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arte, cultura y espectáculos

París consagra el graffiti

27/08/2009 06:30 | William Dowell | GlobalPost para lainformacion.com
Dos exposiciones en la ciudad de las luces exploran esta moderna muestra de expresión. Se cubre desde las raíces remotas de las pintadas en la Isla de Pascua hasta su nacimiento moderno en el Nueva York de los 70 y su posterior extensión a Brasil.

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PARÍS – Para nadie es sorpresa que el graffiti goce actualmente de mucha popularidad: esta forma artística (expresada con pintura de aerosol en lugares urbanos) comenzó en otro lugar y en otra época, pero también en medio de una situación económica delicada. En los años 70, Nueva York no tenía dinero para pagar a la policía y defenderse de esta forma de arte de guerrilla que provenía de los barrios sin representación.

En París, la Fundación Cartier acoge una muestra espectacular que se centra en el momento en el que lo que había nacido como una molestia comenzó a despertar el interés de las galerías y se convirtió finalmente en arte. Otra muestra, esta vez en el Espace Culturel Louis Vuitton da un vistazo más amplio a qué sucede cuando la escritura se desvincula de las palabras que supone representar.

Nacido en la calle, la exposición de la Fundación Cartier, es hermosa, revolucionaria y extraordinariamente honesta. No existe ningún tipo de intención de pasar por alto a la gran cantidad de gente que odiaba el graffiti en su pleno apogeo, especialmente cuando la pintura de aerosol de adolescentes marginales cubría prácticamente cada centímetro de los vagones del metro de Nueva York. Pero la muestra también logra llevar al espectador a un nivel más profundo para ver cómo el arte callejero –sin refinamiento- supo descubrir una energía urbana que el arte tradicional parecía no ver.

En el catálogo de la muestra, que ahora se vende prácticamente en cualquier librería de París por 40 euros, Richard Goldstein, ex editor de la famosa revista alternativa The Village Voice, describe la repercusión del graffiti sobre “las clases consumidoras de cultura”, estupefactas ante de lo que veían.

Goldstein recuerda haber visto a un ejecutivo de Wall Street intentando refugiarse en su traje y corbata cuando descubrió un enorme mural que ocupaba todo un vagón del tren. “Esta persona no pensaba que era arte mientras se escondía ante el gran telón de color que le rodeaba”, escribe Goldstein. “Pensaba en escapar de Nueva York”.

Expresión alternativa

En una sociedad inundada de imágenes y mensajes comerciales elaborados por las agencias de publicidad de Madison Avenue (la capital mundial del sector), el grafiti se convirtió en una forma de expresión para aquellos ignorados por el sistema. Si bien una gran parte podría ser cualificada como una molestia irritante, también se convirtió en una ventana para conocer la vida de esa América no representada en la cultura popular.

La bonanza económica de los años 90 y la campaña del entonces alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, de castigar la más mínima infracción, prácticamente acabaron con el arte callejero al mismo tiempo que algunas estrellas descubrían que podían forjarse una carrera como verdaderos artistas.

A medida que Nueva York fue abandonando progresivamente la escena del arte contemporáneo, el movimiento resurgió en otros lugares. “Lo que es fascinante son las diferentes direcciones que ha tomado. Ha evolucionado enormemente en estilo y técnica y en los colores que se ven”, afirma Floreal Roig, un artista francés que trabaja en la muestra.

Algunas de las expresiones más intensas de este arte provienen ahora de Sao Paulo, Brasil, donde el movimiento pixaçao ha llevado a los pixadores a competir entre ellos por apoderarse de los espacios más inaccesibles en los grandes rascacielos de la ciudad.

En Pixo, un documental de Joan Wainer y Roberto T. Oliveira encargado por la Fundación Cartier, un pixadore indica que “la pixaçao de la escritura sigue las líneas arquitectónicas de la ciudad, como si los edificios de Sao Paulo fueran una enorme hoja de croquis”. El arte, añade, “está cargado con toda la energía de la ciudad, el egotismo, la perversidad, el deseo de lo inalcanzable, de ser el mejor”, Otro pixadore sentencia: “Si estuviera permitido, nadie lo haría”.

A diferencia de la muestra de la Fundación Cartier, Silent Writing del Espace Culturel Louis Vuitton se basa en tres tablas escritas en el idioma rongorongo, descubierto en Isla de Pascua en 1869 por los misioneros cristianos. En ese entonces, los habitantes de la isla ya no sabían leer las palabras escritas. Las tablas están cubiertas de signos que son sorprendentemente claros, pero cuyo significado se ha perdido, de allí su fascinación. Louis Vuitton pidió a 10 artistas que crearan obras usando el tema de lo visible y lo legible.


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