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Ocho planes y las mismas dudas: los ajustes que Atenas ha aprobado en dos años

13/09/2011 06:00 | Álex Medina R.
Grecia se metió ella sola en una crisis escandalosa, con un déficit superior al 15% que ni siquiera admitía en un principio. Hizo trampas y el mercado se lo ha hecho pagar. Sin embargo, tras dos años de ajustes, recortes, privatizaciones, abaratamiento del despido o reforma de las pensiones, cualquier esfuerzo aún parece pequeño.
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Grecia es ya como ese novio (o novia) infiel que promete que no lo volverá a hacer. Pero la novia (o el novio) ya no sabe cómo creerle. Quiere, porque de ello depende su futuro conjunto, pero está harta de darle oportunidades.

Los griegos, siguiendo con la historia romántica, se han gastado una fortuna en comprar flores y en ir a comidas con los suegros para compensar al compañero reticente. Aquello de "Grecia anuncia un nuevo paquete de medidas" es, seguramente, una de las noticias más repetidas en los últimos dos años.

Pero, en todo este tiempo, y con dos rescates (o uno y medio) en el camino y una docena de amagos de colapsos definitivos, el país que parió la democracia actual no ha salido de su laberinto. La capacidad de sorpresa (o de apaciguamiento de los mercados) se ha perdido.

Sin embargo, siempre viene bien recordar qué ha hecho (o intentado hacer) para reconvenir su infidelidad:

-Finales de 2009. Llega el nuevo Gobierno y vende humo político.

A principios de octubre de 2009, el Partido Socialista de Grecia (PASOK) liderado por Yorgos Papandreu gana las elecciones legislativas anticipadas. Ni cien días después, las agencias de calificación empiezan a bajar la escalera del rating heleno a toda velocidad.

El 14 de diciembre, y en pleno debate de los Presupuestos para 2010, Papandreu expone las líneas maestras para reducir el déficit del 12,7% al 9,1%. (El problema es que Grecia aún miente, porque sus números rojos superan el 15%, como luego se descubrirá).

Con todo, el Gobierno plantea un paquete genérico, el manual del recorte de gasto sin enfadar a nadie. Por ejemplo: la reducción de costes operativos y gubernamentales, el recorte en las nuevas contrataciones de funcionarios (nada de tocar a los que hay), de forma que sólo se repondría uno de cada cinco retiros; la reducción de oficinas de turismo en el exterior, el tijeretazo al gasto miliar o la racionalización en la compra de suministros por parte de la sanidad y otros servicios públicos.

Filosofía, en fin, que estaba abocada a una dura reprimenda de la UE porque con aquello no se recortaba lo que se tenía recortar.

- Primer trimestre de 2010. Antes se coge a un mentiroso...

Atenas y Bruselas negocian las condiciones del plan de austeridad. A la Comisión no le convencen las promesas helenas y el gobierno socialista va añadiendo matices a sus medidas. Más que de acciones, se debate sobre los objetivos: hay que recortar el déficit en tres puntos y no sólo en dos.

Y así siguen hasta que el 14 de febrero salta el escándalo: Goldman Sachs, el mayor banco americano, permitió que Grecia aparentase una situación financiera muy lejos de la verdad. La desconfianza prendió y la UE exigió a Atenas a un nuevo plan "de verdad".

El Ejecutivo ya se tomó algo más en serio el ultimátum e hizo público su segundo plan, en el que destaca la subida del Impuesto al Valor Añadido en uno o dos puntos, según los campos de aplicación. Además, se crea un recargo de un 1% para rentas superiores a los 100.000 euros y se impone un impuesto a productos de lujo cuyo valor de mercado fuera superior s los 35.000 euros y otro para los dueños de grandes propiedades inmobiliarias.

Por el lado del gasto, se recortaría en unos 500 millones la inversión pública y los pluses a funcionarios se reducen en casi un tercio. En total, se esperaba conseguir unos 5.000 millones de euros.

- Primavera de 2010. Ahora sí: un plan de verdad

Sólo un mes después del anterior plan, y en medio de los cada vez más intensos rumores de rescate, el Parlamento griego aprueba una nueva reforma fiscal que perseguiría el fraude y la corrupción. En un país donde el impago de impuestos supera el 30%, la medida se vendió como gran avance.

