sábado, 26/05/12 - 04: 34 h
La historia se remonta a la noche del 18 de abril de 1955, cuando el patólogo Thomas Harvey, encargado de la autopsia de Albert Einstein, tomó una sierra circular, extrajo el cerebro del genio y se lo llevó a su casa. Cuarenta años después, el periodista estadounidense Michael Paterniti localizó a Harvey en un pequeño apartamento en Kansas y se ofreció a acompañarle en un viaje muy especial: cruzar el país en un viejo Buick para devolverle el cerebro a la nieta de Einstein.
Paterniti describió la experiencia en su libro en su libro “Viajando con Mr Albert”, en el que relata la travesía surrealista con el cerebro de Einstein en el maletero y la manera en que esta obsesión destrozó la vida del patólogo. Contactamos con él para que nos relate algunos detalles más de aquel extraño episodio.
Pregunta. Esto de viajar con el cerebro de Einstein en el maletero, ¿cómo surge?
Respuesta. Había escuchado hablar sobre el cerebro de Einstein como una especie de leyenda urbana, pero no fue hasta que empecé a pasar tiempo con el doctor Harvey que se me ocurrió la idea. Me dijo que tenía algunos asuntos en Kansas y que tenía que llevar algo a California, así que me ofrecí a conducir. Hasta la mañana en que nos fuimos no estaba seguro de si había traído el cerebro con nosotros o no. Pero al final lo trajo, y allá que fuimos.
P. ¿Cómo fue su primer contacto con el cerebro de Einstein? No lo vio hasta casi el final del viaje, ¿no?
R. Tuve un primer vistazo rápido antes, en una habitación oscura, cuando Harvey me lo mostró por un instante, eran como trozos oscuros. No tenía ni idea de lo que estaba viendo en aquel momento.
P. ¿Qué aspecto tenía? En su libro afirma que parecían trozos de pollo.
R. Sí, eso es, y un poco como si alguien hubiera estornudado. Era, bueno, increíblemente poco apetecible. Por supuesto descubrí más tarde que el cerebro había ido diseccionado de manera sistemática y enviado a algunos neuroanatomistas. También se había conservado herméticamente una parte, para poder manejarlo sin que se deteriorara.
P. ¿Por qué cree que Harvey tomó la decisión de coger el cerebro aquel día de 1955?
R. Esa es la pregunta del millón de dólares, ¿no? Pienso que, al principio, fue por puro sobrecogimiento. Allí estaba el cerebro, el objeto místico, que había llegado a ver tan profundamente en el universo y tocado a Dios, y allí estaba también el doctor Harvey, patólogo de una pequeña ciudad, que estaba realizando la autopsia de Einstein casi por error, mientras la prensa de todo el mundo acudía a Princeton. En aquel momento yo creo que él pensó que era su misión conservar el cerebro como mejor pudiera, con la esperanza de que la humanidad descubriría algún día la llave al genio de Einstein.
P. ¿Cuál fue su impresión sobre Harvey? ¿Fue destruido por la atracción que tenía hacia este cerebro?
R. Hasta este día, y aunque está muerto, el doctor Harvey sigue siendo un absoluto enigma para mí. Es justo decir que su carrera se vino abajo, desde luego, en cuanto tomó posesión del cerebro. Tuvo varios matrimonios fracasados, le despidieron de su trabajo y finalmente perdió su licencia como médico. ¿Pero estaba maldito? ¿Actuó el cerebro como una especie de talismán maligno? No creo que él lo viera de esa manera. Creo que él percibió que su propia inmortalidad estaba unida al cerebro de Einstein y por eso se aferró con fuerza a él.
P. Al final, él nunca vendió el cerebro ni lo utilizó con otro propósito que no fuera científico, ¿por qué?
R. Creo que se mantuvo firme en sus convicciones. Su preocupación nunca fue el dinero y, a su manera distraída y digresiva, se preocupó por la Ciencia.
P. Durante el viaje, usted confiesa que sentía deseos de gritar a todo el mundo que llevaban el cerebro de Einstein en el maletero...
R. Bueno, en contexto, así era como me sentía en aquel momento. Me había convertido, en esencia, en el chófer del doctor Harvey, y condujimos alrededor de 5.000 kilómetros a escasos centímetros uno del otro. Había algo en la naturaleza reservada y cautelosa del doctor Harvey, y su secreto, que empezó a volverme loco. Y sí, mi primer impulso era gritar su secreto a todo el mundo.
P. ¿Por qué nos fascina tanto este cerebro? ¿Es una especie de fetichismo?
R. Aparte del genio cegador de Einstein, sobre todo en los primeros años, creo que su cerebro es visto por algunos como un objeto sagrado, algo que encarna a la vez las grandes inquietudes científicas y religiosas de nuestro tiempo. ¿Existe Dios? ¿Es Él o Ella algo separado de la materia de nuestro Universo? ¿Hay algún recoveco en el tiempo que nos permita la inmortalidad?
P. Desde el punto de vista científico, ¿por qué es el cerebro tan especial?
R. Hmmm... Es una buena pregunta. Él tenía más células gliales que la media en su cerebro, y la estructura cerebral era única. La verdad es que los neuroanatomistas están todavía discutiendo esta cuestión.
P. Al llegar a Las Vegas, empezó a contarles lo que llevaba en el coche a los extraños, y a nadie parecía importarle ¿Qué sensación tuvo?
R. Fue como una última ironía. Había mantenido el secreto de Harvey durante kilómetros y cuando finalmente admito en qué estamos envueltos - en este larguísimo viaje con la presunta intención de devolver el cerebro de Einstein a su familia - a nadie parecía interesarle. De hecho, hasta parecía molestarles porque consideraban que estaba loco.
P. La historia es una auténtica "road movie", ¿ha tenido alguna oferta para llevarla a Hollywood?
R. Los derechos del libro los compró hace algunos años un productor (Scott Rubin), y ha rondado por ahí durante mucho tiempo. Sé que hay un guión, pero tal y como funcionan las cosas en Hollywood, no tengo muchas esperanzas.
P. ¿Qué pasó al final con el cerebro?
R. Lo último que supe fue que había sido devuelto al hospital de Princeton donde le practicaron la autopsia. Un final redondo, ¡desde luego!
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