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miercoles, 08/02/2012 - 20:51 h

Música

Cómo se reparte el dinero en el negocio del 'streaming'

10/03/2010 | Elena Cabrera

En el mundo de la música digital se repite el viejo problema del intermediario entre músico y tienda -el distribuidor- con la figura del agregador, que cobra a los sellos pequeños y a los músicos que van por libre para subir sus canciones a Spotify. Te explicamos cómo circula el dinero entre los oyentes y los creadores.

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Cómo cobrar de Spotify

10/03/2010 - 06:30h | Chiqui Esteban, Elena Cabrera

 Ilustración de Raúl Arias

Primera parte: ¿Se puede vivir del streaming?

Comercializar la música en formato digital no es fácil, sobre todo si el músico quiere encargarse él mismo de la tarea. Según explicó la primera parte de este artículo, el creador debe saber que servicios como Spotify le servirán más como promoción que como fuente de ingresos pues por ahora los beneficios son "ínfimos". En esta segunda parte queremos explicar cuántos eslabones forman la cadena de la musica digital y cómo se engarzan entre ellos. Un gráfico al comienzo de esta página ayuda a entenderlo mejor.

Según Álvaro de Torres, director de la editorial musical Warner Chappell y miembro de la Junta Directiva de la SGAE, en 2009 la SGAE recaudó 198.000 euros en concepto de derechos por streaming por la totalidad del repertorio que gestiona. Teniendo en cuenta que el volumen de recaudación anual es de 300 millones de euros, el negocio del streaming supone un escasísimo 0.066 por ciento. A Warner Chappell le toca un 10 por ciento de esos dos cientos mil euros, que reparte con sus autores según sus contratos. En el mejor de los casos, autores y editorial van a medias.

Fuentes de Warner Chappell y de otra de las editoriales más importantes, EMI Publishing, coinciden con Spotify en que no importa tanto que el dinero sea escaso como que escuchar toda la música posible en streaming es la única opción "contra la piratería". Cuando hablan de "piratería" las editoriales se refieren al intercambio de archivos de música en redes P2P, una práctica que en España no es delictiva mientras no contemple ánimo de lucro, pues está amparada por el derecho a la copia privada.

Pervive la figura del intermediario

Spotify tiene acuerdos con las cuatro multinacionales y los principales sellos independientes. Las discográficas más modestas no pueden subir su catálogo directamente a Spotify sino que tienen que hacerlo mediante unos intermediarios denominados agregadores. Algunos músicos comparan este manera de funcionar con el viejo modelo discográfico en el que un sello necesitaba de una distribuidora para llegar a la tienda y al comprador.

Lutz Emmerich, representante de Spotify en España, justifica la imposición de este mediador por "los miles y miles de formatos" con los que un usuario podría subir su canción a internet. El intermediario que convierte los archivos al formato adecuado y realiza un control de calidad les hace la vida más fácil. Pero, para los sellos o los autores que van por libre, ceder su propio catálogo a un agregador no es gratis. La Cúpula, una empresa de Barcelona cliente de Spotify, cobra 0.75 euros por canción, con unos gastos adicionales de distribución (0.75 euros) y management (1.50 euros). El autor recibe a cambio el 85% de las ventas. Un importante agregador internacional, CDBaby, cobra al usuario 35.7 euros por registrarse -en lugar de una tarifa por canción- y además se quedan con el 9% de los beneficios de cada tema. Con esta tarifa plana alentan al músico a subir el máximo número de canciones y así engrosar los más de 2.3 millones de canciones que dicen tener.

Pablo Schvarzman, músico y ex empleado de La Cúpula explica que aunque los agregadores hacen que el trabajo de los operadores sea "más cómodo" el tener que pagar por ese servicio "está haciendo que los músicos se echen atrás" a la hora de ceder su repertorio.

