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viernes, 25/07/14 - 09: 43 h

ciencias (general)

"El miedo sólo tiene un objetivo: tu supervivencia"

Antonio Martínez Ron

lunes, 15/11/10 - 16:15

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El neurocientífico Wulf Haubensak, miembro del equipo de CalTech que ha desentrañado el funcionamiento de los circuitos del miedo en el cerebro, nos explica en qué consiste el hallazgo.
Dos estudios publicados en la revista Nature acaban de descifrar el funcionamiento de lo que los científicos han llamado “el circuito del miedo”. El equipo del neurobiólogo David J. Anderson, del Instituto Tecnológico de California (CalTech), y el del profesor Andreas Lüthi, del Friedrich Miescher Institute (FMI), han comprobado la existencia de dos tipos de células neuronales en la amígdala que se turnan para abrir y cerrar las “puertas” del miedo. El neurocientífico Wulf Haubensak, miembro del equipo de CalTech, nos explica en qué consiste el hallazgo.

Pregunta: Después de realizar este estudio, ¿cómo describiría el funcionamiento de la amígdala en una situación típica de miedo?

Respuesta: La amígdala analiza el ambiente de forma continua en busca de estímulos que predigan el peligro. En condiciones normales, cuando no hay estímulos indicativos de peligro, los niveles de miedo son bajos, y normalmente no tenemos reacciones. Sin embargo, una vez que se produce un estímulo que indica peligro, por ejemplo un coche que te pita, una alarma de incendios que se dispara, o un timbre que suena en mitad de la noche, te asustas inmediatamente, tus pulsaciones se aceleran y tus músculos se paralizan: estás experimentando una reacción de miedo, que te prepara para defenderte de posibles amenazas. Este proceso es orquestado por la amígdala que le dice a otras regiones del cerebro que inicien estas reacciones asociadas al miedo. Lo que hemos podido demostrar  es que el miedo está controlado por un microcircuito de dos poblaciones antagonistas de neuronas en la amígdala que actúan como una especie de columpio.

Una población de neuronas responde inmediatamente de los estímulos que provocan temor (actuando como sensores) y la otra está activa cuando el estímulo del miedo no está presente (actuando como guardianes) y ambas controlan las señales de la amígdala a otras zonas del cerebro. Estas dos poblaciones de neuronas se inhiben entre ellas. Es decir, sólo una de las dos poblaciones puede estar activa a un tiempo, como si estuvieran en uno de los dos extremos de un balancín, alternando entre dos estados: cuando el balancín está en relajación, las neuronas sensoras están inactivas y los guardianes están activos inhibiendo la salida de señales de la amígdala. Cuando el estímulo del miedo está presente, el balancín se mueve hacia el estado del miedo, las neuronas sensoras se activan y las guardianes se desactivan, lo que abre las puertas de la amígdala y deja salir la señal al resto del cerebro.


P: ¿Cómo controla este microcircuito de la amígdala el "flujo del miedo"?

R: El microcircuito de la amígdala controla, vía las neuronas guardianes, la salida de las señales de miedo a otras regiones del cerebro que controlan varios aspectos de nuestras respuestas al miedo, como por ejemplo quedarse paralizado.

P: ¿Está controlando la amígdala nuestros miedos más primitivos?

R: La amígdala activa centros del cerebro que controlan las respuestas al miedo básico y primitivo ante el peligro (hormonas del estrés, ritmo cardíaco y de respiración y el comportamiento), pero también alerta a otros centros del cerebro implicados en la cognición y de paso también influye en respuestas superiores, como el razonamiento complejo.

El miedo es una emoción muy antigua y la amígdala es una parte del cerebro bastante arcaica. Pero esto no es sorprendente, si piensas en lo básica que es para superviviencia. Durante la evolución, particularmente en los humanos, el miedo se incrustó en un panorama con emociones más sofisticadas. De forma parecida, la amígdala empezó a estar rodeada con un neocórtex cada vez más complejo. Sin embargo, en medio de todos estos cambios evolutivos, el miedo permaneció en el centro de nuestro mundo emocional y la amígdala se convirtió en la estructura clave del cerebro emocional. Ésta es la razón por la que, para todos los mamíferos, la amígdala todavía coordina de forma principal las respuestas primarias y básicas al miedo ante un peligro. Pero en humanos, el efecto adicional sobre la cognición es evidente en el sentido de que el miedo centra tu pensamiento en la amenaza que es inminnente: cuando te sobresaltas por el timbre que suena en plena noche, dejas de pensar inmediatamente sobre los problemas menores de la vida y te centras en las posibles amenazas a las que te enfrentas.

