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lunes, 20/10/14 - 10: 35 h

ciclismo

Lance Armstrong, el ciclista que tenía pánico a perder

Roberto Arnaz

viernes, 24/08/12 - 13:24

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El ciclista texano, siete veces ganador del Tour de Francia, ha sido desposeído de todos sus títulos después de que la Agencia Estadounidense Antidopaje (USADA) haya considerado probado que usó sustancias dopantes entre 1996 y 2005. Armstrong, que destacó con la bicicleta desde niño, fue triatleta antes de convertirse, con sólo 20 años en profesional del ciclismo. En su carrera ha ganado más de 60 etapas y carreras de un día.

Lance Armstrong: el nacimiento y la caída de un mito en 21 imágenes icónicas  -Fotogaleria: Roberto Arnaz

“Hay dos cosas en la vida que me aterrorizan. Una es hacerme daño y la otra, a la que tengo aún más miedo, es perder”. En junio de 2005, Lance Armstrong, entonces hexacampeón del Tour de Francia, admitía en las páginas de la revista Playboy su aversión por la derrota. Incluso siendo niño, Lance nunca perdía a nada, ni siquiera cuando jugaba a las carreras con sus compañeros de correrías infantiles el Plano (Texas. EEUU) con el número 10 colgando del manillar de su bicicleta.

Apasionado del deporte, a los 12 años cambió la bicicleta por la piscina. Tardó poco en destacar: en su primera competición terminó en cuarta posición en los 1.500 metros del campeonato estatal de natación.

Inquieto, decidió unir sus dos pasiones, el ciclismo y la natación, y se inscribió para participar en un triatlón. Ganó. A los 16, Armstrong ya era un exitoso triatleta profesional. Sus victorias las cimentaba en la enorme facilidad que tenía para la bicicleta, donde solía aventajar a todos sus rivales.

Aquel chaval con una cualidad innata para el ciclismo fue seleccionado por Estados Unidos para integrar el equipo que competiría en la prueba de Ruta en los Juegos Olímpicos de Barcelona. A pesar contar con sólo 20 años y carecer de experiencia, acabó decimocuarto, puesto que le valió su primer contrato profesional con el equipo Motorola.

Su explosión deportiva se vivió al año siguiente. En 1993, Armstrong sorprendió al pelotón internacional ganando nada menos que 10 victorias en etapas y carreras de un día. Sin embargo, su gran día fue el 29 de agosto. En la última vuelta del Campeonato Mundial de Ciclismo en Ruta, celebrado en Oslo (Noruega), el ciclista texano lanzó un ataque que le llevó a la victoria con 19 segundos de ventaja sobre el gran favorito, el español Miguel Induráin.

A sus 21 años, “el estadounidense ha demostrado que es el digno sucesor de Greg Lemond y que hay que tenerle en cuenta para cualquier cosa de ahora en adelante”, como dijo en la retransmisión en directo de la prueba el malogrado periodista deportivo Pedro González.  

El mazazo

Con el maillot arcoíris de Campeón del mundo siguió cosechando victorias de renombre. La siguiente temporada, la de 1995, consiguió la etapa con final en Limoges en el Tour de Francia y señalando con la mano al cielo, le dedicó el triunfo a su compañero de equipo Fabio Casartelli, fallecido en ese mismo Tour tras una caída en la que se golpeó la cabeza.

El año siguiente, tras un gran inicio de temporada en el que ganó la prestigiosa Flecha Valona, su rendimiento cayó en picado. En el equipo Motorola saltaron todas las alarmas y decidieron someter a Armstrong a distintas pruebas médicas.

“El 2 de octubre de 1996, salí de casa para hacerme unos análisis médicos y, cuando volví, era otra persona. [...] Me diagnosticaron un cáncer en el testículo y después, para complicar más las cosas, descubrieron que también tenía una docena de tumores, del tamaño de una pelota de golf, en los pulmones y el cerebro". Así relata Lance Armstrong en su libro 'Mi vuelta a la vida' cómo le diagnosticaron la enfermedad.

