domingo, 27/05/12 - 21: 59 h
El microchip tiene el tamaño de un grano de arena y se acopla a la pastilla. Sus componentes se absorben de manera natural - no son tóxicos - y actúan como una pequeña batería al contacto con los ácidos del estómago. Una vez allí, envía una señal eléctrica de alta frecuencia que circula a través de los tejidos y que llega a otro pequeño receptor que el paciente lleva bajo la piel o en un parche.
A estas alturas, la información esencial ha llegado al chip y de ésta se ha transmitido al teléfono móvil del paciente y al ordenador del médico. La píldora recoge datos sobre las constantes vitales (temperatura, ritmo cardíaco, presión arterial....) y registra si se está tomando correctamente el tratamiento.
Éste es el funcionamiento esencial de las píldoras "inteligentes" que la compañía Lloydspharmacy empezará a comercializar en septiembre en Reino Unido bajo el nombre de Helius. La investigación empezó en 2009 en Silicon Valley, cuando una pequeña compañía llamada Proteus Biomedical empezó a desarrollar un chip ingerible. El producto final, tal y como se ha desarrollado, incluye dos pastillas, la del propio medicamento y un placebo que lleva adherido el microchip y debe tomarse a la vez. La señal será recibida por un pequeño receptor instalado en un parche que hay que renovar periódicamente. El tratamiento costará alrededor de 60 euros al mes.
El diseño de este tipo de pastillas nace de la preocupación de los médicos por la forma en que los pacientes toman sus tratamientos Hasta ahora, es difícil de controlar y en ocasiones genera confusiones, especialmente en casos de enfermos crónicos que toman muchos medicamentos a diferentes horas del día. Con este tipo de dispositivos, el médico puede recibir información detallada del tratamiento y sus consecuencias sobre el paciente, de modo que puede cambiarlo sobre la marcha si los resultados no son los deseados.
"Hemos probado el sistema en cientos de pacientes en muchas áreas terapéuticas diferentes", asegura Andrew Thompson, de la compañía Proteus, en Nature. "Se ha probado con tuberculosis, enfermedades mentales, fallos cardíacos, hipertensión y diabetes".
El funcionamiento del microchip es parecido al de las baterías hechas con una patata. Cada cápsula contiene una diminuta cantidad de cobre y magnesio. Al contacto con los líquidos del estómago, se genera un voltaje en una frecuencia muy concreta que el sensor acoplado en la piel puede detectar de inmediato.
La historia de este tipo de píldoras se remonta a los años 80. Por entonces la NASA desarrolló los primeros termómetros ingeribles para medir la temperatura interna de los astronautas. Y en los últimos años utilizan píldoras con microcámaras que permiten observar el aparato digestivo pero, en general, la tecnología sigue siendo demasiado costosa frente a los métodos de chequeo más tradicionales.
Por otro lado, la transmisión de datos sobre la salud del paciente despierta algunos temores sobre los riesgos para la privacidad. Aunque la compañía asegura que no será posible interceptar los datos del paciente, la proliferación de estos dispositivos podría generar nuevas incertidumbres sobre el manejo de nuestros datos médicos y el acceso que pueden tener a ellos otras personas o empresas, como las compañías de seguros.
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