domingo, 12/02/2012 - 07:06 h
El experimento, pionero en el mundo, recreará durante dos años un ecosistema cerrado de agua, alimentos y oxígeno como el que necesitarían los astronautas en un viaje espacial de larga duración.
No son astronautas pero pasarán los próximos dos años de su vida aisladas en un módulo como si lo fueran. Cuarenta ratas de laboratorio son las protagonistas de un proyecto pionero desarrollado por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en colaboración con la Agencia Espacial Europea (ESA) que pretende simular las condiciones de un vuelo de larga duración en el espacio.
El proyecto MELiSSA, inaugurado hoy por la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, pretende recrear un ecosistema artificial y autosuficiente que permita reutilizar el agua, los alimentos y el oxígeno que harían falta para una futura misión espacial tripulada a otros planetas.
El papel de las ratas, en este caso, es el de consumidoras de oxígeno: la respiración de 40 de estos animales equivale al consumo que realiza una persona.
Exploración planetaria
“La idea es desarrollar las tecnología precursoras para este tipo de viajes”, explica el director de la investigación, Francesc Gòdia, a lainformacion.com. “Las agencias espaciales están viendo posibles misiones de exploración planetaria, en un futuro aún lejano, y uno de los elementos centrales es el denominado ‘soporte de vida’”.
En un hipotético viaje a Marte, con seis tripulantes durante dos años de misión, resultaría imposible llevar todas las provisiones necesarias, que se calculan en unas 30 toneladas. Es por eso que desde el año 1995, el proyecto MELiSSA trabaja en el estudio de los elementos que harían falta para garantizar la supervivencia y autonomía en el espacio.
MELiSSA, acrónimo en inglés de Sistema Alternativo de Soporte Microecológico para la Vida, probará los trabajos de decenas de laboratorios europeos durante estos años y los unificará en el primer ecosistema cerrado que recicle la orina, los residuos orgánicos y el CO2.
Módulos separados
La instalación ocupa 216 metros cuadrados y consta de varios reactores donde se prueban los diferentes ciclos. Las ratas se encuentran en un habitáculo cerrado y consumirán el oxígeno de la instalación. La comida se les proporciona desde el exterior y sus residuos se limpian, ya que lo único en lo que participan es en la tarea de respirar. En caso de que una de las ratas muera, será reemplazada por otra.
Para los módulos biológicos se han seleccionado cultivos de lechuga, trigo y remolacha, que han resultado los más eficientes en las primeras etapas de experimentación. En una misión espacial, estas plantas tendrían que ser alimentadas con los desechos de la tripulación, así que durante el experimento se las abona con residuos humanos para estudiar su crecimiento en condiciones realistas.
Los resultados del experimento tendrán aplicaciones también en la Tierra, gracias a la participación de algunas empresas en la investigación. De hecho, como explica el profesor Gòdia, las primeras pruebas han servido para crear un sensor de biomasa que se utiliza en la industria del cava y para algunos sistemas de control de calidad del aire y del agua que han sido probados en la Estación Espacial Internacional.
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