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música clásica

Barenboim dirige a la chelista Alisa Weilerstein nada menos que en "Elgar"

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martes, 15/01/13 - 15:34

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Madrid, 15 jun (EFE).- Decir "Concierto de Elgar" es decir escalofrío y desgarro y también Jaqueline du Pre. Ahora la chelista norteamericana Alisa Weilerstein (1982) se ha "atrevido" a grabarlo dirigida nada menos que por Daniel Barenboim, esposo de la primera hasta su muerte, y experto en esa obra "sagrada" para ella.

Barenboim dirige a la chelista Alisa Weilerstein nada menos que en "Elgar"

Madrid, 15 jun (EFE).- Decir "Concierto de Elgar" es decir escalofrío y desgarro y también Jaqueline du Pre. Ahora la chelista norteamericana Alisa Weilerstein (1982) se ha "atrevido" a grabarlo dirigida nada menos que por Daniel Barenboim, esposo de la primera hasta su muerte, y experto en esa obra "sagrada" para ella.

"Tenía verdadera obsesión con Du Pre (1945-1987) y especialmente con su primera grabación de ese concierto, pero cuando cumplí los 12 y empecé a estudiarlo en serio me prohibí escucharlo más porque tenía que encontrar mi propio camino y escapar de su poderoso influjo", explica la chelista en una entrevista con Efe antes de actuar en Galicia (17, 18 y 19) y en Cataluña (23, 25 y 27).

A Weilerstein (Rochester, Nueva York) cada partitura le cuenta "una historia", como si de un libro se tratase, y la de Elliott Elgar le sugiere "un réquiem por una edad del mundo que se pierde definitivamente. Es muy nostálgica, personal, nada heroica", como si fuera, compara, Tolstoi o Dostoyevsky.

La artista, hija de pianista y de violinista, empezó a tocar el chelo con 4 años y desde los cinco, recuerda, tiene predilección por "la música oscura", la que "hace un nudo en el corazón y desgarra", pero es consciente de que las comparaciones con Du Pre, especialmente con la grabación que hizo en 1965 junto a John Barbirolli y la London Symphony Orchestra, son "inevitables".

La versión de Weilerstein con la Staatskapelle de Berlín y Barenboim, que dirigió a Du Pre en su segunda grabación del concierto, es muy semejante a la que hizo la británica precisamente en su total extraversión emocional.

"Es un trabajo sincero y honesto, sensitivo, intenso y delicado y por eso no me dan miedo las comparaciones", asegura la chelista, que da unos 140 conciertos al año y que actuó en España por primera vez siendo una quinceañera.

El concierto para chelo del británico Edward Elgar (1857-1934) es un trabajo muy oscuro, porque refleja la desilusión que siguió a la I Guerra Mundial y, como él mismo decía, "todo lo que era bueno, bonito, limpio, fresco y dulce desapareció para nunca volver".

Weilerstein, que en 2010 se convirtió en la primera violonchelista que contrataba Decca Clasic en 30 años, tocó por primera vez para Barenboim en 2008 y éste, tras escucharla, la citó en la Scala para meses después: "yo solo quería aprender y quiero subrayar que no solo es un director genial sino un profesor genial".

El director y pianista le dijo que tenía que tocar el "Concierto de Elgar", "del que él sabe más que nadie en el mundo", y ella le contestó "!jamás!. Esa es una pieza sagrada".

"Dos semanas después nos reunimos en el Carnegie Hall y la toqué con él al piano. Me dijo '¿quieres interpretarla conmigo y con mis músicos de Berlín?. Me quedé -rememora poniendo los ojos como platos- en shock, y aquí estamos".

Barenboim ha sido un ferviente defensor del talento de Weilerstein desde que la acompañó en el "Concierto de Elgar" como parte del Concierto Europa celebrado en 2010 en Oxford, transmitido por televisión a toda Europa.

En el disco, el "Concierto de Elgar" está emparejado con una obra maestra contemporánea del norteamericano Elliott Carter, hasta su muerte el pasado mes de noviembre, a los 103 años, el decano de los compositores de su país.

Se trata de una pieza mucho más feliz y juguetona, una de las preferidas de Barenboim, escrita en un estilo que muchos consideran imposible por su dificultad: "a veces las cosas parecen difíciles pero hay que darle una oportunidad. Creo que es una obra que atrapa", sostiene ella.

El disco concluye con el "bonus" de una apasionada ejecución de "Kol Nidrei", de Max Bruch, que permite volver sobre los pasos románticos después del divertimento estilístico de Carter.Concha Barrigós.

(Agencia EFE)

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