sábado, 11/02/2012 - 20:34 h
Viene de Rusia, mide 3,75 metros cuadrados y está pensado para hacer la vida de los viajeros, de los hombres de negocios e incluso de los que necesiten un pequeño descanso tras una intensa sesión de shopping, un poquito más fácil. Reinventando el concepto de no lugar.
En estos días del mayor colapso aéreo desde el atentado a las Torres Gemelas, de colas infinitas en las estaciones de trenes, de tristeza, de esperas extenuantes y sobre todo de mucho, muchísimo cansancio se puede afirmar con casi certeza que éste es un proyecto destinado a tener éxito.
De la mano de dos jóvenes arquitectos rusos, Alexey Goryainov y Mikhail Krymov, creadores del estudio Arch Group de Moscú, llega Sleep Box, literalmente “caja del sueño”, una especie de habitación postiza que se puede instalar en los aeropuertos o en las estaciones de trenes, pero también en los centros comerciales, palacios de congresos, centros de exposiciones o incluso en la misma calle, para que todo el mundo, si le apetece o si lo necesita, pueda descansar.
La “caja del sueño” es alta 2,3 metros, ancha 2 y larga 1,4. Aunque parezca imposible, en este pequeño espacio cabe una cómoda cama de 2 metros por 60 cm, cuya característica principal es un sistema automático de cambio de sábanas.
Una vez que el viajero o el visitante haya abandonado su habitación transitoria, el colchoncito que cubre la cama se “rebobina” en una de las extremidades de la cama misma, dejándola otra vez limpia y lista para el uso. Naturalmente, también hay espacio para el equipaje debajo de la cama.
Sleep Box está dotado de un sistema de ventilación, alarmas, una televisor con pantalla LCD, conexión WiFi, iluminación regulable y tomas de corriente para el ordenador y para el teléfono móvil. Es decir, que tiene todo lo necesario para que uno pueda descansar, entretenerse y pasar un buen rato al reparo de ojos indiscretos, siempre que se cierren las cortinas automáticas, claro. ¿El único defecto? No dispone de servicios higiénicos.
Este espacio se puede alquilar a partir de un cuarto de hora hasta varias horas y pagando un modesto “plus” el viajero más exigente podrá hacerse con un juego de sábanas tradicional para convertir este minúsculo espacio, que de tradicional no tiene absolutamente nada y que hasta hace poco no era ni siquiera inimaginable, en un verdadero hogar ocasional.
De esta forma, lugares no lugares, como los aeropuertos, las estaciones de trenes, los centros comerciales o la calle misma se pueden convertir en algo diferente, más personal e íntimo, aunque sea por algunos minutos.
Un ejemplo de arquitectura práctica, de pura creatividad aplicada a las exigencias comunes de todos los días, que soluciona problemas y transforma un estilo de vida aunque, por lo menos de momento, la idea de dormir el uno al lado del otro en un centro comercial o de echarse una siesta en el cruce principal de una gran ciudad provoca más inquietud que alivio. Como en su día la mayoría de las cosas sobre las que está construido el futuro en el que vivimos. Quizás sea, también esta vez, sólo una cuestión de tiempo.
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