domingo, 12/02/2012 - 00:27 h
El inodoro de la Estación Espacial Internacional ha vuelto a estropearse. Con 13 personas a bordo va a suponer todo un problema "logístico"
Utilizar un inodoro en gravedad cero es una operación que dista de ser trivial: la NASA tuvo que diseñar un complejo mecanismo para que los astronautas pudieran hacerlo sin que nada inapropiado “saliera volando por ahí”. Nadie sabe exactamente cuánto ha podido costar diseñar el último cuarto de baño que se instaló en la Estación Espacial Internacional (ISS), pero la cifra debe superar los cientos de millones de dólares. Con aspecto de una silla de tortura metida en un aseo más pequeño que los de los aviones, es una pieza de ingeniería tan compleja como cualquier otra, pero parece especialmente propensa a estropearse dado que es la segunda vez que falla en unos pocos meses.
El problema en esta ocasión se ha complicado sobremanera: los astronautas de la ISS recibieron la visita del Endeavour, de modo que hay 13 personas a bordo de la estación, una cifra récord. Y todos tienen que hacer sus necesidades a lo largo del día. Para esos momentos en los que no puedan ignorar la llamada de la naturaleza, la solución temporal es usar el “cuarto de baño” del transbordador espacial. Otra opción es el inodoro que está instalado en la zona rusa de la estación. Y si todo falla, siempre quedarán las bolsitas con tubitos que usaron los astronautas de las misiones Apolo.
Pero la situación no está exenta de ironía: desde hace años hay grandes discusiones entre los responsables rusos y norteamericanos por el uso del cuarto de baño, la comida y las máquinas de gimnasia, entre otras cosas. Los astronautas de cada país tienen órdenes de comer su propia comida y respetar las zonas e instrumentación de los demás, incluyendo el cuarto de baño. Aunque compartir la comida es normal para matar el aburrimiento de los repetitivos menús, hubo quejas oficiales porque desde 2003 los rusos pretendían “cobrar dinero” por el uso de sus instalaciones, incluyendo el inodoro, lo que acabó en una pequeña guerra diplomática. En aquel momento los americanos respondieron no permitiendo a los rusos usar sus máquinas de gimnasia y cuando llegó el nuevo cuarto de baño se incluyó en la “lista prohibida”. Al final la buena educación y compañerismo de los astronautas superó las discusiones burocráticas. Toda una suerte teniendo en cuenta que ahora los rusos cuentan con uno de los grandes tesoros para un grupo de personas aisladas en la infinitud del espacio: un inodoro que funciona.
Para reparar esa defectuosa pieza de tecnología que se ha vuelto a atascar los astronautas norteamericanos cuentan con un miembro del equipo que hará las veces de “fontanero”. Mientras tanto, las instrucciones de seguridad de los equipamientos incluyen un “protocolo” digno de la ciencia-ficción para el uso del inodoro de la lanzadera:
“Las instrucciones de funcionamiento pueden verse en la Tarjeta 2.301 WHC: se recomiendan un intervalo de 6 minutos entre usos. Si se utiliza tres veces seguidas con intervalos de menos de 6 minutos es necesario esperar 30 minutos para el enfriamiento. El tiempo máximo de uso de forma continua es 30 minutos seguido de 20 minutos de enfriamiento”.
Definitivamente, en la Estación Espacial Internacional hay que tener conocimientos de ingeniero… hasta para ir al baño.
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