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música folclórica

"El muerto y ser feliz", cine de vanguardia por el que hay que luchar

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jueves, 03/01/13 - 17:21

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Madrid, 3 ene (EFE).- "El muerto y ser feliz", tercera película del realizador madrileño Javier Rebollo, es una "road movie" que mezcla modernidad y tradición, "deconstruye" a su protagonista y trabaja la banda sonora como si fuera un puzzle en una propuesta de cine "distinto" que no hay que permitir que desaparezca.

"El muerto y ser feliz", cine de vanguardia por el que hay que luchar

Madrid, 3 ene (EFE).- "El muerto y ser feliz", tercera película del realizador madrileño Javier Rebollo, es una "road movie" que mezcla modernidad y tradición, "deconstruye" a su protagonista y trabaja la banda sonora como si fuera un puzzle en una propuesta de cine "distinto" que no hay que permitir que desaparezca.

Esa es la opinión no solo de su director y de su actor principal, José Sacristán, galardonado por este trabajo en el último Festival de Cine de San Sebastián, sino del productor José Nolla, un cineasta que ha hecho una "apuesta ideológica" por esta clase de películas a la que ve en riesgo real de desaparecer.

"Hay una estrategia clara de eliminación, de revancha, contra este tipo de cine, para el que cada vez hay menos apoyo público, y que se entienda como daños colaterales", afirma el productor en rueda de prensa, convencido de que el cine "poético, investigador y radical" es necesario, porque, si no, "el resto se empobrecerá".

"No puede haber cine narrativo convencional si no hay este otro tipo de cine", zanja Nolla.

La película, contada de modo inusual, con intervenciones de un narrador anticipando cada escena, "para dar la sensación de que la película se está haciendo", ha explicado Rebollo, cuenta la historia de Santos (Sacristán), un asesino a sueldo enfermo terminal de cáncer, que coincide con Erika (Roxana Blanco) en un último viaje a lo largo de 5.000 kilómetros por la Argentina más desconocida.

Cuesta definir "El muerto y ser feliz", reconoce el director ("Lo que sé de Lola", 2006, y "La mujer sin piano", 2009), quien toma prestado de un amigo neoyorquino el calificativo de "género torcido".

"Hemos cogido un género, una 'road movie', para contarlo de otra manera; creo que ya no se pueden contar las cosas como antes, igual que la interpretación de Pepe (Sacristán), que es el de siempre, el que nos ha enamorado y con el que hemos crecido, pero con algo nuevo, deconstruyendo el mito y la figura de José Sacristán".

"Lo que me fascinaba de este personaje, que está hecho para mí, -ha apuntado Sacristán- es que, siendo un tipo que no sabe a dónde va, sí sabe de dónde viene".

Y viene de España y, por eso, hasta en sus últimos momentos, ha dicho, se lanza a la copla. Incluso "podría ser 'El Castañita', que cantaba flamenco en el teatro de su padre -un personaje creado por el intérprete para su segundo largometraje como director, "Cara de acelga", 1986- y que se hubiera ido a vivir a Argentina".

Pero también remite a Don Quijote, en la parte de "lanzarse a la aventura aún sabiendo que los molinos son molinos", y a Buster Keaton. "Y a Bill Murray, y a Kafka", abunda Rebollo.

A sus 75 años, Sacristán ha asegurado que no puede desligar su vida de su oficio y que siempre que trabaja trata de recuperar al niño que "jugaba a ser pirata, gánster o bombero" para provocar la risa o el llanto, con un método propio, "mitad Stanislavski, mitad 'Niña de los peines'", suelta, entre las risas de los periodistas.

La película está plagada de planos surrealistas llenos de simbolismo, arropados por unas tomas de sonido hiperrealistas, con varias fuentes superpuestas, ganando cada una su espacio según interesa a la trama narrativa, como la machacona lista de nombres que Santos repite "en off" y que parecen ser las personas que ha matado.

Sacristán bromea con el hecho de que sea la cinta en la que, ha recordado, menos habla (después de la verborréica interpretación de su último protagonista, "Madrid, 1987", "ocho folios cada escena", se ríe) y también porque Rebollo "se ha cargado" el plano-contraplano para apostar por "mucha cámara al hombro" y tomas sobre el coche.

Otra particularidad de la cinta es el tratamiento del lenguaje, dicho con acento castellano y modismos locales argentinos, otra "deconstrucción", en esta ocasión de la guionista y narradora Lola Mayo, quien explica que quería así incorporar "todos los lenguajes, los lugares y personas" con los que Santos se fue cruzando.

Rodada en ocho meses en Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy y Bolivia, esta película de "carretera, perros y pistolas" se estrena el próximo día 11 de enero.

(Agencia EFE)

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