Eduard Estivill -Foto: lainformacion.com
Los padres se dividen actualmente entre los que siguen el “
método Estivill” y quienes están en contra de él. O casi. El libro
Duérmete niño, que
Eduard Estivill publicó en 1997, se ha editado desde entonces en diez idiomas y ha vendido más de tres millones de ejemplares. Y sigue haciéndolo, de la mano de quienes se estrenan en la maternidad/paternidad y buscan en él una solución a los problemas de sueño que tienen muchos bebés y, por extensión, también sus progenitores.
La controversia nació de la mano de su propuesta de
dejar llorar, de forma progresiva y con ciertas condiciones, a los niños en su cuna hasta que se duerman y de esta forma cojan el hábito de hacerlo solos. Algo que muchos padres, especialmente los afines a las modernas corrientes de crianza natural, rechazan por considerar que el pequeño necesita del contacto físico directo con su madre y que de esta forma se siente abandonado y solo.
Estivill ha publicado desde entonces muchos otros libros, más de veinte, dedicados en su mayoría a su especialidad, que desarrolla como director de la Clínica del Sueño Estivill y coordinador de la Unidad del Sueño del Hospital General de Catalunya. Ahora es el turno, junto con su colega Gonzalo Pin, de
un manual en el que agrupa y resume sus conocimientos y consejos para criar a los niños:
Pediatría con sentido común. Para padres y madres con sentido común (Plaza Janés/Rosa dels Vents).
Pregunta. Su nombre ha quedado unido al método de Duérmete, niño. ¿Esperaba que impactara tanto y generara tanta controversia?
Respuesta. La verdad es que han sido las mamás las que lo han bautizado Método Estivill de forma cariñosa. Cuando escribí ese libro realmente lo que tenía en mente era comunicar los conceptos científicos con los que contábamos en ese momento sobre cómo enseñar a dormir a los niños. Cuando hablo en un congreso digo que un niño no duerme bien por culpa de que “el oscilador endógeno del núcleo supraquiasmático del hipotálamo precisa de zeitbergers que encarrilen el ritmo y la solución es aplicar zeitbergers periódicos para conseguir el mismo período del entorno”. Esta es la base del
Duérmete niño, pero si yo se lo explico así a los padres no sirve paran nada. El único mérito mío fue transcribirlo en palabras muy sencillas y pasarlo a la práctica. Lo que pasó es que internet es un foro donde puede entrar cualquiera y no es científico. En el mundo científico no hay críticas al método, solo opiniones. Hay muchos trabajos que demuestran que los niños a los que les enseñamos a dormir son más felices, más sanos, crecen mejor y rinden mejor en la escuela.
P. Pero hay toda una corriente, entre los padres al menos, de no dejarles llorar para que no se sientan abandonados.
R. No hay ningún estudio científico que diga que esto es lo bueno. Por el contrario, la línea más clara de la pedagogía actual sostiene que a los niños hay que enseñarles la frustración, que no se puede conseguir todo, que el fracaso y no tenerlo todo no son un problema, sino un paso hacia el éxito que se consigue de vez en cuanto. A un niño hay que enseñarle a perder. Yo creo que toda esta cultura es por sobreprotección del niño o por dificultad de los padres para poner unas normas. Antes, cuando nuestras abuelas tenían cinco niños, esto se evitaba naturalmente.
P. ¿Qué les dice a quiénes se oponen a sus ideas?
R. Es un movimiento mucho más de internet y de los padres, no del campo científico. Yo como científico me limito a explicar lo que podemos demostrar. Todo lo demás lo respeto. No me meto en si es bueno o malo. Pero la gente que es sensata ve que hay opciones que quizá no son las mejores. Y que muchas veces se adoptan por inseguridad propia. Se busca calmarse uno, sin educar al niño.
P. ¿Por qué lo de “sentido común” en el título del libro?
R. En el manual hemos seguido la misma línea de explicar los conocimientos científicos con los que contamos en este campo. Los padres de hoy en día, contrariamente a lo que algunos dicen, son mucho mejores. Están ávidos por hacer bien las cosas, especialmente en el poco tiempo que tienen para dedicarse a sus hijos. Eso sí, esta culpabilidad que sienten por no tener tiempo muchas veces induce a la sobreprotección y a no poner límites. El sentido común se consigue con información, que da seguridad.
P. ¿En qué bando se ubica: cantidad o calidad del tiempo que pasamos con ellos?
R. Calidad. Es mucho mejor que la media hora que estén papá, mamá y el niño juntos por la noche en la mesa sea sin televisión, hablando y explicando cosas. Que los padres hagan el esfuerzo de contar lo que les pasó ese día y de escuchar las historias de su hijo. En cambio, como nos sentimos culpables empezamos por preguntarles qué quieren para cenar (primer error, cuando éramos pequeños llegábamos a casa y preguntábamos qué había para cenar). El niño responde que espaguetis y mirar la tele y eso es lo que le damos, sin hablar, con lo cual no estamos haciendo bien las cosas. Es más importante media hora con dedicación que dos horas y media delante de la tele.
