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miércoles, 16/04/14 - 13: 14 h

toros

Mano a mano de orejas baratas, sin rivalidad ni toros

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viernes, 26/07/13 - 23:33

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Valencia, 26 jul (EFE).- Aunque se cortaron tres orejas de poco peso, el cantado duelo entre El Juli y José María Manzanares, uno de los grandes atractivos de la Feria de Julio de Valencia, se quedó finalmente en nada básicamente por la pobre presentación y el descastado juego de los toros de Domingo Hernández.

Mano a mano de orejas baratas, sin rivalidad ni toros

Valencia, 26 jul (EFE).- Aunque se cortaron tres orejas de poco peso, el cantado duelo entre El Juli y José María Manzanares, uno de los grandes atractivos de la Feria de Julio de Valencia, se quedó finalmente en nada básicamente por la pobre presentación y el descastado juego de los toros de Domingo Hernández.

FICHA DEL FESTEJO;

Seis toros con los hierros de Domingo Hernández y Garcigrande (el 2º como sobrero), la mayoría de escasa presencia y de juego en general descastado, casi todos rajados y huidos en el último tercio. El toro devuelto y el sexto fueron protestados por su terciado trapío.

El Juli: estocada trasera (oreja); tres pinchazos y estocada baja (silencio); pinchazo y estocada desprendida (oreja protestada). Renunció a salir a hombros.

José María Manzanares: estocada tendida (ovación); estocada corta tendida (oreja protestada tras aviso); dos pinchazos y estocada tendida (silencio).

José Manuel Montoliú saludó tras banderillear al tercero.

Al final del paseíllo se volvió a guardar un minuto de silencio por las víctimas del accidente ferroviario de Galicia.

Cuarto festejo de la Feria de Julio. La plaza casi se llenó, en tarde de viento racheado.

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UN DUELO SIN CATEGORÍA

Con toros sin la exigida presencia para una cita de este nivel, pero también sin un mínimo juego por su falta de casta, al mano a mano entre las dos figuras le faltó, de principio a fin de su dilatado y nada brillante desarrollo, toda la pretendida categoría con que se anunció.

Por mucho que El Juli cortara dos orejas, y una Manzanares, fueron trofeos demasiado baratos y con poco aval. Pedidos por un público con ganas de justificar fuera de la plaza el precio de la entrada, no pasaron de tener un valor simplemente estadístico que en nada refleja lo sucedido en el ruedo.

Con todo, El Juli mantuvo una actitud esforzada durante toda la tarde, marcando su disposición al triunfo desde que se fue a recibir a portagayola al primero de su lote.

Una buena serie de naturales, de largo trazo, fue el único momento lucido que le permitió ese toro antes de venirse abajo por completo, justo cuando el madrileño se metió en la corta distancia en busca de ese primer trofeo que le concedieron.

Más aún tuvo que atacar a un tercero que se le rajó en cuanto le exigió un mínimo de esfuerzo con la muleta. Siempre voluntarioso, más en trabajador que en artista, el madrileño hizo moverse al toro con ansiedad y tensión, hasta que lo pinchó en varias ocasiones.

El quinto también se le rajó a mitad de faena, después de una estimable tanda de muletazos con la zurda. Dado en retirada el toro, Juli lo acosó hasta las tablas, también en un esfuerzo que el amable público valenciano le quiso recompensar con una oreja poco justificada. Consciente del verdadero valor de los trofeos, el mismo torero renunció a su derecho a salir por la puerta grande.

Del mismo talante fue la petición de una oreja demasiado barata para José María Manzanares en el cuarto, tras una faena inconsistente en la que no logró imponerse a las que fueron las mejores y más entregadas embestidas de toda la tarde.

Puede que afectado físicamente por el calor -se quitó en varios momentos la chaquetilla y era constantemente refrescado y abanicado en el callejón- Manzanares dio una preocupante impresión en Valencia.

Sus tres faenas, tanto la que le hizo al noblón y entablerado primero, como la premiada o la del apagado sexto, estuvieron plagadas de largos tiempos muertos, en los que el alicantino parecía coger aire tras unas tandas de muletazos sin apenas mando, muy al aire de sus toros, y en las que nunca logró imponer ni el ritmo ni los terrenos de la lidia.

(Agencia EFE)

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