1/05/2012 01:08 Leer artículo completo en
El Diario Montañés
Cada mañana, Amable y Encarnación prendían la lumbre para hacer el desayuno y calentar su cabaña. Esta costumbre de los hermanos Ruiz Gómez, octogenarios y delicados de salud, mantenía en alerta a sus vecinos de Carrascal de Cocejón -un pequeño caserío de Luena, de menos de 40 habitantes-, que a diario estaban pendientes del bienestar de los ancianos, que siempre habían vivido juntos porque ambos eran solteros. Ayer, una densa columna de humo confirmó sus peores presagios.