustín Fernández Mallo, creador de la nocilla con minúsculas, tiene tres años más que Josan Hatero.

Josan tiene un gran talento para titular. Su primer libro enmarcaba una serie de sagaces relatos bajo el nombre Biografía de la huida (1996). Su novela -no muy larga- se titulaba El pájaro bajo la lengua (1999) y abordaba la historia de cuatro reclutas. De vuelta a las narraciones breves, el autor publicó Tu parte del trato en el año 2003.

En La piel afilada, subtitulado Un bestiario de amantes (Alfaguara, 2010), el escritor vuelve a precisar de la brevedad como aliado. "Me gusta contar historias, pero centrándome en esos momentos claves que marcan una vida y con un lenguaje que cuente sólo lo esencial, despreciando lo superfluo, todo aquello que no sume. Y eso es propio de la narrativa breve" explica Hatero sobre el porqué de su gusto por lo conciso.

Se trata de breves tipologías de amantes -erróneos, abandonados, enmascarados, Bartleby, los que graban, suicidas, boomerang, sin remedio...- intercaladas con monólogos de seres solitarios.

"En este libro -aclara el autor- utilizo el deseo sexual como una guía para hablar de la identidad, de aquello que nos conforma como amantes y, por tanto, como especie. Pero sin duda existe un juego de búsqueda y de reconocimiento".

Esa búsqueda funciona en dos sentidos. El lector se busca -aunque quizá no se encuentre, o lo haga en más de una página- pero también lo hace el autor: "en todo lo que hago hay una búsqueda de mi propia identidad y un deseo de entender la mecánica de las relaciones, de las emociones. En La piel afilada he podido profundizar en esos intereses de la forma más directa posible al tiempo que creaba un artefacto literario y lúdico".

Jugueteos

Es lúdico, sí, porque es un juego. Hatero juega con las palabras, con las memorias, con las probabilidades. La ilustradora Montse Bernal -cuyo nombre merecería haber aparecido en la portada- también juega con los textos de Josan intercalando sus preciosas ilustraciones entre los pequeños capítulos.

"Cuando escribes una obra de narrativa digamos clásica, con argumento, sabes el punto de principio y el del final", cuenta el autor. "En este caso, al no haber argumento, me faltaba esa guía, y tenía la ansiedad de no dejarme fuera ningún aspecto del deseo sin tratar. Además de la tarea de crear más de 100 tipos de amantes que cada uno tuviera su propio carácter y lenguaje".

Además de los tipos están las confesiones: Pablo, Sonia, Marcos, Elena, Ascensión, Martín... "La idea de los monólogos es de que funcionen como respiro, como una pausa entre la intensidad de la tipología de amantes, además de dar otro punto de vista, en primera persona. Al principio entrevisté a cinco o seis amigos que estaban solteros y les hice un cuestionario. De sus respuestas, sin ser del todo fiel a sus discursos ya que no se trataba de reproducir sus palabras como si fuera la transcripción de una grabadora, creé unos personajes de ficción. El resto de monólogos los inventé".

"Hay una serie de argumentos o modas que copan las estanterías. Si algo vende, se busca la copia. Y mi ambición era asaltar esas estanterías con un libro que devolviera al lector el placer de leer algo diferente", concluye Hatero. El escritor tiene claro que, tras estas radiografías del querer, lo siguiente que escribirá será "una novela centrada en la evolución de unos personajes", una relación más duradera que esos polvos de una noche que suponen los relatos breves.

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