jueves, 23/02/2012 - 13:51 h
En la novela ‘La insólita amargura del pastel de limón’ la escritora estadounidense Aimee Bender cuenta la historia de Rose, una niña capaz de adivinar los sentimientos que se anidan en cada comida.
Dulce, esponjoso, ligeramente ácido. De un pastel de limón y chocolate podemos esperarnos muchas cosas menos que sepa a soledad, cansancio, frustración y tristeza. ¿Acaso la comida tiene sentimientos? Probablemente no, pero casi siempre es un buen pretexto para hablar de ellos.
Rose Edelstein es una niña a punto de cumplir 9 años que una tarde de primavera, al probar el pastel que le ha preparado su madre, descubre ser capaz de adivinar los sentimientos que se anidan en cada comida.
La tristeza del pastel de limón
La insólita amargura del pastel de limón, la primera novela de la escritora estadounidense Aimee Bender que se traduce al español y que ha sido recientemente publicada por Lumen, cuenta la historia de Rose, de su madre y de su tristeza, de su padre y de su autoimpuesta serenidad y de su hermano Joseph cuyo único deseo es desaparecer.
La novela cuyo título original es The Particular Sadness of Lemon Cake (algo así como La especial tristeza del pastel de limón) sigue a Rose desde el inicial e incómodo descubrimiento – que la obliga a comer sólo lo que sale de las máquinas expendedoras para mantenerse lejos de cualquier sentimiento humano – hasta la definitiva aceptación de un don tan especial.
Galletas enfadadas y brownies deprimidos
Obviamente el camino de la pequeña es cuesta arriba y está repleto de insidiosas galletas que saben a rabia, brownies deprimidos, pizzas que saben a tristeza, rosbif que saben a alivio y traición y finalmente una sopa de cebolla que sabe a sopa de cebolla.
La idea de que la comida pueda expresar sentimientos de todo tipo no es nada nuevo – valgan dos ejemplos de libros-películas como Como agua para chocolate y Chocolat – pero en el caso de esta novela la trama es lo de menos.
Como si de una tarta se tratara, Bender va bordando y decorando cada una de las trescientas páginas con buenas invenciones y una prosa que se hace cada vez más seca, alejándose mucho - y menos mal - de un inicio incierto y algo empalagoso.
En otras palabras, no hay que dejarse engañar por el título: La insólita amargura del pastel de limón es una buena novela y no sólo porque el camino de salvación de la protagonista pasa por deliciosos manjares, de los que llega a adivinar los ingredientes y la procedencia de cada uno de ellos, sino porque va más allá de las peripecias de Rose con la comida dando giros narrativos inesperados y valientes.
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