Pero nada. A finales de abril se precipitan los acontecimientos y la reuniones y Grecia pide la activición del programa de ayudas (en cristiano: rescate). Obviamente, la UE muestra su lado más duro antes de ceder. El nuevo plan de ajuste griego sí que fue un plan de ajuste en toda regla.

De hecho, el ahorro previsto era de 30.000 millones de euros en tres años y, para empezar, el primer colectivo implicado fue el de funcionarios, a los que se congelaría el sueldo en esos tres ejercicios, se les eliminaría pagas extra y se les rebajaría las bonificaciones.

El segundo gran bloque se centró en los pensionistas, de forma que se acortaron pagas  y se aprobó un retraso de la edad de jubilación hasta los 65 años (hasta ahora se situaba en 60). En general, el gasto en el sistema se adelgazaría en más de un 25%.

Hasta aquí, el gasto. En lo que respecta a ingresos se volvió a subir (sólo dos meses después) el IVA en otros dos puntos adicionales y se elevaron en 10 puntos los impuestos sobre tabaco, alcohol y combustibles.

Igualmente, se liberaliza aún más el mercado laboral y se facilita el despedido, con una indemnización menor. Al mismo tiempo, el Estado vende o reduce su presencia en empresas semipúblicas o públicas y se liberalizan los sectores de la energía y el transporte.

- Finales de 2010, principios de 2011: con todo lo anterior, tampoco se llega.

Tras este recorte en toda regla, se aprueba el rescate y el sistema. La situación se calma momentáneamente, pero los parches terminan despegándose. Para el mes de noviembre, a Grecia le empiezan a fallar, de nuevo, las cuentas y anuncia otro plan más, consistente en nuevos recortes de gastos y aumentos de ingresos. El objetivo son 5.000 millones.

Sea por estas dudas o porque la enfermedad era más grave en otros rincones de Europa, a finales de ese mes Irlanda pide ser rescatada...

Y todo lo que hace Grecia es siempre insuficiente. Cada entrega de un tramo del primer rescate se convierte en una batalla política (y bursátil), hasta que llega el aniversario de las ayudas y... no ha sido suficiente.

Aun así, el Gobierno se saca de la manga otro plan, esta vez, mediante la venta de gran parte de las participaciones estatales en las empresas públicas, desde el grupo eléctrico DEI hasta la sociedad de ferrocarril o la compañía telefónica. En total, se espera recaudar 50.000 millones de euros en privatizaciones.

Tampoco basta: apenas unas semanas más tarde, vuelve a anunciarse un plan contra el fraude fiscal, con la intención de ingresar casi 12.000 millones.

Nada: la tensión aumenta y Grecia se acerca a la bancarrota. El 7 de mayo de 2011 Grecia dice por primera vez que no abandonará el euro y una semana después empieza a hablarse de la posibilidad de un segundo rescate.

- Verano de 2011: las segundas partes nunca fueron buenas

El segundo rescate se hizo de rogar aún más que todo lo anterior. La crisis toma cariz político cuando Papandreu presenta su dimisión primero y se somete después a una moción de confianza que supera.

No obstante, y mientras todo el mundo pide gestos a Atenas para que se le conceda el segundo rescate, no está claro que el Parlamento heleno sea capaz de aprobar su plan de austeridad. Europa aguanta la respiración y avisa a los diputados griegos que sin plan no habrá dinero.

Lo hubo. Por poco, pero lo hubo. Así que se aprobó el segundo rescate, tras una nueva demostración de poder franco-alemana.

Las aguas parecían calmadas hasta que tocó liberar el último tramo del primer rescate. Los enviados de Comisión, BCE y FMI salen asustados de su análisis de la situación griega y se pone en duda, una vez más, todo lo conseguido. Grecia va a entrar en impago, se rumorea en los mercados.

¿Y cómo responde el Gobierno griego? Con una nueva medida que grava en cuatro euros por metro cada vivienda.

¿Ha bastado?
O mejor dicho, ¿ha servido de algo todo lo anterior?

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