Ciolek reina en el infierno helado de la Milan-San Remo

  • El alemán se impuso al sprint a Sagan, Cancellara, Chavanel, Paolini y Stannard, con los que llegó escapado, en una de las ediciones más duras de la historia de la Milan-San Remo.

  • Las fuertes nevadas y el frío obligó a detener la carrera durante dos horas y a reanudarla dos horas más tarde treinta kilómetros delante de donde se había parado.

Nieve, viento y mucho frío

Nieve, viento y mucho frío

Despacito y buena letra

Despacito y buena letra

Parón y al bus

Parón y al bus

Otro uso del casco

Otro uso del casco

Nunca ir en cabeza fue tan duro

Nunca ir en cabeza fue tan duro

El ciclista que no ganará

El ciclista que no ganará

Ciolek se lo tomó con humor... y luego ganó

Ciolek se lo tomó con humor... y luego ganó

Hasta los médicos se apiadan

Hasta los médicos se apiadan

A Farrar no hay quien le borre la sonrisa

A Farrar no hay quien le borre la sonrisa

Quinziato humaniza al campeón del mundo

Quinziato humaniza al campeón del mundo

Así estaba la línea de meta

Así estaba la línea de meta

Un infierno de nieve, frío y viento. Así fue la 103ª edición de la Milan-San Remo. Las palabras no son suficientes para poder describir las condiciones bajo las que los ciclistas tuvieron que competir hasta que la organización le puso un poco de cordura a la carrera y decidió suspenderla temporalmente.

La Milan-San Remo es la carrera que marca el final del invierno y el inicio de la primavera en el calendario ciclista internacional. Parece que este año el invierno ha querido marcharse dejando huella en el pelotón. Dos de las cotas míticas de la carrera más larga del año (Passo del Turchino y Le Mànie) no se han podido subir por la nieve acumulada.

En el primero, situado a 532 metros de altitud, había cero grados de temperatura y varios centímetros de nieve en el momento en que tenía que haber pasado el grupo por ahí.

Neutralización y... ¿suspensión?

Ante tal panorama, la organización de la carrera optó por la decisión más coherente y decidió neutralizar la marcha de los ciclistas justo antes del Passo del Turchino. La idea era que los autobuses trasladasen al pelotón 50 kilómetros más adelante y, desde allí, reemprender la marcha. Empero, el rumor de suspensión de la carrera por el descontento de ciclistas y equipos empezó a extenderse.

Al final, pese a que muchos ciclistas abandonaron, la carrera siguió adelante. Con 50 kilómetros menos y 2 horas de retraso. Eso sí, la ventaja de los fugados -entre los que estaba Pablo Lastras- se respetó. De nada les sirvió porque el pequeño pelotón que llegó al final les cazó a falta de veinte kilómetros.

En el archiconocido final que enlaza dos de los repechos más famosos del panorama ciclista (Cipressa y Poggio di Sanremo) decidiría el ganador de esta carrera invernal e infernal.

Aunque Stinnard y Chavanel lo probaron de lejos y Cancellara intentó demostrar su fortaleza como rodador, al final un grupo de seis ciclistas llegó junto al final. El más rápido en el sprint fue Gerald Ciolek, que se llevó una de las victorias más importantes y épicas de su vida. No sólo ha vencido en la Milan-San Remo, si no que ha vuelto vivo del lugar más cercano al infierno que puede conocer un profesional de las dos ruedas.