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lunes, 29/12/14 - 06: 42 h

conducta abusiva

El Salvador, Honduras y Guatemala, el triángulo de la muerte

Gonzalo Maldonado

lunes, 15/08/11 - 07:00

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El narcotráfico, la corrupción y las pandillas convierten a estas tres naciones centroamericanas en los países más peligrosos del mundo. Su índice de tiroteos y muertos sólo lo superan las zonas en guerra.
El Salvador, Honduras y Guatemala, el triángulo de la muerte  -Foto: Getty Images
Se dice que eran miembros de una barra de fútbol. Sólo tenían 21, 20, 16 y 14 años. Fernando, Luis Alberto, Óscar y Rigoberto aparecieron en la cuneta de un barrio de Tegucigalpa (Honduras) con  un tiro en la cabeza.

Manolo y Gregorio Cárcamo eran hermanos. Dos tranquilos campesinos, de 40 y 38 años, que se dedicaban al corte de caña en la provincia de Santa Rosa, Guatemala. Hace unas semanas participaron en una fiesta con unos amigos. Fue la última vez que se les vio con vida.

Unos días después, unos vecinos encontraron cuatro cuerpos sin cabeza a pocos kilómetros del lugar de la fiesta. Dos de los cadáveres correspondían a los hermanos Cárcamo.

Lo mismo les pasó a los hermano Ramón y Frank Rivas, de 32 y 30 años respectivamente, quienes a plena luz del día fueron tiroteados mientas paseaban por las calles del barrio de Ciudad Delgado, en San Salvador.

Así es un fin de semana cualquiera en las capitales de los países que conforman el llamado ‘triángulo de la muerte’: El Salvador, Guatemala y Honduras. Estas naciones centroamericanas se han convertido en las regiones más violenta del mundo, sólo superada por zonas en guerra, según el último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Honduras ocupa el primer mundial en índice de homicidios, con 58 asesinatos al año por cada 100.000 habitantes. Le siguen El Salvador, con 52, y Guatemala, con 48, según los datos publicados por el PNUD.

Los pandilleros matan con total impunidad


La región centroamericana, pasadizo de la droga sudamericana en dirección a Norteamérica y Europa, se encuentra atrapada en una espiral de violencia donde narcotraficantes y pandilleros actúan con total impunidad.

Los cárteles de la droga mexicanos han convertido a estos países en su almacén y sus sicarios dominan regiones enteras bajo un denominador común: la violencia. Además hay que sumar el problema de los pandilleros, muchos de los cuales trabajan al servicio de los cárteles de la droga.

Se estima que existen cerca de 70.000 pandilleros repartidos por la región que extorsionan a empresarios, transportistas, pequeños comerciantes e incluso familias pobres que deben pagarles una ‘impuesto’ para no ser asesinados.

Con el dinero de la droga se silencia al cuerpo policial, que deja actuar a las pandillas, cediéndoles el control de barrios enteros. Los vecinos se ven atados de manos y pies, ya que si denuncian algo pueden ser ignorados o peor aún, asesinados.

Mano dura, más sicarios en las calles

¿Y los Gobiernos qué hacen? Recientemente, el presidente de Guatemala, Álvaro Colom,  acusó a los países consumidores de drogas de ser corresponsables de la violencia que afecta a Centroamérica, y demandó apoyo para implementar una estrategia de seguridad regional. “En lugar de poner niños en las escuelas, tenemos que poner policías para combatir a las mafias”, decía Colom.

Sin embargo, según confirma el consultor para temas de narcotráfico de la ONU, Eduardo Buscaglia, las políticas de ‘mano dura’ con más policías y ataques directos al narcotráfico están provocando el resultado inverso.

“Reprimir a los grupos criminales sin tocar su dimensión patrimonial, no sirve de nada. Los cárteles siguen blanqueando dinero con sus empresas legales y asignan más dinero para armas, para comprar favores y para agrandar sus ejércitos”, explicó Buscaglia a Lainformacion.com en una reciente visita a la Casa de América de Madrid.

Perseguir el dinero del narcotráfico, más educación, depurar la clase política y la policía, generar empleo… Urge implantar soluciones. Urge tapar la herida. Centroamérica se desangra.

¿Qué son las maras?

Las maras son pandillas juveniles sumamente violentas que se encuentran dispersas en El Salvador, Honduras, Guatemala, México y Estados Unidos. Su origen se remonta a la década de 1970 en Los Ángeles donde se instalaron huyendo de las condiciones creadas por las cruentas guerras civiles que  afectaban sus países de origen.

Escaparon de los escuadrones de la muerte, de los ejércitos de los gobiernos militares, de la guerrilla, de la miseria y la desesperanza, pero no lograron evitar que la violencia les marcara la vida.

Las acciones delictivas de estos pandilleros generaron la respuesta represiva de las autoridades policiales y de inmigración de EEUU, que rápidamente optaron por encarcelar a sus miembros y deportarlos hacia sus países de origen, donde hoy en día son uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los gobiernos centroamericanos.

El nombre de mara proviene de las marabuntas de hormigas salvajes, que habitan como plagas en las junglas amazónicas. Sólo que ahora en vez de selvas destruyen ciudades. Aunque existen diferentes pandillas o maras, hay dos que sobresalen: la mara18 y la Salvatrucha, rivales a muerte que buscan dominar comunidades completas.

La vida de los mareros se caracteriza por el consumo de drogas, reuniones donde se relatan sus acciones así como la promiscuidad sexual practicada entre los hombres y mujeres que la integran.

A los mareros se les identifica por sus tatuajes que cubren todo su cuerpo y por llevar ropas anchas, aunque cada vez más evitan esto para no ser identificados por la Policía. También utilizan todo tipo de armas cuando cometen sus crímenes.

Para poder pertenecer a una mara es necesario superar una serie de rituales donde demuestren su lealtad y su valía. Por ejemplo para entrar a formar parte de la mara18, el iniciado deberá soportar durante 18 segundos los golpes de los miembros de la misma y cometer un asesinato para probar su lealtad.

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