Antonio García, un valenciano de 35 años, todavía recuerda el día en que estuvo a punto de empotrarse contra un jabalí. Ocurrió a pocos kilómetros de Piqueras del Castillo, un pequeño pueblo de Cuenca. «Era de noche», rememora. «Iba al volante del coche en una recta larga. El bicho apareció por la izquierda, como de la nada. Di tal frenazo que se bloquearon las ruedas y avancé asi varios metros. Menos mal que no iba muy rápido porque si no me lo como y me destroza el coche».