El ciclista tuvo que ser operado de urgencia. Las estadísticas no estaban de su lado, antes de la intervención los médicos le informaron que las posibilidades de sobrevivir eran inferiores al 40%. Una vez más, el campeón estadounidense salió victorioso.

Después de la cirugía se sometió a cuatro sesiones de quimioterapia. “Tras ellas, el 13 de diciembre de 1996, estaba encogido en posición fetal y vomitaba las 24 horas del día. Había perdido nueve kilos y toda mi masa muscular había desaparecido. Además, se esfumó mi contrato de 440 millones de pesetas, por dos años, con Cofidis, el equipo francés que me dio por desahuciado”, recuerda en su libro.

Mentalidad de campeón

Terminado el tratamiento, volvió a entrenar. Sin embargo, su regreso a la competición fue un fracaso: se retiró en la primera etapa de la Paris-Niza de 1998 y parecía decidido a dejar el ciclismo profesional. Según explica el propio ciclista en su biografía, “el cáncer me había puesto la vida patas arriba y estaba desorientado. Nadie podía comprenderlo, excepto Kristin, mi mujer”.

Armstrong retomó los entrenamientos con más intensidad y los resultados comenzaron a llegar. Ganó la Vuelta a Luxemburgo y acabó cuarto en Vuelta a España de 1998, donde rindió a un gran nivel en la montaña. Con la moral por las nubes, se planteó un reto casi imposible para el año siguiente: llegar de amarillo a París en el Tour de Francia.

En la etapa prólogo nadie apostaba por el texano, pero ganó por delante del gran favorito, Alex Zuelle. Desde ese momento sólo cedió el maillot amarillo seis días al estonio Jaan Kirsipuu. El 25 de julio celebró su primera victoria en la ‘Grande Boucle’. Después llegarían seis más.
 
“Espero que esta victoria sirva para enviar un mensaje a todos los supervivientes del planeta. Podemos volver a ser como éramos antes, incluso mejores”, afirmó poco después de coronarse en los Campos Elíseos.

La caída de un mito

El 24 de julio de 2005 fue un día agridulce para Lance Armstrong, que se convirtió en leyenda ganando su séptimo Tour consecutivo y, al mismo tiempo, confirmó su retirada del pelotón internacional.

Alejado de la competición, Armstrong se dedicó a participar en carreras populares, como el maratón de Nueva York, y en actos para promocionar su fundación y la lucha contra el cáncer. Su ‘jubilación’ no duró mucho: en septiembre de 2008 anunciaba su vuelta a la competición.

Para su regreso a las carreteras eligió el equipo Astana, en el que compartiría autobús con el español Alberto Contador. Sin embargo, el Tour de 2009, en el que Armstrong tenía puesta sus esperanzas, no salió como esperaba y cayó del lado del español Alberto Contador que, con esta victoria sobre el legendario texano, se confirmó como la nueva sensación del ciclismo mundial.

El heptacampeón del Tour volvió a fracasar en su asalto al año siguiente y, en 2011, anunció que abandonaba la bicicleta de manera definitiva. Ya por aquel entonces su ex compañero Floyd Landis había iniciado una guerra de declaraciones en la que acusaba a Armstrong de relacionarse con el médico italiano Michele Ferrari, conocido por su presunta relación con el dopaje de deportistas de alto nivel.

El ya ex ciclista texano se defendió de las acusaciones asegurando que a lo largo de su carrera se había sometido “a más de 500 test antidoping” y que ninguno había arrojado un resultado positivo. Argumento que no debió convencer a la Agencia Estadounidense Antidopaje (USADA) que inició una investigación, que ha concluido que Armstrong usó sustancias dopantes entre 1996 y 2005. El mito de Texas será desposeído de todas sus victorias, entre ellos sus siete Tours de Francia.

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