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sábado, 20/09/14 - 18: 48 h

economía, negocios y finanzas

Los siete pecados capitales de las grandes agencias de rating

Ana P. Alarcos

martes, 04/12/12 - 06:00

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  • Moody’s, Standard&Poor’s y Fitch se han convertido en el blanco de muchas críticas por los errores que cometieron en el pasado y su falta de responsabilidad.
  • Pero cometen más pecados: monopolizan las calificaciones, tienen conflictos accionariales y con sus clientes, y usan criterios subjetivos para tomar decisiones.
BBVA considera que las agencias de 'rating' califican con un "claro" sesgo y subjetividad

Moody’s, Standard&Poor’s y Fitch son los estandartes del negocio de las calificaciones crediticias y se han convertido en uno de los tríos más temidos del mercado internacional. Sus decisiones son capaces de hundir bolsas y disparar los costes de financiación de países y empresas.

Su poder les ha convertido en el blanco de numerosas críticas, sobre todo desde que arrancó la crisis económica y financiera.

Y, según el informe Las Hijas de Elena: la triple A, presentado ayer por la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA) y la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), éstos son los siete pecados capitales de las tres agencias de rating:  

1. Monopolizan el mercado

En el mundo hay 75 agencias de calificación, aunque solo los nombres de  Moody’s, Standard&Poor’s y Fitch  están en boca de todos. Junto a ellas, destacan la australiana Baycorp Advantage, la china Dagong Global Credit Rating, la canadiense Dominion Bon rating Service, la japonesa Japan Credit Rating Agency o la online (y gratuita) Wikirating.

Sin embargo, el reparto del mercado mundial de las calificaciones crediticias está en manos de las firmas más famosas: entre ellas, controlan el 96%, lo que eleva su negocio hasta los 4.600 millones de dólares anuales (en euros, unos 3.540 millones).

Según el estudio, la más importante es Standard&Poor’s, a quien pertenece el 48% del negocio, mientras que Moody’s controla un 31% y Fitch, el otro 17%. Así pues, las demás agencias se reparten el 4% de la cifra global.  

2. Han cometido errores históricos

El segundo reproche a las reinas del negocio del rating es que han cometido graves errores en los últimos años.

Por encima de todos destacan los que cometieron a la hora de evaluar al banco estadounidense Lehman Brothers y a la energética Enron.

“Solo días antes de quebrar, las agencias otorgaron a la entidad estadounidense la máxima nota posible, conocida como la triple A. No supieron adelantar su bancarrota, que se convirtió en el estallido oficial de la crisis“, recuerdan los expertos durante la presentación del informe.

3. Lucha de poder de los accionistas

Otro de los pecados capitales de las firmas de calificación es el poder de su núcleo duro. Y, para comprobarlo, basta con echar un vistazo a sus principales accionistas.

En el caso de Moody’s, los dos accionistas de relevancia son Berkshire Hathaway, el brazo inversor del multimillonario Warren Buffet y que tiene a Bill Gates, cofundador de Microsoft, como destacado miembro del consejo de administración; y la firma The Capital World Investors, un grupo controlado por la familia Rockefeller, una de las dinastías más conocidas e influyentes de Estados Unidos. Entre ellos, controlan cerca de un 25% de la agencia.

Mientras, el 100% del capital de Standard&Poor’s pertenece al grupo editorial McGraw Hill, que, a su vez, tiene como accionistas a The Capital World Investors con un 12,3%, igual que en Moody’s, y a otras firmas que también participan en ella. Por ejemplo, BlackRock (que tiene más de un 3% de cada una),  Vanguard Group o State Street Global Advisors (que tienen entre un 3% y un 4% en cada firma).

Por último, el capital de Fitch se lo reparten entre el grupo Fimalac (que tiene un 60% y pertenece al magnate francés F. Marco Ladreit de Lacharrière, vinculado a gigantes como L’Oreal o Renault) y The Health Corporation, la editora de revistas como Elle o Cosmopolitan y dueña de canales de televisión tan conocidos como ABC.