P: ¿Sabemos ahora mejor cómo actúa el pánico?

R: Antes de nuestro trabajo se sabía que la amígdala era el principal centro de control del miedo y que regula nuestras respuestas de pánico. Sin embargo, la amígdala consiste en una red de circuitos neuronales y no se sabía cómo actuaban estas redes, en su interior,  para regular el miedo. Es decir, el procesamiento del miedo en la amígdala era todavía una caja negra: sabíamos que se producía un cálculo parecido al de una computadora, pero no sabíamos cómo los elementos del circuito producían el resultado.
 
Ahora, tenemos un conocimiento mucho mayor a la hora de diseccionar los componentes funcionales del centro del miedo: hemos identificado, a nivel del circuito, un mecanismo a través del cuál sus componentes controlan el miedo. En una situación de emergencia, el balancín se pone en la posición de miedo que puede culminar con un estado de pánico. Sin embargo, pensamos que este microcircuito tiene propiedades autolimitadoras que impiden que nos quedemos bloqueados ante una situación de miedo. Uno puede especular que esto prodía ser porque, después del impacto inicial, el balancín vuelve atrás y podemos dejar de asustarnos después de un tiempo y encontrar una salida a la situación de pánico.

P: En otros experimentos, los científicos han conseguido desactivar neuronas específicas en la amígdala mediante determinadas sustancias. ¿Controlaremos nuestros miedos en un futuro?
Dos estudios publicados esta semana en la revista Nature acaban de descifrar el funcionamiento de lo que los científicos han llamado “el circuito del miedo”. El equipo del neurobiólogo David J. Anderson, del Instituto Tecnológico de California (CalTech), y el del profesor Andreas Lüthi, del Friedrich Miescher Institute (FMI), han comprobado la existencia de dos tipos de células neuronales en la amígdala que se turnan para abrir y cerrar las “puertas” del miedo. El neurocientífico Wulf Haubensak, miembro del equipo de CalTech, nos explica en qué consiste el hallazgo.

R: Creemos que estamos lejos de eso. Sin embargo, creo que nuestro trabajo mejora el conocimiento del "cableado" detrás del miedo humano y puede ayudar a desarrollar medicamentos que actúen sobre el equilibrio de estos citrcuitos y reduzcan el miedo elevado en fobias y ansiedades.

P: ¿Qué es el miedo?

R: Podría decirte que, desde un punto de vista neurocientífico, el miedo es un estado emocional del cerebro provocado por un estímulo que predice el peligro y activa comportamientos defensivos. Pero "conoces" mejor lo que es cuando lo experimentas. Es el estado más intenso en el que pueden entrar tu mente y tu cuerpo y solo tiene una meta: tu superviviencia.
 
P: ¿Qué es lo que aún no sabemos sobre el miedo?

R: Primero, nos gustaría tener un conocimiento detallado de cómo este mecanismo de balancín es controlado por otras regiones del cerebro, por los genes y por la farmacología. Segundo, nos gustaría investigar los microcircuitos de otras partes del sistema del miedo en el cerebro. Tercero, a muy largo plazo, nos gustaría identificar tratamientos farmacológicos que puedan fijar el equilibrio de éste, y quizá de otros, circuitos del cerebro.

P: ¿Ayudará su trabajo a entender otras partes del cerebro?

R: Eso no lo sabemos con certeza, pero existen otras partes del cerebro con una arquitectura parecida. ería muy interesante las funciones específicas de estos circuitos y si tienen un sistema de "balancín" parecido. Creemos que los métodos que estamos utilizando pueden servir para enfrentarse a esta cuestión.
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