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lainformacion.com

martes, 23/09/14 - 01: 29 h

ciencia y tecnología

Sergey Brin quiso vender pizzas por fax (y Google existe gracias a su fracaso)

David G. Ortiz

viernes, 22/02/13 - 12:43

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  • Brin escribió un código para pedir pizza con un sistema que mezcla internet y el fax.
  • Pero, claro, las pocas pizzerías que tenían fax no lo utilizaban para nada...

 

Sergey Brin durante una conferencia en el foro 'Solve for X'  -Foto: lainformacion.com

Un multimillonario campechano y con pinta de majo, un filántropo que ha invertido una fortuna en investigación médica y va por la vida con ojeras, aspecto desaliñado y sus ya inseparables Google Glass. Así es, en parte, Sergey Brin, uno de los fundadores de la todopoderosa Google. O al menos así es cómo muchos lo ven. Sin ir más lejos, se acaba de aliar con el padre de Facebook, Mark Zuckerberg, para dar a luz a un premio científico más cuantioso que el mismísmo Nobel. De genio excéntrico a genio excéntrico.

Lo que no solemos pensar es que estos tipos se han hecho a sí mismos. Un día tuvieron una idea brillante y comenzaron a despuntar, pero antes tropezaron, como todo humano, dos, tres y hasta veinte veces con la misma piedra. Y no les importa hablar de sus fracasos.

Así lo hizo Brin en una charla reciente en los foros 'Solve for X', el 'think tank' de Google. Se remontó a sus años de universitario en Stanford, allá por 1993 o 1994, cuando internet estaba aún en pañales y el buscador más famoso del mundo no era ni siquiera un concepto.

A Sergey se le encendió la bombilla: “La web es genial, pero lo que de verdad necesitamos es pedir pizzas a través de ella”, pensó.. Así que se puso manos a la obra con un grupo de colegas. El problema era que, en aquellos tiempos, “muy poca gente estaba online y las pizzerías no tenían email ni nada de eso”. Así que elaboraron un listado con números de fax y menús de varias pizzerías y los introdujeron en una base de datos. Después prepararon un formulario para elegir el tipo de pizza y los ingredientes. Y, por último, escribieron un 'script' (un código) que recogía el pedido realizado a través de una web y lo enviaba automáticamente vía fax al establecimiento indicado. Parecía el plan perfecto.

Y llegó el momento de ponerlo a prueba. “Esperamos. Cada vez estábamos más hambrientos... Y más hambrientos... En un par de horas no pude aguantar más, llamé a la pizzería y les dije: 'Os he mandado un pedido por fax'. El tipo, sorprendido, dijo: 'Déjame que le eche un vistazo a la máquina de fax'”. Y fue entonces cuando se dio cuenta: los restaurantes que contaban con una máquina de fax eran pocos y, además, las tenían prácticamente de adorno.

“Es la historia de cómo el fracaso de un fax permitió que naciera Google”, resume Brin. “Gracias a que aquella idea fracasó empecé a trabajar con Larry [Page, el otro fundador de Google]”. Y además aprendió una importante lección: el fracaso es valioso, pero hay que “fracasar rápido”. Un emprendedor no puede andar perdiendo el tiempo.

A él, desde luego, no le tembló la mano cuando tuvo que desechar su plan para reinventar la pizza. Una sola llamada fue suficiente.

¿Filántropos o caprichosos? En esto gastan su fortuna los multimillonarios de la tecnología

David G. Ortiz

Redactor de Tecnología

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