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Electrónica

El hombre que quería batir el récord del videojuego “más difícil del mundo”

08/06/2009 | Alvy / Microsiervos

Un profesor de matemáticas de secundaria lleva años intentando batir el récord de Donkey Kong, el videojuego que los expertos consideran es "el más difícil del mundo".

Simpatizar con la la obsesión de Steve Wiebe no es difícil. Este entrañable profesor de secundaria de Kirkland, Washington, descubrió hace casi una década que uno de los récords de los videojuegos de los 80 estaba a su alcance, e intentó batirlo como reto personal.

Se trataba de Donkey Kong, el legendario juego de Nintendo en el que un gigantesco mono intenta impedir lanzando barriles que el protagonista (que más tarde pasaría a ser conocido como Mario) rescate a la chica, en un escenario con rampas y escaleras. Wiebe consiguió una máquina, la instaló en el sótano de su casa y se puso a la tarea. Dedicó a ello horas y horas, días, semanas, meses y años enteros.

Su adversario y poseedor del récord desde los 80 era Billy Mitchell, otro legendario jugador de la época, que ostenta entre otras cosas el récord del mundo del no menos legendario Pac-Man. Su hazaña en Donkey Kong superaba los 800.000 puntos –tras más de dos horas jugando– y se consideraba sencillamente imbatible.

Tras años de práctica, Wiebe consiguió batir el récord el la intimidad: envió la grabación a Twin Galaxies, un grupo que registra los récords de todos los videojuegos desde tiempos inmemoriales (tanto mediante vídeos grabados como en eventos en directo). Su millón de puntos (más concretamente, 1.006.600) pasaría a la historia.

Sin embargo, aquí comenzó una rocambolesca historia: su récord fue cuestionado por razones técnicas, probablemente de forma injusta, y cuando pudo batirlo de nuevo “en vivo y en directo” frente a los jueces, apareció a los pocos meses de nuevo Billy Mitchell para volver a superarlo por unos pocos puntos más, situando tras varias actuaciones en 1.050.200 puntos.

Aquello fue en 2007 y desde entonces Wiebe ha intentado recuperarlo una y otra vez. Toda esta historia entre la superación y la obsesión fue contada con todo detalle en King of Kong: A Fistful of Quarters, un documental de de Seth Gordon que resulta tan extraño como divertido de ver: personajes que son casi una caricatura de sí mismos, jóvenes y adultos obsesionados con maquinitas que tienen más de 20 años de antigüedad… todo un espectáculo muy “made in U.S.A.” del frikismo por los videojuegos.

En las últimas semanas, Wiebe volvió a intentar la hazaña en vivo, aprovechando el multitudinario evento E3 del mundillo de los videojuegos. El montaje fue espectacular, con las máquinas en un escenario, los jueces, cámaras en directo para ver al jugador y a la pantalla, retransmisión en tiempo real por Internet… algo digno de los mejores eventos.

En el primer intento el eterno aspirante se quedó en 923.000 puntos y en el segundo tan solo en 653.000. Un montón de fans de todo el mundo se agolpaban en la retransmisión en vivo vía web, chateando a través de un montaje que mostraba los mensajes del canal de Twitter #wiebe en la misma pantalla. El espectáculo duró hasta bien entrada la madrugada española.

Tras un largo descanso, y cuando llevaba unos 280.000 puntos de la tercera y definitiva partida, sucedió lo impensable: un corte en el suministro eléctrico en toda la feria. ¡Mayor emoción imposible! Las webcams se quedaron sin señal, la gente se preguntaba qué había pasado, “gritando” en mayúsculas en el chat… el desconcierto era general. Al volver a la normalidad, las imágenes mostraron que Wiebe había tenido las agallas para empezar de nuevo otra vez desde cero.

En un final tan emocionante como triste, Wiebe llegó a la llamada kill screen –una pantalla “de la muerte” en la que ya no es posible continuar el juego por haber superado todas las fases– donde se quedó definitivamente con… 989.400 puntos. De nuevo rozó el récord, pero sólo lo acarició, sin superarlo por muy poco.

El más ansiado récord de los videojuegos de todos los tiempos no pudo ser superado.

Es casi seguro que Wiebe volverá a intentarlo.

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