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martes, 16/09/14 - 14: 36 h

música clásica

Ruiz-Domènec traza una historia de Europa a partir de la evolución musical

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domingo, 13/01/13 - 13:56

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Barcelona, 13 ene (EFE).- El historiador José Enrique Ruiz-Domènec, autor del ensayo "Escuchar el pasado" considera que "la música es hija de su tiempo y rara vez un músico hace música de otra época".

Ruiz-Domènec traza una historia de Europa a partir de la evolución musical

Barcelona, 13 ene (EFE).- El historiador José Enrique Ruiz-Domènec, autor del ensayo "Escuchar el pasado" considera que "la música es hija de su tiempo y rara vez un músico hace música de otra época".

En una entrevista concedida a Efe, Ruiz-Domènec asegura que la principal aportación de "Escuchar el pasado" (RBA) es que es "la primera vez que se interpreta el ritmo de la Historia con la música como fuente documental, algo que sí se había hecho, en los años setenta con la arquitectura o con el arte.

El ensayo, donde traza por primera vez una historia de Europa a partir de la partitura construida desde los trovadores hasta Schönberg, parte de unas conferencias y audiciones que organizó en Barcelona en 2003.

El historiador granadino se dirige a un lector medio, al que le puede interesar la música clásica y la historia, pero que no necesariamente ha de ser especialista y por esa razón, explica, desterró "la jerga musical y no se trata de un libro de música en el sentido clásico, no hay partituras".

Para el historiador, "lo que mejor define el ritmo de la Historia de Europa es su música, desde el siglo XII hasta ahora, y durante ese período la música fue el único elemento que compensó el espíritu agresivo y conquistador de sus pueblos".

En los ocho siglos que analiza Ruiz-Domènec, "se producen dos o tres grandes guerras por siglo, y la música, que es además el único arte internacional -la pintura románica es diferente en el norte y en el sur- sirve en muchas ocasiones de catarsis".

Haendel compone su popular "Mesías" cuando descubre la insensatez de Federico el Grande en su ataque a Austria por conquistar Silesia en 1741, que "representa la vuelta a las guerras de religión entre católicos y protestantes".

El azar de la historia está detrás de muchos de los hitos de la música clásica como recuerda el autor: "Si no hubiera fracasado en la música religiosa, Monteverdi no se habría ido a Venecia, donde puso las bases de la ópera".

Giovanni Pierluigi da Palestrina se convirtió en "el arma musical de la Contrarreforma, pero se debe reconocer que evitó que el catolicismo, con el Papa a la cabeza, liquidara la música en el Concilio de Trento, y con ello permitió que llegara la música del Renacimiento, y (la composición conocida como) el madrigal pone las bases para que pudieran existir Monteverdi, Scarlatti y Vivaldi".

La importancia del factor humano tiene su reflejo más claro en Luis XIV, el Rey Sol, que con la construcción de Versalles propiciará la música alegre de Lully, pero que "al tener un mal envejecer y entrar en un misticismo agudo en sus últimos años, necesitará de otro compositor que le explique lo que le pasa y ese es Charpentier".

La relación entre la música y la Historia está trufada de ejemplos clarividentes como el caso de Purcell, que compone a finales del siglo XVII la ópera "Dido y Eneas" para explicar a la reina María Estuardo "el acierto de su decisión de apoyar a su marido Guillermo de Orange en detrimento de su padre Jacobo Estuardo".

Sin abandonar Gran Bretaña, poco después, Haendel, que llega de la mano del nuevo rey Jorge de Hannover, se implica tanto en la política que incluso compone el actual himno británico.

La ausencia de la música española en el ensayo tiene su explicación: "El Imperio Español, que durante dos siglos dominó la escena europea, nunca entendió el ritmo de la Historia, y aunque inicialmente su música se hizo sofisticada, recogiendo la tradición borgoñona, nunca tuvo un personaje crucial como sí sucedió en la literatura con Cervantes o en la pintura con Velázquez".

Cuando surgieron esos compositores cruciales, la competencia es mayor: "Albéniz se topa con Ravel, Satie y Debussy; y Falla llega al París en el que está Stravinsky".

Ruiz-Domènec pone fin a su repaso histórico-musical con Arnold Schönberg y 1933, cuando llega el nazismo al poder en Alemania.

Después de la II Guerra Mundial, "otras músicas como el swing, el tango, los boleros, el boggie boggie, el jazz, el folk o el rock dieron mejor respuesta a lo que sucedía que la música del canon".

En ese mismo contexto, el cine, el gran arte del siglo XX, se presentó, según el historiador, como "el arte que mejor ha sabido interpretar el valor de la música a través de la banda sonora".

Jose Oliva

(Agencia EFE)

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