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Jueves, 30/07/15 - 14:15 h

Lo que Jesús diga

Domingo, 20 de enero del 2013 - 01:26

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El panorama desastroso de la crisis es parecido al de aquel pueblo sumido en la calamidad más miserable, el del pueblo de Judá en la época del destierro de Babilonia, en el siglo VI a.C. Y precisamente allí es donde se sitúa la palabra de esperanza maravillosa que hoy resuena en el profeta Isaías (Is 62,1-5). El profeta compone un poema excelso, a través del cual expresa el amor de Dios que se dirige a su pueblo, como un esposo enamorado a su esposa abandonada y abatida, para declararle el amor regenerador de la vida y de la esperanza. La alegría del encuentro nupcial es el colofón del poema en el que Dios se desvela por su pueblo con la aurora de la justicia y de la salvación que ilumina la tierra devastada y abandonada, a través de un amor radiante de alegría que la ha transformado en favorita y desposada. Y el cántico destila puro amor divino en la frase final donde Dios mismo encuentra su alegría en el amor humano entre el hombre y la mujer: «la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo».

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