Campo de refugiados -Foto: lainformacion.com
Los
dos ugandeses compartían un círculo de buenos amigos en su ciudad natal de
Kampala. Estaban apegados a sus familias y abrieron un restaurante juntos. Esto fue antes de que todo empezara a torcerse. Fueron
repudiados por sus familias. Incendiaron su restaurante. Su coche fue apedreado y después le prendieron fuego.
Por eso huyeron de Uganda y vinieron aquí, a miles de kilómetros al este, con poco más que la ropa que llevaban puesta. Ellos vinieron como
hermanos para vivir en un campamento de refugiados abrasador en el
norte de Kenia. Rodeados de miles de personas que han huido de las guerras y de la sequía y que vinieron aquí para salvar sus propias vidas.
Vinieron aquí para escapar de lo que temían sería una muerte segura después de ser descubiertos el año pasado en un país donde la homosexualidad es ampliamente considerada
“antiafricana”.
Alex y su compañero Michael – no podemos utilizar sus nombres reales debido a la continua amenaza de violencia que se cierne sobre ellos- fueron objeto de una serie de
violentos ataques inspirados, dicen, por una
campaña evangélica estadounidense, que comenzó en 2009, y bajo el auspicio de una legislación que, si es aprobada, catalogará los actos homosexuales como delitos
castigados con la pena de muerte.
“Huimos por temor a que nuestras vidas corrieran peligro de muerte. Pero ¿qué clase de vida nos espera aquí?”
, dice Alex.
“No soy un luchador”, comenta el joven que fue líder de la comunidad gay en Uganda.
Es tímido, no quiere dar codazos contra los somalíes y sudaneses que ya están curtidos en la cola de alimentos del campamento. Como resultado, ahora
muestra signos de desnutrición.
Hoy en día estos dos hombres se han visto
empujados al límite, viviendo como refugiados lejos de sus familiares, amigos y aliados. A pesar de que tenían la esperanza de una vida mejor en una tierra nueva, el
campamento ha demostrado ser otro lugar peligroso para estos dos jóvenes ugandeses bien educados.
“El colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) es quizás el grupo más perseguido del mundo”, asegura Neil Grungras, fundador de la Organización para el Refugio, el Asilo y la Migración (Oram), “Son
perseguidos en sus países de origen, pero los países vecinos comparten los valores culturales. Si cruzas la frontera no hay menos probabilidades de ser perseguido".
Después de todo,
la homosexualidad también es ilegal en Kenia.
David Kato, un destacado joven activista de los derechos de los homosexuales en Uganda, fue
asesinado a golpes con un martillo en su apartamento en el mes de enero. Meses antes, un
tabloide local había publicado los nombres, fotografías y direcciones de los ugandeses que supuestamente eran gays, incluyendo a Kato.
Una pancarta en la primera página decía: “Colgadles”.Alex y Michael eran buenos amigos de Kato, pero seguían viviendo sus vidas como homosexuales en privado. Les siguieron, les gritaban en la calle, y después de que
su restaurante fuera pasto de las llamas en abril, uno de los familiares de Alex le hizo finalmente una seria advertencia: “Si tenéis dinero, salid del país”, les aconsejó. “Sabes, están planeando mataros.
Estáis avergonzando a la familia, e incluso a todo el clan”.
Un mes más tarde, la pareja entró en un supermercado, y salió a buscar
su coche que estaba envuelto en llamas. En una de las decisiones más difíciles de sus vidas, ellos empaquetaron todas las pertenencias de su vida en dos maletas, y subieron a un autobús hasta
Nairobi y llegaron pidiendo ayuda desesperadamente.
Después de seis meses en el campamento de refugiados, Alex y Michael
se han acostumbrado a las burlas en voz baja de los otros refugiados. “
Aquí viene la señorita Uganda...” Es un refrán familiar.
La vida en
el campamento no ha sido una gran mejora para ninguno de ellos.
El Gobierno de Kenia no concede asilo a los refugiados homosexuales debido a que su ley prohíbe los actos homosexuales, dejando a la gente como Alex y Michael en un
limbo legal.Aunque la pareja ha estado en contacto con un consejero del
Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR),
sienten que no están recibiendo suficiente protección. Se les ha dicho es poco lo que se puede hacer, y que su única opción real es el
reasentamiento en un país occidental.
“Honestamente, nuestro temor está aumentando”, dice Alex.
Los refugiados de
sociedades anti-homosexuales como
Sudán, Somalia y Etiopía les rodean, y las creencias y las actitudes no cambian con sólo cruzar una frontera.
De acuerdo con Alex, cuando revelaron a su consejero del ACNUR que estaban aumentando los episodios de llamarles “gays” en el campamento, la respuesta del consejero fue: “Bien, ¿no es cierto?”
·La gestión inadecuada de este tipo de situaciones es bastante amplia", dice el fundador de Oram, Grungas.
"
No es suficiente con tratarle como a cualquier otro refugiado”, dice Grungas, refiriéndose al peligro excepcional de la violencia que corren si otros refugiados descubren su verdadera identidad. “No hay mecanismos para protegerles en los campamentos”.