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miércoles, 27/08/14 - 19: 46 h

agitación civil

Claves para entender las protestas sirias

Jon Jensen | GlobalPost

viernes, 25/03/11 - 10:07

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Las revueltas en este país vecino de Jordania, Irak y Turquía entre otros habían pasado casi inadvertidas eclipsadas por los sucesos en Egipto y la guerra libia. Pero son miles los sirios que han salido a las calles y decenas los muertos que se cuentan ya entre los manifestantes contrarios al régimen
El Observatorio Sirio de Derechos Humanos denuncia el arresto de 60 personas en protestas
El líder

Han pasado 11 años desde que el presidente de Siria Bashar al Asad sucedió a su padre Hafez, un ex piloto de combate que llegó al poder tras una serie de golpes militares destinados a gobernar Siria con un férreo control, con vallas publicitarias por todo el país proclamándole presidente vitalicio, y donde los ciudadanos no se atreven ni a pronunciar su nombre.

Bashar, el joven aprendiz de oftalmólogo y director de la Sociedad de Computación de Siria, que conoció a su esposa Asma, cuando ella trabajaba como banquera de inversiones en Londres, se vio catapultado al poder después de que su exuberante hermano mayor Basil, el heredero de Hafez que había sido preparado para el cargo, muriese en un accidente de tráfico. Bashar fue confirmado como presidente en un referéndum sin oposición y reelegido con el 97% de los votos en 2007.

A pesar de proyectar una imagen más suave que su padre, Bashar ha emergido tras cinco años de intensa presión liderada por Estados Unidos por las acusaciones de Siria de desestabilizar Irak y el Líbano (ambos, países vecinos) y por el aislamiento de los vecinos árabes, con sus credenciales como un hombre fuerte con un prestigio mucho mayor, sobre todo a los ojos de muchos sirios.

Las quejas


Como Egipto, el partido gobernante de Siria, Baaz, ha mantenido en vigor las leyes de emergencia dictadas el primer día que llegó al poder en 1963. El estado de emergencia suspende muchos aspectos de la Constitución siria, permitiendo el arresto de ciudadanos por una amplia gama de cargos posibles como “debilitar el sentimiento nacional” o “trabajar en contra de los objetivos de la revolución”.

La Primavera de Damasco, unos pocos meses de relativa apertura tras la sucesión de Asad, se convirtió rápidamente en invierno, ya que los servicios de seguridad continuaron con su represión sistemática de los activistas pro derechos humanos y políticos, deteniendo a los miembros de la pro-democracia "Declaración de Damasco”, censurando páginas web, deteniendo a los blogueros y prohibiendo a los opositores abandonar el país.

Los niveles de pobreza en Siria siguen siendo obstinadamente elevados, con uno de cada diez ciudadanos viviendo con menos de un dólar al día y el Gobierno está pisando una línea muy fina en su intento de reformar un régimen corrompido, una era pos-soviética con una economía centralizada, imponiendo subsidios insostenibles a las materias primas básicas y permitiendo el crecimiento de un mercado libre mientras que mantiene la ayuda a los pobres.

Sin embargo, la economía de Siria lo está haciendo mucho mejor que Túnez o Egipto: Las cifras oficiales de desempleo van desde el 8 al 12%, aunque los economistas independientes lo sitúan más cerca del 20%, lo que representa aproximadamente la mitad de la cifra registrada en Egipto, donde los salarios estatales también son la mitad que en Siria.

Ahora Al Asad ha prometido aumentar los niveles de vida de los ciudadanos, incrementar los sueldos de los funcionarios en al menos un 20 por ciento e incluso ha hablado de la posibilidad de levantar el eterno estado de emergencia. Todo ello, en un intento de acallar las protestas.

El momento

Una página de Facebook llamada “La Revolución Siria en 2011” (‘The Syrian Revolution 2011) lanzó un llamamiento para hacer protestas pacíficas frente al Parlamento de Damasco después de las oraciones del 4 de febrero.