Spotify paga a los agregadores por cada usuario que escucha una canción. La mitad de lo que gana se lo queda Spotify y la otra mitad el agregador lo reparte a todos los grupos, proporcionalmente a lo que han escuchado.

En España pocos pagan

Más de 7 millones de usuarios de seis países europeos usan Spotify. Un 3.57 por ciento de ellos paga para usar Spotify con más calidad de audio (320 kps frente a los 160 de la opción gratuita), sin publicidad y en el móvil.

Según reveló Rob Wells, vicepresidente del departamento Digital de la discográfica multinacional Universal, con que Spotify consiguiera convertir entre un 10 y un 12 por ciento de sus usuarios gratuitos en premium en un solo país, podría pagar a los sellos con un porcentaje del dinero que genera gracias a la publicidad y a las suscripciones. Preguntados al respecto, Spotify España advierte que ellos no han comunicado ese dato y que tampoco lo confirman.

Wells explicó que Spotify utiliza diferentes métodos de pago en los seis países en los que opera. En Suecia, Noruega, Finlandia y Francia la compañía líquida a Universal según los ingresos que recibe. En España y Reino Unido, debido a la gran cantidad de usuarios gratuitos, lo hace mediante un royalty por cada usuario que escuche una canción de su catálogo. Es decir, en España, aunque Spotify consiga que crezca el número de sus usuarios que pasan por caja, los autores seguirán recibiendo lo mismo. Al menos los autores de Universal.

Un 2 por ciento más para los autores

Yes.fm es un sistema similar a Spotify pero creado en España. Su director, Frédéric Terrien, explica que en septiembre de 2008 se lanzó "con grandes expectativas y en plena crisis" y funcionó hasta junio de 2009, momento en el que los socios inversores se retiraron porque el modelo económico no era viable. Los usuarios de pago abonaban 3.95 euros al mes pero el coste directo del consumo de música que ocasionaba cada oyente era de 5.50 euros. Las cuentas no cuadraban. Terrien se empeñó y el proyecto sigue adelante, cambiando las reglas del juego. Ahora la opción de pago ha subido a 7.90 euros al mes o 9.90 si se quiere usar el servicio en un iPhone. Un precio mucho más parecido a los 9.99 euros de Spotify.

Yes.fm paga a la discográfica entre 0.1 y 0.15 euros por cada canción escuchada. Y a la SGAE le paga el 8% de sus ingresos totales (publicidad más suscriptores) aunque en 2010 la tarifa subirá al 10%.

Otra de las webs que oferta música en streaming es Last.fm, una empresa inglesa con un sistema propio para que los pequeños sellos y autores puedan subir su catálogo y recaudar directamente beneficios sin necesidad de pasar por ningún agregador e incluso ninguna entidad de gestión de derechos. Si la canción se escucha en la radio gratuita el autor recibe el 10% de los beneficios que obtiene la empresa al dividir el número de veces que ha sonado la canción por el número total de reproducciones de canciones en Last.fm.

El órdago de Warner

La asociación de compañías discográficas PROMUSICAE (aglutina con 86 miembros el 95% de la actividad del sector de la música grabada) calcula que los servicios de streaming suponen aproximadamente el 15% sobre el total del mercado digital. Según sus datos, en el año 2009 el mercado de descargas digitales (excluyendo móviles) consiguió 17.146.000 euros tomando como referencia el precio de venta al público de las canciones. Teniendo en cuenta la estimación del 15% para el streaming, se habrían recaudado 2.571.900 euros entre sus discográficas asociadas.

En febrero, Warner lanzó lo que desde fuentes de otras discográficas se ha interpretado como un órdago o una bravuconada: el aviso de que dejará de licenciar sus canciones para servicios gratuitos de streaming ya que esos servicios son "claramente no positivos para la industria". Esos mismos días Warner anunció que entraba en números rojos en el primer trimeste de 2010, con pérdidas de 17 millones de dólares frente a los 23 millones de dólares que perdió durante el mismo periodo en el año anterior.

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