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monumentos y patrimonio nacional

Gertrudis Gómez de Avellaneda, la primera mujer a la que la RAE dijo no

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sábado, 26/01/13 - 13:26

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A Coruña, 26 ene (EFE).- "Estoy seguro de que habrá más mujeres en la Academia porque es lo natural, lo norma". Las palabras del secretario general de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva, encierran una "injusticia" histórica que arrancó en 1853 con una escritora cubana, la primera a la que la Academia dijo no: Gertrudis Gómez de Avellaneda.

Gertrudis Gómez de Avellaneda, la primera mujer a la que la RAE dijo no

A Coruña, 26 ene (EFE).- "Estoy seguro de que habrá más mujeres en la Academia porque es lo natural, lo norma". Las palabras del secretario general de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva, encierran una "injusticia" histórica que arrancó en 1853 con una escritora cubana, la primera a la que la Academia dijo no: Gertrudis Gómez de Avellaneda.

"Fue la lumbrera del siglo XIX". La dramaturga más importante de la época", subraya a Efe el guionista de origen cubano Manuel Lorenzo Abdala, quien tras años estudiando la figura de Gertrudis Gomez de Avelleneda ha elaborado un guión sobre la vida y obra de la escritora.

Nacida en Puerto Príncipe, hoy Camagüey (Cuba), el 23 de marzo de 1814, Gertrudis Gómez de Avellaneda llegó a España en 1836, instalándose en A Coruña. El ambiente conservador de la ciudad desagrada a la escritora cubana que tras un periplo por Andalucía decide fijar su residencia en Sevilla.

En 1940 decide trasladarse a Madrid y en sólo unos meses se movía ya en los círculos literarios del Madrid de mitad del XIX con el respeto y admiración de los grandes intelectuales de la época: Alberto Lista, Juan Nicasio Gallego, Manuel Quintana, Bernardino Fernández de Velasco, Nicomedes Pastor Díaz o José Zorilla.

El éxito literario alcanzado en aquellos años, con obras como "La verdad vence apariencias" (1852), "Errores del corazón" (1852), "El donativo del diablo" (1852) o "La hija de las flores" (1852) y "La Aventurera" (1853) no fueron argumento suficiente para convencer a los académicos de que Gertrudis -entonces era el propio interesado el que proponía su candidatura- merecía entrar a formar parte de la academia.

Encarnecidos debates sobrevinieron a su propuesta. La propia escritora avivó la polémica: "La presunción es ridícula, no es patrimonio exclusivo de ningún sexo, lo es de la ignorancia y de la tontería, que aunque tiene nombres femeninos, no son por eso mujeres".

La reacción de los académicos fue categórica: en la Academia no había plazas para mujeres.

Esa norma, nunca escrita, se aplicó a las que posteriormente lo intentaron: Emilia Pardo Bazán o María Moliner.

No fue hasta la caída del franquismo, en 1979, cuando la RAE aceptó el ingreso de la primera mujer en la institución: Carmen Conde.

Después lo hicieron Elena Quiroga, en 1984, y Ana María Matute, en 1998.

Dos años más tarde sería elegida académica la historiadora Carmen Iglesias y en 2001, la científica Margarita Salas.

Para Gertrudis Gómez de Avellaneda era ya demasiado tarde. Su figura había caído en el olvido desterrada de la memoria colectiva por su condición de "apátrida" tras el desastre del 98.

"En Cuba la veían como española y en España como cubana", apunta Abdala a Efe.

El recuerdo de Gertrudis, la más famosa de las escritoras de mitad del XIX, fue diluyéndose sin que hoy pocos la incluyan junto a Rosalía de Castro o Gustavo Adolfo Bécquer como representantes del romanticismo español.

"Es una injusticia", subraya Abdala, aludiendo a las palabras del máximo responsable de la RAE.

Por ello, coincidiendo con el tricentenario de la institución y el bicentenario del nacimiento de la autora cubana, Abdala ha reclamado la inclusión de Gertrudis Gómez de Avellaneda como "Académica honorífica", un distintivo que hasta ahora sólo ha sido concedido a 12 hombres -aparte del caso excepcional de María Isidra de Guzmán, admitida como académica honoraria en 1784 pero que nunca llegó a ocupar el sillón honorario-.

Un sillón "Q" que vendría a resarcir un olvido histórico, apostilla Abdala.

Pablo L. Orosa

(Agencia EFE)

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