El grupo consiguió cerca de 14.000 “me gusta” de usuarios de Facebook, pero de los mensajes que había en la página de inicio del movimiento se podía deducir que estaba dirigida por gente que vive fuera de Siria. Un periodista local que pasó un tiempo en el parlamento dijo que ningún grupo se había reunido allí, con los activistas locales pro derechos humanos minimizando las posibilidades de cualquier movimiento de masas.

El inicio de las protestas

A pesar de la oposición y de las cifras a favor del gobierno, se dijo que era poco probable que ocurrieran en Siria protestas antigubernamentales –por ejemplo, la manifestación del 4 de febrero nunca se produjo- y una cifra aproximada de 1.500 personas tomó las calles de Damasco el 17 de febrero después de que el hijo de un comerciante fuera supuestamente golpeado por la policía.

Se escuchó a los manifestantes, que mantuvieron su posición durante tres horas en la zona Hariqa de la Ciudad Vieja, cantar "el pueblo sirio no será humillado", aunque no llegaron a realizar un llamamiento para pedir el cambio político.

En una estrambótica escena, el ministro del interior se coló en el encuentro y se dirigió a la multitud. "Esto es una manifestación", dijo, casi aturdido como estaba entre los manifestantes.

Esta manifestación espontánea no tiene precedentes en Siria. Aunque elegido sin oposición, el presidente sigue contando con el apoyo genuino de una amplia muestra representativa de la sociedad siria, incluso aunque los miembros de la "vieja guardia" de su régimen siguen siendo temidos y odiados.

La policía secreta de Siria, cuyo ámbito de acción alcanza todos los niveles de la sociedad siria vigila muy de cerca a las figuras de la oposición que hay en el país. Cuando un pequeño grupo de personas acudieron a una vigilia con velas encendidas frente a la embajada egipcia en Damasco el pasado domingo, había docenas de policías allí, filmando a los manifestantes y exigiendo ver su identificación. Tres días más tarde, cuando un grupo de 20 personas vestidos de civiles golpearon a un pequeño grupo de 15 manifestantes que estaba celebrando una vigilia similar, la policía no hizo nada para detenerlos.

Cualquier manifestación a favor de la democracia que tenga éxito en romper la tenaza del miedo es probable que se vea rápidamente desbordada por las manifestaciones pro-Asad, que involucran a miembros del partido Baaz, controlado por la Unión Nacional de Estudiantes Sirios, como ocurrió en 2005, cuando Siria estuvo bajo presión del Líbano.

En un aparente intento de anticiparse a cualquier manifestación importante y tal vez en un intento de borrar de un plumazo las críticas, el Gobierno sirio retiró las restricciones en el uso de internet en el país, incluyendo la prohibición sobre el uso de Facebook. De momento, no ha servido. Los manifestantes están saliendo por miles a las calles.

Bastión secular del mundo árabe

Al igual que Mubarak en Egipto, el liderazgo de Siria se presenta como un bastión secular contra la posible toma de posesión del país por los Hermanos Musulmanes, de cuya moderación muchos desconfían incluso en el cercano Egipto, donde sus portavoces insisten en que -aunque quieren un estado regido únicamente por la ley islámica- todos los ciudadanos tendrán los mismos derechos.

En 1982, los Hermanos Musulmanes encabezaron un levantamiento contra Hafez al Asad, que fue brutalmente reprimido cuando el Ejército recibió la orden de bombardear Hama, una ciudad al norte de Damasco, matando entre 10.000 y 25.000 personas, la gran mayoría civiles.

También hay tensiones sectarias y étnicas profundamente arraigadas en la sociedad siria, que el régimen pretende mantener a raya, pero que las figuras de la oposición alegan que su Gobierno se ha afianzado.

La columna vertebral del régimen proviene de la secta minoritaria alauí, una rama del islam chií, mientras que tres cuartas partes de la población de Siria son musulmanes suníes. El país también tiene una gran población de marginados kurdos, muchos de los cuales aspiran a separarse del noreste de Siria en el semi-autónomo Kurdistán de la vecina Irak.

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