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miércoles, 17/09/14 - 01: 59 h

pintura

Así se tunea el Muro de Berlín

Rachel Nolan- GlobalPost para la informacion.com

lunes, 20/07/09 - 06:12

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Cuando se cumplen 20 años de su caída, los artistas vuelven a pintar los murales de la Galería de la Zona Este
El artista ruso Dmitri Vrubel

Un ejército de artistas se concentra este verano por las mañanas a lo largo del Muro de Berlín. Protegidos por sombreros de paja y gorras de béisbol, los pinceles en una mano y en otra las fotografías plastificadas de sus viejos trabajos, se están dedicando a pintar de nuevo los murales creados hace casi 20 años. Gracias a ellos, estas obras callejeras no desaparecerán.

“Ya era hora”, asegura el artista de origen iraní Kani Alavi. “Si la ciudad no hubiese decidido finalmente hacer algo, el muro simplemente se habría caído”. Alavi lleva más de una década pidiendo al ayuntamiento de Berlín que reconstruya y conserve los restos del simbólico monumento, y para ello se ha unido a 118 de los otros artistas que durante la reunificación de Alemania contribuyeron a pintar la simbólica barrera de hormigón.

La reunificación no salió barata, y la ciudad de Berlín arrastra una deuda de unos 60.000 millones de euros. No obstante, este año ha logrado arañar 2,5 millones de euros de la venta de loterías y de fondos federales y europeos para arreglar una de las principales atracciones turísticas de la ciudad, coincidiendo con el 20 aniversario de la caída del muro, que se celebrará el próximo mes de noviembre. Según los artistas, el dinero llega justo a tiempo.

Los comunistas alemanes construyeron lo que llamaron la “barrera de protección antifascista” en 1961, blindando a Berlín Oriental de Berlín Occidental. “Lo levantaron en unos cuantos días”, dice Andy Weiss, un artista alemán que se ocupa de repintar unos elefantes en el muro. “Era una construcción de bastante mala calidad”.

No quedan muchos restos en pie del muro, y los que quedan están bastante deteriorados. En la euforia de los acontecimientos de 1989, los “pájaros carpinteros” despedazaron el muro con cinceles. Se llevaron con tractores trozos enteros de la barrera, que terminaron en las recepciones de algunos bancos, en mansiones particulares y en jardines con esculturas a lo largo de todo el mundo.

En 1990 Alavi, Weiss y otros artistas pintaron el pedazo más grande de muro que todavía sigue en pie, conocido como la Galería de la Zona Este (East Side Gallery), y adornaron 1.300 metros de hormigón con símbolos de paz, palomas y el famoso “beso fraternal” de Dmitri Vrubel, en el que se ve al presidente soviético Leonid Breznev plantándole un beso en los labios a su homólogo en Alemania Oriental, Erich Honecker. “Dios, ayúdame a sobrevivir este amor mortal”, dice la leyenda en ruso escrita sobre el mural.

Con el paso de los años, los grafiteros y la gente que se quería llevar un recuerdo acabaron desgastando la superficie de la galería, al tiempo que la climatología se encargaba de erosionar su interior y sacando a la luz agujeros y pilares de sujeción oxidados. Vrubel había utilizado pintura barata, que comenzaba a cuartearse, y se podía ver una grieta a lo largo de la cara de Breznev.

La ciudad de Berlín declaró la Galería de la Zona Este monumento histórico en 1992, pero pese a las peticiones de los artistas, no había dinero destinado para su mantenimiento. “Algunas veces tengo la impresión de que los políticos de Berlín estaban simplemente dormidos o de vacaciones mentales”, asegura Alavi.

“Esperaban que el muro se cayese, para así simplemente tener que barrerlo debajo de la alfombra”, es el análisis más cínico de Weiss.

El gobierno municipal era consciente de que reconstruir o reformar el muro es un tema sensible entre los berlineses. Según las encuestas realizadas por la prensa local, la idea sólo es respaldada por el 30 por ciento de los ciudadanos.

De hecho, hace unos cuantos años, las autoridades locales dieron carpetazo a otro proyecto diferente, financiado con fondos particulares, para reconstruir parte del muro cerca de Checkpoint Charlie. Tenían miedo a que se crease una especie de “Disneylandia del Muro”.

En 2007, el grupo de Alavi, el East Side Artists’ Initiative, hizo un último llamamiento en el Senado berlinés, argumentando que si los restos del muro se desmoronaban desaparecería una pieza crucial de la historia.

Finalmente, la ciudad consiguió reunir los fondos y el primer paso que se dio fue reconstruir y reforzar el muro, rellenando las grietas y los agujeros con cemento. Y esta primavera, una vez encalado por completo, los artistas volvieron a Berlín para pintar de nuevo los murales.

Se supone que los murales son copias exactas de los que se crearon en 1990, pero muchos artistas están introduciendo un cambio: escriben sus direcciones de correo electrónico y la de sus páginas en internet en una esquina. El capitalismo llegó a Berlín para quedarse. De hecho, a algunos de los artistas no les convenció el dinero que les ofrecía el ayuntamiento, y pidieron que se quintuplicasen los 3.000 euros que ofrecían a cada uno de ellos. La ciudad dijo que no era posible.

Vrubel, que vive en Moscú, se negó en principio a repintar su beso fraternal. “No tengo ningún problema con la restauración, pero simplemente no puedo pintar la obra de nuevo, como si se tratase de hacer un bocadillo“, dijo. Pero al final se ha unido a los 86 artistas que se alinean cada mañana a lo largo del muro, y los viejos políticos comunistas vuelven a emerger bajo sus pinceles.

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