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Estados Unidos: El paraíso de los emprendedores

24/10/2010 18:03 | Enric Martínez / Revista Capital
Steve Jobs o Bill Gates, que comenzaron sus aventuras en un modesto garaje o, más recientemente, Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, una red social que cuenta con más de 500 millones de usuarios y un valor aproximado de 33.700 millones de dólares, son claros ejemplos del espíritu emprendedor estadounidense.
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Consulta la entrevista original en www.capital.es

El cruce de la calle Houston con Broadway, en la archiconocida isla de Manhattan, se ha convertido en un hervidero de turistas que inundan la multitud de tiendas que invaden el corazón del Soho neoyorquino. Entre los fornidos modelos de Hollister, los trapos de Kenneth Cole o la lencería de Victoria´s Secret, en un modesto edificio que se codea con establecimientos como Adidas o Urban Outfitters, gestiona su compañía Ben Kaufman, un joven de 23 años.

Quirky.com es su tercera empresa. Se trata de una plataforma online que permite a personas de todo el mundo desarrollar, construir y distribuir sus productos. Y Quirky.com es sólo el resultado de la extensa carrera profesional de su fundador. Sin estudios universitarios y desde su periplo por el instituto, Kaufman comenzó desde adolescente a convertir en realidad los modelos de negocio que rondaban por su cabeza.

“Ha sido una larga andadura de cinco años. Primero fundé Mophie, una compañía de accesorios para el iPod. Más tarde Cluster, un negocio de colaboración tecnológica. Y finalmente, Quirky fue el resultado de una tormenta perfecta de ambas ideas”, explica este joven emprendedor. A día de hoy, Quirky podría calificarse como el ejemplo perfecto de la multitud de pequeñas compañías tecnológicas que nacen en la costa Este norteamericana, en lugar del mítico Silicon Valley. Un negocio que comenzó con una inversión inicial de 1,6 millones de dólares y que ya ha conseguido captar hasta seis millones de dólares gracias al capital riesgo. “Conseguimos financiar los primeros pasos de la empresa gracias a la confianza de amigos y familiares que nos prestaron el dinero”, aclara Kaufman.

¿Un chaval de 23 años al frente de una compañía con una financiación millonaria? Esto puede chocar en España, pero no en EEUU, donde el espíritu emprendedor se respira a lo largo y ancho del país y donde el 52% de los puestos de trabajo dentro del sector privado está generado por la pequeña y mediana empresa. El caso de Kaufman se repite hasta la saciedad en la historia empresarial de Estados Unidos.

Basta recordar casos como los de Steve Jobs o Bill Gates, que comenzaron sus aventuras en un modesto garaje o, más recientemente, de Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, una red social que cuenta con más de 500 millones de usuarios y un valor aproximado de 33.700 millones de dólares.

Así que, con este espíritu emprendedor, es lógico que uno de los principales pulmones de la primera potencia del mundo esté en las pymes: las 29,6 millones de pequeñas y medianas empresas que existen, según datos de la Administración de Pequeñas Empresas (SBA por sus siglas en inglés) son responsables de más de la mitad del Producto Interior Bruto (PIB) privado y no agrícola del país. Además representan el 99,7% de todas las compañías que generan empleo.

Las pymes han sido una fuente continua de dinamismo para la economía norteamericana. En los primeros cinco años de la década de los 90, crearon las tres cuartas partes de los puestos de trabajo. Así que más vale cuidarlas. El propio Congreso, consciente de esta necesidad, apoyó ya en 1953 la creación de la SBA para promover la asistencia financiera y educativa que las pymes necesitaran. Además, el 35% de los contratos federales se reservan para pymes, mientras que en un año convencional, sin crisis y recesión de por medio, el gobierno de EEUU garantiza más de 10.000 millones de dólares en préstamos, cifra a la que se suele sumar el capital riesgo con otros 2.000 millones de dólares más. Eso sin olvidar los cerca de 26.000 millones de dólares en créditos con tipos de interés bajos aprobados para los negocios afectados por catástrofes como el huracán Katrina o, más recientemente, el vertido de British Petroleum en el Golfo de México.

