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lainformacion.com

viernes, 25/07/14 - 06: 19 h

asuntos sociales

Los verdaderos problemas de Acampada Sol

Laura Pintos

jueves, 02/06/11 - 14:00

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Más allá de un posible desalojo y de las quejas de los comerciantes, Acampada Sol corre el riesgo de quedar en nada por su propio sistema organizativo y los principios que también la hicieron triunfar, según denuncian algunos de sus participantes. A las dificultades y el desgaste que supone mantener un campamento abierto, variable y público se une la complicación de intentar aprobar todas las iniciativas por consenso total.
Los acampados se reúnen hoy para estudiar la reestructuración definitiva que resolverá la acampada
Lo que se sospechaba se volvió evidente en la asamblea general y multitudinaria del domingo pasado en la Puerta del Sol y durante lo que va de semana: el movimiento 15M tiene graves problemas para avanzar en la elaboración de su esperada propuesta para cambiar el sistema político, social y económico que rechaza y contra el cual se ha levantado.

Varios miembros de los diferentes comités y grupos de trabajo reconocen en privado que están muy cansados y que se sienten frustrados por no poder avanzar en ninguna línea de acuerdo debido a autoimpuesto sistema asambleario, basado en la aprobación de todas y cada una de las decisiones por consenso total de los participantes.

De hecho la comisión de Dinamización de Asambleas ha reconocido que estudia un cambio hacia un modelo basado en la aprobación por mayoría, como ya utilizan otras acampadas. Quieren ver si, de esta forma, pueden sacar adelante algunas iniciativas y consiguen, por fin, concentrarse en elaborar el anunciado “consenso de mínimos” oficial y representativo del movimiento.

Como ha manifestado un miembro de una comisión a lainformacion.com, “muchos empezamos a sentir que esto no va a ningún lado pese a nuestros esfuerzos” y que es “urgente” resolver los problemas del campamento para “que no sufra el movimiento en sí”.

En la asamblea del domingo y en la más reducida del martes, los organizadores de Acampada Sol aludieron a lo afanoso que resulta mantener la acampada. Ello redunda en que se dediquen muchos esfuerzos y recursos a cuestiones logísticas propias de la permanencia en la plaza en menoscabo del trabajo teórico y de la consolidación de esta iniciativa ciudadana.

Según han explicado los miembros de las comisiones de Permanencia, Infraestructuras, Alimentación y Respeto, cada vez resulta más difícil cubrir las necesidades de todos los acampados y de quienes pasan por allí a la vez que garantizar la salubridad, seguridad y tranquilidad de la concentración en la concurrida plaza madrileña.

Tanto es así que estos grupos plantean acometer una “necesaria” reestructuración del campamento en Sol para que siga siendo “viable”.

También han hablado de poner fecha al levantamiento del campamento, pues a su juicio “ya ha cumplido su objetivo”. Su intención es que el movimiento siga funcionando sin depender de él aprovechando su presencia en la red, asambleas periódicas y la rápida y exitosa expansión que está teniendo en el resto de barrios y distritos de Madrid.

No consiguieron convencer. Cada vez que la organización planteó estos temas a la asamblea fueron rechazados. Tanto es así que al filo de la hora marcada para concluir la reunión se aprobó a las prisas la continuación del campamento sin añadir ninguna otra palabra, pues todas las que aludían a hasta cuándo, cómo, por qué y para qué eran recibidas con brazos cruzados (signo de rechazo) por parte de los asistentes.

En ese gesto tan simple radica el verdadero problema de Acampada Sol: su vocación de mantenerse fieles a su idea de igualdad y de “respeto absoluto” a la opinión de todas y cada una de las personas que quieren expresarla -más allá de si son parte del movimiento o gente que solo pasaba, interesadamente o no, por una asamblea- complica mucho alcanzar un acuerdo.

El movimiento decidió en su origen funcionar bajo un sistema asambleario absoluto para que el movimiento sea “completamente horizontal".

Además muchas voces entre los acampados siguen pidiendo "más tiempo" y "paciencia", confiados en que este mecanismo es el único justo y puede funcionar, y que aún es muy nuevo el movimiento como para pedirle medidas concretas.

En la práctica, la forma actual de funcionamiento supone que todas las decisiones –nacidas a su vez de las propuestas que reciben y estudian las comisiones y los grupos de trabajo- deben ser aprobadas en asambleas abiertas y participativas y que esta aprobación debe realizarse por consenso total.

Se han producido situaciones tan peculiares como que unas 3.000 personas agiten las manos ante una propuesta pero que esta no salga finalmente adelante porque tres o cuatro participantes levantan los brazos en cruz al oírla. Y que al escuchar sus argumentos se disgregue el debate y la asamblea se convierta en una discusión reiterativa y difusa que muchos encuentran difícil de seguir.

La última asamblea general no consiguió sacar adelante un motivo concreto común para seguir acampados, ni una razón para levantar o cuándo hacerlo, ni si las comisiones podían tener la potestad de tomar estas decisiones.

Tampoco pudo aprobar cuándo debía volver a votarse este asunto, ni si se debía reorganizar el campamento, ni cómo solucionar el evidente desgaste, ni cuándo convocar otra asamblea general, ni ninguna de las otras muchas cuestiones que se debatieron durante cuatro horas y media.

Este es el reto que tiene por delante esta semana Acampada Sol, a la vez que lidia con las protestas de los comerciantes de la zona y con la amenaza continua de un desalojo.

En las reuniones de comisiones y grupos de trabajo, tanto en Sol como en los barrios, las ideas fluyen. Habrá que ver si en la próxima asamblea general –ayer se suspendió la que estaba prevista por “problemas de megafonía”- se encuentra una vía para que continúen haciéndolo y lleguen al resto de la sociedad.
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