4. Analizan a quienes les pagan

Por si fuera poco, las tres firmas crediticias se enfrentan a otro conflicto de interés: el de sus propios clientes. Y es que Moody’s, Standard&Poor’s y Fitch deben evaluar a todos y cada uno de los emisores (ya sean países o empresas) que les pagan por hacerlo.

Por tanto, los expertos no dudan en asegurar que existe un conflicto de interés provocado por su doble condición de calificadoras y consultoras.

“Hace solo un par de meses que salió a la luz que varios analistas del FMI se quejaban de que las entidades mejor valoradas por las agencias de rating eran, precisamente, quienes les pagaban más dinero. ¿Una consecuencia directa? ¿Una mera casualidad? El caso es que, a medida que avanza la crisis, los negocios de las agencias han mejorado”, asegura Tomás Blasco, director general de Relación con Inversores de BBVA.  

5. Usan argumentos subjetivos

La metodología que utilizan estos organismos para poner la nota de solvencia a países y empresas también está en entredicho.

¿El motivo? En sus decisiones tienen en cuenta tanto criterios objetivos como subjetivos y no suelen explicar de dónde proceden, exactamente, sus conclusiones. Según consta en la web de S&P, por ejemplo, sus criterios se basan en analizar cinco áreas: la economía, la externa, la fiscal, la monetaria y la política.

“Algunos de estos campos son objetivos, como la riqueza de un país, pero hay otros que no lo son. Por ejemplo, ¿cómo se puede evaluar la transparencia y la rendición de cuentas de las instituciones de una nación? Esto no es un análisis cuantitativo, sino cualitativo, y aquí radica la subjetividad de las agencias de rating”, asegura José Andrés Sánchez Pedroche, rector de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA).

Además, no se puede olvidar que muchas de las valoraciones que realizan provienen de sus propios analistas que, como cualquier operador de mercado, se puede equivocar.

6. Les falta responsabilidad

Suma y sigue, porque otro de los mayores pecados capitales de las agencias de rating es que no están sujetas a ningún tipo de responsabilidad.

“No son penalizadas cuando se equivocan. Tras los errores de Lehman Brothers y de Enron no hubo condenas de prisión, ni nada por el estilo”, recuerda el experto de BBVA.

En sus casi cien años de vida, solo ha habido una condena a las agencias de rating. Se trata de la que recibió hace un mes Standard&Poor’s, que ha perdido su primer juicio en Australia por las pérdidas millonarias que provocó a varios ayuntamientos del país.  

“Eso no es justo, sus decisiones provocan que un país, por ejemplo, sea mejor o peor visto en el mercado y la consecuencia es que sus costes de financiación van estrechamente ligados a la nota de solvencia. De tal manera que, cuanto menor es el rating de un organismo emisor, más riesgo de impago tiene y, por eso, le sale más caro seguir pidiendo dinero. No es un juego y, si se equivocan, deberían pagar por ello”, estima Juan Alfonso Lara, profesor de la UDIMA.

Además, cuando cometen errores, se amparan en argumentar que su papel es dar una opinión, y que sus palabras no se pueden tomar al pie de la letra. "¿Cómo pueden decir algo así cuando saben que sus decisiones se tienen muy en cuenta en el mercado?", protesta Lara.

7. Tienen ideas preconcebidas

El último dardo que se le puede lanzar al trío crediticio es que muchas de sus decisiones se basan en ideas preconcebidas.

Según aseguran desde BBVA, desde el año 2007, las tres firmas han bajado la nota de solvencia de la entidad entre siete y ocho escalones, al son de lo que han hecho con el rating de la deuda soberana de España. Algo que no se justifica según los fundamentales de la compañía.

“En estos años, hemos sido capaces de generar 12.000 millones de beneficio, hemos provisionado unos 17.000 millones y hemos más que duplicado nuestro ratio de solvencia, que supera el 10%. Además, el 55% de nuestro negocio procede del exterior y, sobre todo, de países como México, Turquía y China, lo que significa que, de tener problemas, venderíamos algunos de nuestros activos estratégicos y no del negocio español. Pero no lo tienen en cuenta: solo miran que somos un banco español”, concluye Blasco.

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