La vida interior de un neandertal


UNiesert (Wikimedia Commons)

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¿Podría un neandertal entender un chiste? ¿Tenían sentido del humor? ¿Se enamoraban? Después de años de estudio, el antropólogo Thomas Wynn se propone dar respuesta a algunas de estas cuestiones en su libro "Cómo pensar como un neandertal" (Oxford University Press, 2012). "El humor es solo uno de los aspectos de los neandertales sobre los que hemos estado especulando durante años en nuestro trabajo por encontrar sentido a su vida cognitiva", escribe Wynn en New Scientist. Y su propósito es comprender cómo se sentía un neandertal y qué inquietudes le afectaban en su vida cotidiana.

Los paleoantropólogos tienen muchos datos sobre estos humanos que vivieron en Europa entre 200.000 años y 30.000 años atrás y con los que convivimos durante miles de años. Conocemos su código genético, que coincide al 99,84% con el nuestro, y sabemos que su cerebro era ligeramente más grande. También sabemos dónde vivían y qué herramientas utilizaban y todos estos datos nos permiten trazar un perfil de sus actividades diarias.

Familiares y cazadores

Por el material con el que fabricaban sus herramientas, sabemos que utilizaban siempre rocas cercanas al lugar en que habitaban, con lo que su territorio de acción raramente superaba los 1.000 kilómetros cuadrados. Vivían en grupos pequeños, de alrededor de diez personas, y aunque alguna vez se relacionaban con individuos de otras comunidades, no hay constancia de actividad comercial ni de intercambios a grandes distancias.

Por la aparición de enterramientos en pareja sabemos que tenían relaciones duraderas y protegían los cuerpos de sus seres queridos igual que hacían los primeros humanos modernos. Tenían una familia. En su sociedad no existían los ancianos, su esperanza de vida media era de 35 años, y trabajaban de forma artesanal y se enseñaban las habilidades de unos a otros durante generaciones.

Los restos óseos muestran numerosas heridas de todo tipo, fruto de su vida como cazadores de grandes mamíferos. El hecho de que sobrevivieran después de estas heridas indica que cuidaban unos de otros y sentían empatía. Paralelamente, hay pocos que aparezcan como sobrevivientes con heridas graves en las piernas, lo que indica que probablemente dejaban atrás a aquellos que no podían caminar y tomaban decisiones pragmáticas por el bien del grupo.

En cuanto al desarrollo del lenguaje, sencillamente no tenemos ni idea. El área de Broca de su cerebro estaba bien desarrollada y, según Wynn, su código genético comparte con nosotros el gen FOXP2, directamente relacionado con el lenguaje. Aunque hay razones para sospechar que pudieron tener algo parecido a una lengua para comunicarse, carecemos de pruebas que lo confirmen.

Poco innovadores

La gran diferencia con los humanos anatómicamente modernos está, seguramente, en la capacidad de innovar. Los hallazgos arqueológicos muestran escasísimas novedades en períodos de miles de años, lo que apunta a que basaban su creación de objetos en el conocimiento aprendido. Para desarrollar invenciones hacen falta una capacidad para la analogía y una memoria de trabajo que quizá los neandertales no tuvieran.

El hecho de vivir en grupos pequeños también pudo ser determinante. Los humanos modernos que habitaban Europa por la misma época se reunían en comunidades de cientos de individuos, con las ventajas que esto tiene respecto al intercambio de conocimientos e innovación, y se relacionaban con extraños con cierta frecuencia, lo que podía enriquecer su cultura en un proceso constante.

Otros investigadores apuntan a habilidades que los humanos modernos desarrollamos y frente a las que los neandertales estaban en desventaja competitiva. La capacidad para detectar mentiras, según la psicóloga evolucionista Leda Cosmides, de la universidad de California, sería una de ellas. O la capacidad para valorar un recurso en comparación con otro, una habilidad que el antropólogo Alan Page Fiske ha bautizado como "establecer precios".

En general, concluye Wynn, si uno interactuara hoy día con un neandertal apreciaría estas pequeñas diferencias cognitivas. Por explicarlo de forma sencilla, un neandertal pillaría los chistes de golpes y cachiporra, pero se les escaparían las sutilezas de Woody Allen. Sus pequeñas sociedades hicieron que se desenvolvían peor en la innovación y en el plano de lo simbólico y esto pudo ser definitivo frente a nuestra capacidad de imaginar, relacionarnos y encontrar soluciones nuevas.