miercoles, 10 de febrero de 2010 - 00:04 h
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Todo hacía pensar que era una visita protocolaria más, aunque con un fuerte matiz melancólico porque era la última. El alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, y la delegada de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto-Castro, recibieron ayer en el Ayuntamiento al arzobispo emérito de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, antes de que ponga rumbo a Madrid tras serle aceptada su renuncia por el Papa. Con puntualidad británica, y acompañado por el inseparable hermano Pablo, el prelado llegó al Consistorio, abrazó efusivamente al regidor y ambos subieron al despacho del primer edil para intercambiar las últimas palabras. Pero los responsables de protocolo –y quizá el propio alcalde– querían que la despedida del cardenal que ha pastoreado la archidiócesis durante 27 años fuera especial. Amigo Vallejo no ha tenido encontronazos sonados con los diferentes inquilinos de la Plaza Nueva. Más bien todo lo contrario. Su relación con los gobiernos municipales ha sido fluida y fructífera, al igual que con los responsables de la Junta. Por ello, la banda municipal formó a pie de escalinata e interpretó las populares «sevillanas del adiós» cuando el purpurado se disponía a abandonar el Ayuntamiento. «Algo se muere en el alma/ cuando un amigo se va/ y va dejando una huella/ que no se puede borrar». La letra de los Amigos de Gines parece compuesta para el franciscano, que miraba con estupor cómo se llenaba la plaza y la gente acompañaba a los músicos con palmas. «Uno disimula todo lo que puede, pero estoy emocionadísimo y llorando por dentro», reconoció mientras decenas de personas se le acercaban para despedirse en este avance de su adiós oficial, que se producirá mañana en la Catedral. «Todo esto, digamos que improvisado, parece que te llega todavía más hondo. Me he sentido como si estuviera junto a todos los sevillanos. Naturalmente, quiero muchísimo a Sevilla». Amigo Vallejo se instalará en Madrid en un piso cedido por la Orden Franciscana, a la espera de que le sean encomendadas nuevas responsabilidades que nada tendrán que ver con la gestión de una diócesis. «Es una vivienda muy sencilla, lo suficiente para la vida que deseo llevar, lo más sencilla posible en la medida en que me dejen». Aún así, reconoció que «tengo varias cosas comprometidas, por lo que no me quedaré todo lo tranquilo que yo deseara». Sin embargo, dejó bien claro que sus visitas a Sevilla serán ahora «ocasionales». Sobre la posibilidad de que presida la salida de la hermandad del Buen Fin el próximo Miércoles Santo –tal y como hacía cada año– fue claro: «Seguro que me veis aunque no esté físicamente. 'Mira, por aquí está fray Carlos con la hermandad del Buen Fin'», bromeó, aunque matizó que «en Semana Santa hay muchos compromisos». «Ese vacío que deja/ el amigo que se va/ es como un pozo sin fondo/ que no se vuelve a llenar».
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