P. Hemos aprendido a dormir, pero tal vez nos falta ayuda para exorcizar esta culpa.
R. Sí, especialmente cuando es justo lo contrario, porque esta sobreprotección y esta duda les crean más problemas, los hacen más inseguros.
P. Muchos niños se convierten en “pequeños dictadores” en su hogar.
R. Es terrible. Hay que tener estrategias. Por ejemplo, la mamá decide qué se pondrá su hija y le ofrece tres pantalones y dos camisetas para que elija, pero tiene que hacerlo de entre esas prendas, no puede ponerse una falda o un vestido u otra camiseta diferente a esas dos. Con la comida es igual. Se le dice que hay que comer fruta, pero que puede elegir entre pera o manzana. El niño escogerá una y se sentirá feliz por haber decidido.
P. Los niños parecen saber dónde y cómo hacer la pataleta para conseguir lo que quieren.
R. Porque saben que al final ganan. Fíjese, en la guardería lo dejamos con una persona que no conoce y con otros 20 niños como él y lo hacemos aunque llore porque sabemos que es lo mejor para él. No hay ningún niño traumatizado por ir a la guardería, aunque se hayan pasado varios días llorando al principio. En el
Duérmete niño proponemos dejarlos llorar unos minutos, de forma progresiva, y funciona. Es conocimiento científico llevado a la práctica. Las corrientes que hablan de proteger al niño y de no dejarle llorar lo único que hacen es calmar un poco la inseguridad de la madre, pero no le dan pautas. Y el niño es listo. Siempre hace acciones para conseguir reacciones, como en el caso de las pataletas. Y sabe cuando uno llega a casa más cansado, nervioso, inquieto o inconstante.
P. Muchos padres lo atribuyen a una cuestión de carácter.
R. El carácter no tiene nada que ver con las normas. Independientemente de que un niño sea más tranquilo o más inquieto hay que enseñarles las normas. Uno lo aceptará más fácilmente que el otro, pero eso es todo.
P. ¿Cree que el principal problema hoy en día es, como muchos expertos opinan, la falta de límites o esa culpa de la que hablaba?
R. Una cosa va ligada a la otra. Tenemos poco tiempo, lo cual provoca sensación de culpabilidad y por tanto cuesta mucho más poner límites o normas. “Pobrecito, no le he visto en todo el día, le preparo los espaguetis”, dicen los padres. En este libro les explicamos que si le hace comer lo que preparó lo está educando y no pasa nada. Hay que tratar el tema con normalidad: hoy toca esto, si no quieres comer no pasa nada, mañana ya tendremos otra cosa. Y tampoco está mal decirle lo bien que está tener comida, aunque sea un niño de tres años.
P. Hablando de alimentación, en el manual se hace hincapié en este tema, e incluso se ofrecen consejos concretos sobre qué darles y en qué cantidad.
R. Cuidamos mucho este aspecto. Hay datos científicos que apuntan a que la alimentación que tiene el niño durante los primeros cinco años de vida condiciona posteriormente su salud de adulto, con lo cual el tema es importante. Podemos hacer niños con sobrepeso, diabéticos, intolerantes o con problemas cardiovasculares. De ahí la insistencia en explicar muy bien no solamente qué han de comer, que es una cosa novedosa, sino también las ideas sobre la comida. Lo que decíamos antes de preguntarles qué quieren comer es el primer fallo. Otro, ir detrás de ellos para que coman y también darles demasiada comida.
P. ¿Cuándo hay que empezar a educar en los hábitos?
R. Desde el primer día. Por ejemplo, en el libro damos las normas para enseñar a dormir desde el primer momento y con la lactancia materna a demanda. Le decimos a la mamá que le dé de mamar en un sitio iluminado y con un poco de ruido ambiental, para que el niño asocie comida con estar despierto. Hay que evitar que se duerma, lo cual es difícil con bebés pequeños, para que succione más, así espera más tiempo hasta la próxima toma. Y luego de mamar lo debe mantener erguido frente a ella durante unos 15 o 20 minutos, o hacerlo el papá si quiere. En general se coloca al bebé sobre un hombro y se le dan unos golpes tremendos para que saque el aire. Si lo ponemos delante conseguimos que en unos pocos minutos él solo lo haga y que empiece a hacer la digestión, que si inicia en esta posición tiene menos probabilidades de tener reflujos, regurgitaciones e incluso cólicos. Además, ninguna mamá o papá tiene a su niño delante sin decirle nada, con lo cual se pasa un cuarto de hora mirándole, hablándole, sonriéndole. Una vez hecho esto se le deja en la cuna despierto, para que él solo coja el sueño, como hace ya en el útero durante el embarazo.
P. Ha dicho que, pese a todo, somos mejores padres. ¿Tenemos también mejores hijos?
R. Yo creo que sí. Estoy convencidísimo. Y no solamente por la influencia de las nuevas tecnologías. Aunque sí creo que valores esenciales como el respeto o la educación quizá no se trabajen lo suficiente.