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jueves, 23/02/2012 - 14:23 h

Música

La segunda vida de Edith Piaf gracias a Spotify

20/01/2012 | Ylenia Álvarez

Novedades en Spotify: 'Les plus belles chansons de Edith Piaf' (2012). Vaya... nada menos que 100 canciones memorables de la gran intérprete francesa. Poco o nada se mueve en las tiendas de música, pero en 'streaming' la llamada muchas veces 'Condesa Descalza' respira y canta haciendo honor a su nombre artístico, 'la Môme Piaf' (pequeño gorrión).

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‘Click’ en el famoso icono verde de Spotify y antes de que te des cuenta, ahí están las novedades de la plataforma. De pronto te asalta Edith Piaf y París, y el Teatro Olimpia y los judíos, y La Vie en Rose y el Moulin Rouge y hasta casi huele a cruasanes con mantequilla mezclados con champán francés.

Y todo por Les plus belles chansons, 100 canciones memorables de la Môme Piaf (pequeño gorrión), como la llamaron durante una etapa importante de su vida. Se trata de un disco de esos de siempre, un recopilatorio que acaba de salir y que te transporta a otra época y a otro lugar y que te deja pensar por un momento que la vida en rosa existe de verdad. Sí, una mentira piadosa…. Pero llena de placer.

Lo que a veces no se entiende es que justo Edith Piaf cantara con esa pasión ese tema, porque pocas vidas han podido ser más grises precisamente que la de la famosa cantante francesa de tan solo 1,47 centímetros.

Con decir que nació en un frío diciembre de 1915 bajo una farola frente al número 72 de la calle Belleville de París a cualquiera puede ponérsele la piel de gallina.

Como su madre era alcohólica y no tenía dinero se la dejó a su abuela materna en custodia, que en vez de leche le daba vino “para matar los microbios”, decía. Luego cayó en manos de su abuela paterna (que era del mismo palo, no nos engañemos) mientras su padre iba a la I Guerra Mundial, y creció educada por las prostitutas del burdel que su abuela regentaba.

La niña que cantaba en la plaza

La lista de desgracias en su vida fue tan larga que más que morir con 48 años en verdad parece que hubiera vivido el doble.

Cuando era niña recorrió las plazas con su padre con un pequeño circo itinerante hasta que se buscó la vida con 14 años. Dos años más tarde se quedaría embarazada de una niña que la dejaría desolada al morir de meningitis en su más tierna infancia.

Cantar en la plaza, sólo le quedaba eso, y menos mal, porque así fue cómo la descubrió el gran director de cabarets Louis Leplée y cómo grabaría su primer disco en 1936. ¿Y lo malo? Sí, sí, llegó pronto. Leplée aparecería asesinado tiempo más tarde y todas las acusaciones recaerían sobre ella. Las que más le afectaron, las de los medios de comunicación, por supuesto, ya que la empujaron de vuelta a los suburbios, a la mala vida y la pobreza más profunda.

Como el Ave Fénix renacería de sus cenizas y se convertiría en una de las cantantes de cabaret y del Moulin Rouge más prestigiosas de Francia. Defendería a los judíos en la II Guerra Mundial y les ayudaría en mil ocasiones, triunfaría en el Carnagie Hall de Nueva York y se haría amiga de Marlene Dietrich para además, entre hombre y hombre, conocer al amor de su vida.

Marcel Cerdan
, así se llamaba el hombre por el que cantó Hymne a l’amour, una de las más bellas canciones del mundo. Pasión, encuentros esporádicos, cariño, dependencia, soledad… todo eso inspiró que Piaf le llamara desesperada para verle y él muriera en un accidente de avión intentando estar a su lado. 'El pequeño gorrión' nunca se lo perdonaría y entraría en un bucle infernal del que probablemente nunca se recuperaría, aunque de él queda hoy como legado ese maravilloso tema.

Después llegarían años enganchada a la morfina tras un accidente, al alcohol y a los hombres de todo tipo. Su cama fue casi (sin exagerar demasiado) un desfile militar. Mientras, París se rendía a sus pies, la adoraba, y el gran Teatro Olimpia (que estaba a punto de cerrar) permanecería gracias a ella ‘per secula seculorum’ como símbolo de su poder, de su sensibilidad y de su calidez inconfundible.

Más de 40.000 parisinos bloquearían el tráfico el día de su entierro el 11 de octubre de 1963, después de enfermar de un cáncer hepático que se la llevaría migaja a migaja.
Francia perdía a su gran icono y el mundo del cabaret se quedaba huérfano sin ‘la Condesa Descalza’. Hoy su recuerdo ha traspasado los teatros, el cine (con una película sobre su vida) y las nuevas tecnologías.

Milord, Padam Padam, Non, je ne regrette rien, Et moi, La Foule… así hasta 100 temas que hoy toman aire y siguen viviendo en streaming con Las plus belles chansons de (la gran) Edith Piaf, que de pronto aparece en tu ordenador y te embriagan de París.

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