miercoles, 08/02/2012 - 19:27 h
La figura del facilitador financiero fue anunciada en octubre del año pasado y se puso en marcha dos meses más tarde, con el objetivo de erradir la sequía credicita que asola el país. Sin embargo, los primeros pasos de este invento dejan un balance desolador: una sola operación en lo que llevamos de 2010
El 22 de octubre de 2009, el Gobierno aprobó la creación de la figura del Facilitador Financiero del Instituto de Crédito Oficial (ICO), con el encargo de recuperar las solicitudes de crédito rechazadas por los bancos y darles una segunda oportunidad.
La noticia fue recogida con un extraodinario escepticismo que, de momento, se está demostrando justificado. Desde que echó a andar este proyecto, el pasdo mes de diciembre, sólo se ha cerrado una operación.
Una cifra testimonial que, desde luego, nada tiene que ver con las peticiones recibidas por el organismo oficial: cuando terminó 2009, y después de apenas tres días de actividad, los facilitadores financieros recibieron algo más de 400 solicitudes.
Según un estudio de las Cámaras de Comercio, anterior a la creación de la figura del facilitador, un 84% de las empresas que habían solicitado créditos en los tres meses anteriores encontraron muchas dificultades para conseguirlo, y a un 13% les fue denegado.
Por lo tanto, puede deducirse que la creación de esta figura sólo ha servido para demostrar que la intensidad del cerrojazo crediticio es extraordinaria y que, con o sin facilitador, la dificultad para recibir financiación sigue siendo la misma. Y, de paso, para demostrar el escaso poder de convicción que tienen entre los bancos y cajas españoles de los profesionales contratados por el ICO.
Ayuda a las pymes
La figura del facilitador financiero está dirigida hacia las pequeñas y medianas empresas (pymes) a las que sus bancos habituales han cerrado el grifo de la financiación como consecuencia de la crisis y entre sus funciones está asesorar a las compañía en el proceso para obtener un crédito.
Es decir, que el ICO no presta, sino que se limita a actuar como intermediario entre la pyme y el banco. Pero, ni las consideraciones de los facilitadores financieros son vinculantes, ni su función pasa de la de mera correa de transmisión.
A la vista de los resultados obtenidos, resulta obvio que el proyecto, con un prespuesto de 10 millones de euros hasta 2012, no ha tenido más efecto que el cosmético el día del anuncio y, por tanto, la labor de los facilitadores –según la previsión inicial iban a ser 70, reclutados entre los jubilados y prejubilados del sector bancario- puede considerarse un fracaso en toda regla.
Aunque la ministra de Economía, Elena Salgado, ha asegurado que es el momento de
reforzar la actuación del ICO, tanto en su papel de financiador como de
canalizador eficiente de los recursos públicos, fracasos como éste hacen que se cuestione un poco más el papel del ICO como tabla de salvación de las empresas en la peor crisis de los últimos 80 años.
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