Bud Konheim, consejero delegado de Nicole Miller Inc, el grupo de boutiques que engloban la compañía de la célebre diseñadora norteamericana, resume a la perfección el espíritu emprendedor que reina en el país: “Las grandes compañías no tienen por qué ser las mejores”. Konheim tiene una amplia experiencia en la industria de la moda, donde empezó en 1982 con un capital de 100.000 dólares. Y desde luego tiene claro el valor de lo pequeño. “El problema con las grandes firmas que salen a bolsa es que son esclavas de sus inversores y se ven obligadas a aumentar su margen de beneficio en un 20% continuamente”.

Por esta razón, el primer ejecutivo de Nicole Miller insiste en que su empresa no venderá su alma al diablo y protegerá con recelo su pequeño tamaño e independencia. ¿Se podría replicar el modelo estadounidense en España? Pues parece que, tal y como están las cosas, la respuesta sólo puede ser negativa. En primer lugar, por razones casi psicológicas o sociológicas: en EEUU, la falta de éxito de un negocio no conlleva ningún estigma social y se toma como una de las mejores lecciones empresariales, apunta un estudio realizado por Diamanto Politis, profesor de la Escuela de Economía y Negocios de la Universidad de Lund. Sólo en 2008, en EEUU un total de 595.600 compañías echaron el cierre y sólo siete de cada diez creadas por aquel entonces han sobrevivido más de dos años.

¿Aguantaría el empresariado español tanto nivel de fracaso? Difícilmente, salvo que cambie su mentalidad.

Otro factor diferencial es el proceso burocrático y su coste. Crear una pyme en España consume unos 47 días e implica llevar a cabo diez procedimientos distintos. El precio para ponerla en marcha supone el 15% de los ingresos per cápita del país, con un capital mínimo de 3.000 euros, según datos del Banco Mundial.

En EEUU, bastan seis días y seis simples operaciones para poner en marcha una empresa, con un coste que apenas es el 0,07% de los ingresos. En la ciudad de Manhattan, cuna del capitalismo por excelencia, para crear una corporation (el equivalente a la sociedad anónima española) hay que pagar 195 dólares y se puede obtener la autorización en 24 horas en casos de urgencia. Si se prefiere una LLC (equivalente a una sociedad limitada), el coste es de 200 dólares.

Otro hecho diferencial es que la SBA apoya a las minorías, especialmente a los afroamericanos, asiáticos e hispanos, a través de distintos programas. Un estudio elaborado por Robert Fairlie en 2008 puso de manifiesto que los emprendedores inmigrantes generaron el 12% de los ingresos totales de las empresas de EEUU. Bajo estas circunstancias y con las trabas que surgen en España, algunos de los empresarios más jóvenes y aguerridos no han dudado en saltar el charco.

Luís Álvarez, director general de Wonderland Group, hizo las maletas en 2006, en plena cúspide de su carrera, para probar suerte en la Gran Manzana. Su aventura culminó con la rubrica de un contrato en exclusiva con el teatro Manhattan Center. “Vienes con mucho miedo. Al tomar la decisión de dejar una empresa que rueda muy bien, sientes que quizá con tu ausencia las cosas podrían dejar de funcionar”, dice. Dueño del Teatro Häagen-Dazs Calderón de Madrid, Álvarez ha producido, dirigido o presentado en su teatro espectáculos teatrales de la talla de Queen’s, We Will Rock You o Fame the Musical. Aquí, en la cuna del musical, en la Gran Manzana, su consagración vino de la mano de 101 Dálmatas. Una prueba más de que, en EEUU, los sueños se hacen realidad. Eso sí, hace falta un buen plan de negocio y, sobre todo, saber trabajar duro.

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